miércoles

Verosimilitud o necesidad


Dejó dicho Aristóteles que la función del poeta no es contar los hechos que han sucedido, sino aquellos que pueden suceder, es decir, aquello que es posible según la verosimilitud o la necesidad.
 

Por ello, la poesía es superior a la historia, que cuenta lo que ha ocurrido.
El historiador al que aspiramos es aquel que analiza, junto a los hechos, esa ingente forma de producción humana que es la narración.


Vicente Sánchez-Biosca

Fluir

 


martes

Meticulosidad


Francisco Fernando era meticuloso. Tenía esa virtud.

Anotó en sus cuadernos de caza cada una de las piezas cobradas en su vida: exactamente 272.439.

Habría que añadir una más, la última, que no tuvo tiempo de anotar. Fue un gato al que disparó desde su coche, ya en Sarajevo.
Enric González, El disparo que acabó con Europa 





domingo

Escribir bien

Y hasta empezó a gimotear. Era un sentimental. Era malvado y sentimental. [...] Pero no voy a describir los detalles.


Fiódor Dostoyevski, 
Los hermanos Karamazov

El instante ordinario

La vida cambia en un instante, el instante ordinario.

Joan Didion

jueves

Una catastrófica serie de causalidades

Tenía el don de la oportunidad.


Su listado de inoportunidades era muy extenso: en tres ocasiones fue a sacar dinero de un banco que estaba siendo atracado, una docena de veces telefoneó a un compañero de trabajo cuando estaba en el retrete, dos o tres veces cedió el asiento en el autobús a un maltratador que escapaba del lugar de los hechos.


En una ocasión entró en un bar. En la barra, un grupo de chicos celebraba un cumpleaños y  aprovechó la oportunidad para invitarles a un litro de cerveza. Ese día hubo una redada policial y fue detenido por ofrecer bebida a menores, los padres de una chica de quince años pusieron una denuncia contra él a la que acabaron uniéndose todos los menores de aquel grupo que consiguieron ganar el juicio con suma facilidad.


El mismo día en el que le comunicaron la sentencia entró en una librería, hacía años que no lo hacía y pensó que allí estaría seguro. Una joven escritora estaba presentando su libro de aforismos en un pequeño estrado forrado de rojo. La autora estaba a punto de contar el final de una anécdota muy graciosa cuando él, al entrar, hizo un ruido desagradable con la puerta que chilló como un cochino y provocó que todos le miraran, la anécdota naufragó y la joven escritora humillada pensó en utilizar la imagen de ese hombre como diana de su próximo libro, esta vez una novela. 


Por su culpa aquella escritora pasó de los aforismos largos a las novelas cortas y eso provocaría, ahora sí, una catastrófica serie de causalidades. 


Terry Salgado, El informe amarillo




Dominar la perspectiva

[Max Aub] maneja la novela como un juguete cerebral al estilo de Nabokov. 

Puede, sin perder el pulso, contar su historia sirviéndose de un guion cinematográfico, o dialogando como en una pieza de teatro; detener el relato con la pirueta de una greguería o entrar en él a saco imponiéndose con la autoridad de un autor. Vuelve la narrativa poema en prosa, o la gongoriza, o la politiza. 

En pocas ocasiones, ante un novelista tiene uno la sensación de encontrarse tan evidentemente con eso que Vargas Llosa llamaba un «deicida», el narrador total. Cada vez “que leo Los campal de Max Aub —que siempre me deslumbran y emocionan casi tanto como me enseñan— recuerdo lo que decía Virginia Woolf, me parece que a propósito de Forster: «El éxito de las obras maestras parece que no descansa tanto en su carencia de faltas (de hecho toleramos los más groseros errores en todas ellas) sino en el inmenso poder persuasivo de un cerebro que ha dominado completamente su perspectiva.»

Rafael Chirbes, El novelista perplejo

miércoles

Cosas por dentro

Pregunta: ¿Por qué escribes cuentos?


Respuesta: Porque me pasan cosas por dentro que no sé dónde poner.


