Los días de viento corrían por las calles del barrio papeles y cartones, latas oxidadas y alguna prenda de ropa desprendida de los tendales.
Si había suerte volaban hasta la puerta de casa revistas viejas, rasgadas y revueltas, con aspecto de pájaros asustados que yo rescataba antes de que llegara mi madre o la lluvia.
En una de esas revistas, con las páginas dobladas por el viento, estaba Joana, recluida en una retícula de viñetas en blanco y negro, con el rostro perfecto salpicado por alguna gota, roto en las esquinas, y que yo acariciaba, con las yemas de mis dedos, a escondidas.
Nazaré Lascano
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