Manuela tiene una voz grave, bien modulada, habla poco, pero siempre utiliza las palabras adecuadas y sus frases quedan flotando en el aire durante unos instantes, como el sonido de la cuerda más gruesa de una guitarra española.
Cuando canta, sin embargo, su voz se hace dulce y salpica, real y metafóricamente, las paredes de la pensión.
Manuela canta siempre en la ducha.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
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