Julia Viejo

martes

Una renovada forma de ser


Un texto comienza, muchas veces, allá donde otro termina. Algo sucede, sin embargo en el intervalo. Entre el punto final de un texto ya terminado y la letra con que se inaugura el siguiente hay una importante cesura. La muerte es, quizás, un espacio en blanco: el que media entre dos aforismos. Y todo libro es, en sustancia, un aforismo que ha tomado posesión del espacio textual hasta exprimir su quintaesencia. Entre un texto y otro se vive una experiencia de cambio, de alteración. Se accede, quizás a otra forma de ser. Tal vez también la muerte sea eso, mutación hacia una nueva, o renovada forma de ser y de existir.

Eugenio Trías, La edad del espíritu

Precaución

A estas alturas de mi vida tengo más imaginación que memoria, por tanto tomad con precaución cada uno de mis recuerdos.

Juan Segundo, (Diarios)



lunes

Hablar de él

En el primer párrafo del Quijote dice Cervantes que el hidalgo vivía con un ama, una sobrina y un mozo de campo y plaza. A lo largo de toda la novela este mozo espera que Cervantes vuelva a hablar de él. 

Pero al cabo de dos partes, ciento veintiséis capítulos y más de mil páginas la novela concluye y del mozo de campo y plaza Cervantes no agrega una palabra más.

Marco Deveni, Crueldad de Cervantes

sábado

La mejor jugada

El cambio es inevitable. En todos los ámbitos. Yo no discuto sobre la realidad: es la que es; y el mundo no tiene solución porque no es un problema. Solo esfuérzate por hacer la mejor jugada a tu alcance.

Rodrigo Cortés

Ensayo

Muchas veces uno cree que está ensayando y ya está en el estreno.


José Martí Gómez

viernes

Desierto

Si la gente se retirara cuando le va bien, Las Vegas seguiría siendo un desierto.

El hombre del sur, (Norman Lloyd, 1985)

lunes

Futuro

Tú destino está en los demás

tu futuro es tu propia vida

tu dignidad es la de todos.


Juan Goytisolo, Palabras para Julia

domingo

El ciego devenir evolutivo

Los seres humanos somos el ciego devenir evolutivo. 

La idea de que la humanidad se haga cargo de su destino solo tiene sentido si atribuyéramos conciencia e intención a la especie. La humanidad no es una excepción: no puede modelar su propio futuro.

En realidad, la humanidad no existe. Solo hay seres humanos movidos por necesidades e ilusiones contradictorias y sujetos a toda clase de trastornos de voluntad y juicio.


John Gray

El regalo

El día de mi cumpleaños llegó el primer WhatsApp. Se perdió entre todos los mensajes que recibí felicitándome y ni siquiera me fijé en quién lo mandaba.


Dos días después llegó el segundo, tampoco me enteré cuando lo recibí y no lo leí hasta la noche, cuando repasé mis mensajes antes de irme a dormir. "Mañana ponte los vaqueros negros, los ajustados", miré el perfil, una cara borrosa sobre fondo rojo, no quise darle importancia, lo borré y me acosté.


Al día siguiente me puse los vaqueros negros. 


Al salir de clase, mi compañera Lidia me había mandado unos apuntes y al abrir el móvil encontré el mensaje. "Cuando llegues a casa ponte los pantalones cortos". Miré a mi alrededor, me angustié un poco, pero al llegar a casa hice lo que me decía.


Estuve recibiendo mensajes toda la tarde. Y haciendo todo lo que me mandaba. "Escucha esta canción, date una ducha, busca este poema en Internet". Antes de cenar me armé de valor y respondí, "¿Quién eres? ¿Es una broma?"

No tardó ni un minuto en responder.
"Esto solo es un regalo de cumpleaños" "Los regalos se aceptan sin pedir explicaciones". "Prepara tu ropa para mañana".


Apagué el móvil.


Por la mañana había decenas de mensajes, en todos me daba instrucciones precisas para el día. Cada vez eran más complicadas. 


Y yo no podía dejar de hacer lo que me pedía.


Renata Rossi


Hola Roberto.
He escrito este cuento que soñé hace unos meses cuando cumplí 20 años. Mi profesora me ha ayudado un poco, espero tus comentarios y te agradezco tus palabras. Ojalá pudieras publicarlo me haría mucha ilusión.

Gracias de todas maneras.

Un saludo. Renata.


sábado

El golpe

Le preguntaron un día a Adolfo Bioy Casares cuál era el sentido de su obra. 

Y él acusó el golpe (que diría un cronista de boxeo) y salió del paso alegando que tales aclaraciones no incumbían a un narrador. 

