domingo

Ejercer la fuerza necesaria

Poco antes de conocernos Jorge salió con una chica a la que, lo supe tiempo después, engañó conmigo.

Jorge la vio por primera vez desde una ventana de su apartamento, una noche de sábado. La siguió con sus prismáticos en un paneo doméstico a lo largo de la avenida sólo porque iba vestida con una falda muy corta, pero la panorámica terminó con la chica parada enfrente de un tipo al que no distinguía bien y al que Jorge en principio envidió. 

Jorge apartó los prismáticos con rabia buscando otro objetivo.

Pero a los treinta segundos la mirada de Jorge ya estaba puesta otra vez en aquella chica que seguía donde la había dejado, aunque su actitud y la de su acompañante era extraña, con movimientos bruscos, como los que se dan en un mal encuentro. Jorge fue capaz de darse cuenta de que aquel hombre estaba agrediendo a la chica.

Sin pensarlo, en pantalones cortos y camiseta, Jorge bajó las escaleras de su piso, salió a la calle y corrió hacia la pareja que en medio de la acera se movían y forcejeaban. Jorge, para no demostrar lo asustado que estaba, se dirigió al tipo dando voces. Según se acercaba se dio cuenta de que ni el hombre era tan bajito como lo imaginó desde su ventana ni la falda de la chica era tan corta. Ambos le miraron sorprendidos y el hombre soltó a la chica y reculó hasta tocar la pared con su espalda.

Sorprendentemente hubo mil excusas por parte de aquel tipo que se iba haciendo cada vez más pequeño, a la excusa mil una Jorge le pegó un puñetazo en la barbilla. Jorge nunca había dado un puñetazo a nadie por lo que no cerró bien el puño y no ejerció la fuerza necesaria, por suerte el otro tipo entró en pánico y huyó de la escena.

Hubo otros hombres que vieron toda la escena con sus prismáticos. Uno de ellos me contó todo, aunque con una versión muy distinta.

Nazaré Lascano


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