sábado

Analogías

Digo la tara, y no me entiende nadie; digo la tara y la rejama, y ya me entienden muchos; digo por fin la tara y la rejama, el romero y el tomillo y veo que me entienden todos. El injusto poder de convicción de los sistemas viene del hecho -por lo demás epistemológicamente necesario- de que el cerebro humano sea tan inercialmente, tan formalísticamente, analógico y combinatorio.

Rafael Sánchez Ferlosio, Vendrán más años malos y nos harán más ciegos

viernes

Fragmento

Cuando no sé de dónde vienen ni adónde van, ¿cómo pretender que estos fragmentos sean de mi propiedad?

Jordi Doce

miércoles

Volando de nuevo

En el aire hay tres tipos de pasajeros: los que desconfían de las máquinas, los que desconfían de los seres humanos y los que desconfían de la metafísica.

Erika Martínez

Veintiuno

El tiempo humano no da vueltas en redondo, sino que sigue una trayectoria recta. Ese es el motivo por el cual el hombre no puede ser feliz, porque la felicidad es el deseo de repetir.

Milan Kundera, La insoportable levedad del ser

martes

Subida al cielo (I)

Subida al cielo me gusta mucho. Me gustan los momentos en que no pasa nada; por ejemplo, cuando un hombre dice: "Deme una cerilla". Este género de cosas me interesan mucho.

Luis Buñuel


domingo

Licencia para inventar

El actor tiene licencia para hacernos salir del teatro con decisiones nuevas, para hacernos descubrir la belleza que se oculta bajo lo que vemos todos los días y no apreciamos y para producirnos la sensación de no haber visto nunca antes a una persona, aunque muchas veces tengamos la impresión de no querer volver a encontrarnos con alguna.
Jossef von Stenberg

Lo fantástico al final de cada parada

Hacía buena noche y volvimos dando un paseo hasta la parada de Tribunal donde cogimos el metro. Cuando salimos a la superficie olía mucho a humedad, pero no cayó ni una gota. Caminamos de forma cansina como si fuéramos dos adolescentes que no quieren llegar a casa.

A. Palacios El paraguas rojo

jueves

Subida al cielo (III)

El destartalado autobús de la compañía El Costeño va a convertirse en el escenario de la acción. Una exuberante joven, Raquel, provoca continuamente a Oliverio, quien se resiste recordando sus deberes nupciales y maternos. Un terrateniente arruinado cuenta sus innumerables pleitos a la búsqueda de sus fincas perdidas. Un diputado anda en plena campaña electoral y clama por la modernización del país, aunque no tiene reparo en echar mano a su revólver para dialogar, y es recibido en el pueblo a pedradas por sus futuros electores, partidarios del candidato rival, Sánchez Coello. Un madrileño tratante de gallinas lleva con él un catálogo donde se exhiben orgullosamente las más ponedoras. Una mujer da a luz. En clara contraposición, sube un padre con un ataúd en el viaje de regreso. En el pequeño ataúd va la misma niña que en el viaje de ida logró sacar del atasco en el barro de un vado del río el autobús que un tractor se había visto impotente para desatascar. Y, sobre todo, en el mismo vehículo seduce Raquel a Oliverio en el puerto de montaña conocido como Subida al cielo.

Agustín Sánchez Vidal, Luis Buñel, obra cinematográfica, pp. 152-153