Enrique Vila-Matas

viernes

Antibióticos

Casi nadie es muy feliz. Yo casi lo fui el año en que estuve viviendo con Rebeca y dejé de serlo por una tontería.


El domingo 1 de septiembre alguien llamó por teléfono a casa.


— ¿Es la residencia de Rebeca?
— Rebeca está acostada.
— Pero... acabo de hablar con ella, no le ha dado tiempo a llegar a casa...


Era una voz masculina, muy grave, amable y firme, sin saber por qué le puse la cara de un hombre con barbas y bata de médico.


— ¿Quién la llama?
— Soy su médico, acabo verla y de recetarle un antibiótico, pero he visto en su ficha que es alérgica a la penicilina.
— ¿Qué está diciendo? Rebeca no es alérgica a la penicilina y lleva en la cama desde ayer por la noche.
— Escuche, esto es muy importante... ¿es usted su marido?
— Sí — mentí—  y Rebeca está perfectamente.
— ¿Cuál es su nombre, por favor?


Aunque la situación era absurda la firmeza de aquel hombre me obligó a darle mi nombre.


— Me llamo Andrés.
— Mire Andrés, su esposa puede morir si toma esa medicina, búsquela y dígaselo cuanto antes, por favor.
— Doctor, le digo que se equivoca, mi mujer lleva en la cama...
— ¡Por favor! búsquela y asegúrese de que no se lo toma.
— Esto es absurdo, voy a tener que colgar.
— No, escuche ¡escuche! ha habido un error grave, yo no sabía lo de la alergia y le he recetado a su mujer...
— Sí, ya me ha dicho lo de la penicilina, pero le digo que ella no ha salido de casa en toda la noche.
— ¿Y usted como lo sabe?
— ¿Qué dice?
— ¿Ha estado con ella durante todo este tiempo? ¿no se ha quedado dormido?
— He estado con ella, en la misma cama.
— ¿Y no ha dormido?
— Claro que he dormido.
— ¿Y su sueño es profundo o se despierta con cualquier cosa?


El doctor me tenía donde quería.


— Es profundo, pero...
— Entonces hay una posibilidad de que ella saliera de casa y acabara en mi consulta pidiendo que le recetara antibióticos ¿no es así?
— No, no es así. Rebeca no está enferma, no ha salido de casa y está acostada.
— ¿Quiere usted ir a verlo?
— ¿Qué tengo que ver? ¿que está en la cama?
— Sí, por favor solo vaya al dormitorio y fíjese si ella está acostada, solo le pido eso.
— Está bien, después le colgaré y esta conversación terminará de una vez.
— Está bien, está bien, después puede colgarme, pero vaya, por favor.


Y fui. 


Dejé el teléfono descolgado  encima de la mesita y fui hasta el dormitorio. La puerta estaba cerrada, era raro porque siempre dejamos la puerta abierta. Me paré un instante y escuché, dejé de respirar para escuchar mejor, pero no se oía nada. 


El corazón me martilleaba el pecho cuando giré el pomo y entré en la habitación, efectivamente Rebeca estaba allí, con un vaso vacío en la mano y con el teléfono descolgado, escuchando mi conversación con el doctor.


Terry Salgado, El informe amarillo




jueves

Infinitamente original

Coja un periódico
Coja unas tijeras
Escoja en el periódico un artículo
de la longitud que cuenta darle a 
su poema
Recorte el artículo
Recorte enseguida con cuidado
cada una de las palabras que
forman el artículo y métalas en
una bolsa
Agítela suavemente
Ahora saque cada recorte uno tras
otro
Copie concienzudamente
en el orden en que hayan salido de
la bolsa



El poema se parecerá a usted
Y es usted un escritor
infinitamente original y de una
sensibilidad hechizante, aunque
incomprendido del vulgo.


Tristan Tzara  Siete manifiestos dadá, 

"Dadá manifiesto sobre el amor débil y el amor amargo", VIII (1924)

miércoles

Invertir el procedimiento

Carrol había observado que la mayoría, o la totalidad, de los libros nace de un argumento previo cuyos diversos pormenores el escritor inserta después; resolvió invertir el procedimiento y anotar circunstancias que los días y los sueños la depararan y ordenarlas después. Diez lentos años consagró a plasmar esas formas heterogéneas que le dieron, escribe, una clara y abrumadora noción de la palabra caos. 


Apenas quiso intervenir en su obra con una que otra línea que sirviera de nexo necesario. Llenar un número determinado de páginas con un argumento y sus ripios le parecía una esclavitud a la que no tenía que someterse, ya que la fama y el dinero no le importaban.



Jorge Luis Borges, Prólogos con un prólogo de prólogos


Episodio uno

R. (…) Seguimos gente que no conocemos y mediante estereotipos creamos una historia. Por eso tiré de esta chica como personaje.


P: Pero la chica era usted.


R. Sí, básicamente era yo volviéndome loca, vamos. Técnicamente era yo.


P. ¿Técnicamente era usted pero metafísicamente no?


R. La cuenta era mía, En un momento pongo: episodio uno. Y ahí empieza. Me cambié el color del pelo. Fui rubia y trata de una chica que empieza a trabajar de influencer sugar baby.


Entrevista de Jesús Ruiz Mantilla a Amalia Ulman, El País, 6/12/21


martes

(m) que acaban de romper el jarrón

En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en (a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (1) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas. 


Jorge Luis Borges, El idioma analítico de John Wilkins


lunes

Prisionera

De todos modos, cuando estas presencias espectrales rompen la disciplina, ella se cala una boina de la Resistencia francesa y se va unos días al Palace como si fuera una extranjera.

Cuando regresa, los espectros le dan un homenaje, porque no pueden vivir sin la música de su máquina de escribir. Por ellos, esta princesa se ha quedado prisionera en ese piso alto de Doctor Esquerdo cuya terraza es, en realidad, una almena.

J.J. Millás. La Gaite


Tierra de nadie

Los locos, como los genios, se levantan, a menudo catastróficamente, sobre las limitaciones de su patria o de su tiempo, entrando en esa tierra de nadie, disparatada y mágica, delirante y tumultuosa, que los buenos ciudadanos contemplan con sentimientos cambiantes; desde el miedo hasta el odio, desde el aparente menosprecio hasta una especie de pavorosa admiración. 


Y sin embargo esos individuos excepcionales, esos hombres fuera de la ley y de la patria conservan, a mi parecer, muchos de los atributos de la tierra en que nacieron y de los hombres que hasta ayer fueron sus semejantes aunque como deformados por un monstruoso sistema de proyección hecho con lentes torcidos y con amplificadores desaforados, 


¿Qué clase de loco podía ser el Quijote sino un loco español? Y aunque su talla descomunal y su demencia lo universalizan y de alguna manera lo hacen comprensible y admirable a todos los hombres del mundo, hay en él rasgos que únicamente podían darse en ese país a la vez brutalmente realista y mágicamente descabellado que es España.


Ernesto Sabato, Sobre héroes y tumbas

sábado

Con las metáforas no se juega

Tomás no se daba cuenta en aquella ocasión de que las metáforas son peligrosas. Con las metáforas no se juega. 

El amor puede surgir de una sola metáfora.


Milan Kundera, La insoportable levedad del ser

jueves

Demasiado atento

La verdadera dificultad para dejar de beber es que hace falta demasiado tiempo libre.
No beber es una dedicación absorbente, exige todas las horas disponibles porque hay que estar siempre no bebiendo, no se puede hacer otra cosa, todo el santo del día no bebiendo sin parar.

Con disciplina y concentración, porque si te distraes un momento de no beber, y te pones a mirar por la ventana, a leer un poema o el periódico,  o a escribir una carta, por ejemplo, sin darte cuenta, de pronto,  ya te has puesto una copa.

Hay que estar demasiado atento cuando uno está no bebiendo.


Rafael Reig, Escribir para poder beber

miércoles

Más escaleras

Si te fijas bien verás que en las escaleras de granito se repliega el tiempo y se condensa el espacio.



martes

Reproche

Cuando quedas conmigo no te arreglas tanto.


Terry Salgado, Oído en un bar

lunes

Un dragón disimulado

Ya en mi primera infancia tuve las primeras prefiguraciones de aquel mundo perverso en mis pesadillas y alucinaciones. 

Todo lo que luego hice o vi en mi vida estuvo de una manera o de otra vinculado a aquella trama secreta, y hechos que para la gente común no significaban nada, saltaban a mi vista con sus contornos exactos, del mismo modo que en esos dibujos infantiles donde debe encontrarse un dragón disimulado entre árboles y arroyuelos. 

Ernesto Sabato, Sobre héroes y tumbas

domingo

Somnium Astronomicum

En el siglo XVII, Kepler redactó un Somnium Astronomicum, que finge ser la transcripción de un libro leído en un sueño, cuyas páginas prolijamente revelan la conformación y los hábitos de las serpientes de la Luna, que durante los ardores del día se guarecen en profundas cavernas y salen al atardecer. 


Entre el primero y el segundo de estos viajes imaginarios hay mil trescientos años y entre el segundo, y el tercero, unos cien; los dos primeros son, sin embargo, invenciones irresponsables y libres y el tercero está como entorpecido por un afán de verosimilitud. La razón es clara. Para Ludano y para Ariosto, un viaje a la Luna era símbolo o arquetipo de lo imposible, como los cisnes de plumaje negro para el latino; para Kepler, ya era una posibilidad, como para nosotros.


Prólogo de Jorge Luis Borges a la edición española de Crónicas marcianas, de Ray Bradbury

viernes

Ruidosos portazos


Durante este período, Castorp empieza también a sentirse fascinado por Clawdia Chauchat, que ya el primer día le había llamado la atención por sus ruidosos portazos.




jueves

Callar

Deja a los médicos que lidiar con ellos es una muerte; el letrado es un embuste con golilla; el físico, un desaliñado loco; el político, un zalamero de buena ropa; el poeta, un mentiroso pintor; y los demás son hombres; todos te hablarán y nunca sabrás con quién hablas; y para no perderte, calla, que el buen callar te ha de hacer buen Sancho.


Diego de Torres Villarroel

miércoles

Emporio celestial de conocimientos benévolos

Consideremos la octava categoría, la de las piedras. Wilkins las divide en comunes (pedernal, cascajo, pizarra), módicas (mármol, ámbar, coral), preciosas (perla, ópalo), transparente (amatista, zafiro) e insolubles (hulla, greda y arsénico). 


Casi tan alarmante como la octava, es la novena categoría. Esta nos revela que los metales pueden ser imperfectos (bermellón, azogue), artificiales (bronce, latón), recrementicios (limaduras, herrumbre) y naturales (oro, estaño, cobre). La belleza figura en la categoría decimosexta; es un pez vivíparo, oblongo. Esas ambigüedades, redundancias y deficiencias recuerdan las que el doctor Franz Kuhn atribuye a cierta enciclopedia china que se titula Emporio celestial de conocimientos benévolos. 


Jorge Luis Borges, El idioma analítico de John Wilkins

martes

Lucia de Firenze

Ciao Nazaré.


Soy Lucia, de Firenze. Los últimos días me he dado un atracón con tus relatos. Mi profesor de español debe estar harto de mí porque le voy con muchas dudas. El pobre contesta a mis preguntas como puede. Es él el que me ha animado a escribirte y mandarlo a este correo.


Ahora no sé qué decirte, tengo preguntas sobre muchas cosas, ¿contarás todo lo que ocurrió en el sótano? ¿las mentiras que viviste con Jorge son verdad? Estoy subyugada con Lidia Bacchio y necesito conocer a fondo a Leire Mendoza.

¿Y Lupe? ¿alguien puede no amar a Lupe?


Hay demasiados hilos en este laberinto, estoy enredada y no me das soluciones, Nazaré.

Disculpa el atropello, esto parece una carta reproche. Cuenta lo que quieras, no lo que un loca llorona de veintidós años te suplica.


Yo también escribo constantemente, cuando no escribo leo y vuelta a empezar. Tengo también redes sociales, y también escribo para descontrolar un poco a quien me lee.


No te fíes de la foto, normalmente no soy tan trascendente.

Te escribo más otro día.


Lucia

Agustín de Hipona

Yo soy dos y estoy en cada uno de los dos por completo.


Agustín de Hipona

Hay otros mundos

f.izquierdo, oct. 30, 2021 at 01:12  
to: robertopintado@hotmail.com

Estimada señora Lascano.

Espero este se el camino para ponerme en contacto con usted. De cualquier manera este correo solo quiere ser una muestra de agradecimiento y un punto ingenuo de reflexión, espero disculpe mi atrevimiento.

Estoy convencido que desde Bourgeois, Oppenheimer o Joana Vasconcellos no había encontrado a una mujer con un trabajo de tan rabiosa femineidad, como si existiera una saga del cariño manufacturado. Su trabajo, su literatura, parecen el recuerdo de una etapa ya alcanzada y olvidada. Hoy el hecho de continuar vigente en este blog azaroso me llena de nuevos ánimos y fe en la escritura.

Estoy convencido de que hay otros mundos, pero están en Lascano.
Espero sea posible hacerle llegar este email.

Un saludo afectuoso.

Fran Izquierdo



lunes

Densidad

Pero, ¿qué sabría un pez de las grandes profundidades si una plancha de acero, desprendida de un pecio, le golpeara la nariz? 

Estamos sumergidos en un océano convencional de densidad casi impenetrable. A veces soy un salvaje descubriendo un objeto en la orilla de su isla, a veces soy como un pez de las profundidades y me duele la nariz.

Charles Fort, El libro de los condenados

Desolado

No soporto esperar. No lo soporto ni un minuto ni una hora.

El psicólogo me recomendó que para tratar mi enfermedad debía comenzar a esperar sin una causa, es decir, debía ir a un aeropuerto, a una sala de espera del hospital o a la cola de un supermercado y ponerme a esperar sin necesidad, el poder retirarme cuando yo le decidiese me ayudaría controlar mi ansiedad.

Empecé esperando en la parada del autobús. Parecía fácil, solo tenía que situarme bajo una marquesina y esperaba, si llegaba un autobús me retiraba y esperaba al siguiente, así hasta que me iba de allí. Lo importante era esperar con tranquilidad todo lo que pudiera.

No salió como esperaba, a la media hora de estar esperando me puse tan nervioso que discutí con varios pasajeros y acabé subiendo a un autobús cualquiera que me llevó hasta las afueras de la ciudad, a un polígono industrial donde al llegar a la última parada tuve que bajar y sentarme en un lugar desolado a esperar, ahora sí de forma irremediable, al autobús que me devolviera al centro.

Terry Salgado El informe amarillo


domingo

Simpatía popular

Conozco a escritores que escriben diccionarios, se dedican al periodismo o al precarizado arte de enseñar, escritores libreros, escritores abogados especialistas en divorcios; escritores que investigan la sinapsis del ratón, que trabajan en hamburgueserías o reciben un sueldo de una empresa municipal de basuras. Escritores taxistas y escritores amas de casa. Escritores inéditos y escritores que, además de inéditos, están en paro.

[ … ] Quizá deberíamos practicar el crimen y la estafa como esos Escritores delincuentes que recopila el magnífico José Ovejero. Tal vez, la delincuencia sea nuestra única oportunidad para ganarnos el pan y la simpatía popular.

Marta Sanz, Ni hablar


sábado

Menos metáforas

— Tenía que empezar por algún lado así que vendí mi cama.
— ¿Por qué? ¿A quién?
—  A un matrimonio hondureño recién llegado a Madrid, no tenían donde acostarse.
— ¿Los conocías?
— No, puse un anuncio en Internet y llamaron, vinieron ellos mismos a buscarla, se la llevaron a mano.
 — ¿Y ahora, dónde duermes?
— No me acuesto, me quedo dormido en el sofá, viendo la tele o escribiendo.
— ¿Y eso en qué ha cambiado tu vida?
— Por el día estoy más cansado, pero me levanto antes y hago más cosas, por la noche no pierdo el tiempo, veo más películas y escribo diferente. 

— ¿Cómo escribes ahora, con más adjetivos?
— ¿Estás loco? Con menos metáforas. 


Terry Salgado, "Oído en un bar", Bares sin nombre


Una carta para papá


 

Heterodoxos e iconoclastas

[
] todos somos renegados en nuestro interior: nos tenemos por más revolucionarios, heterodoxos e iconoclastas de lo que los demás pueden percibir; cualquier oficinista se siente en secreto un aventurero, puede que doble la espalda diez veces al día delante del jefe, pero muy por dentro es Dick Turpin o Barbarroja; curiosamente, como nuestra conciencia define en buena medida nuestra identidad, tendemos a creer que ese ser oculto, que no actúa sino solo piensa, es verdaderamente nuestro yo.

José Ovejero, Escritores delincuentes

Tramas y subtramas

En aquel encuentro, ambos creadores [Pedro Almodóvar y Paul Auster] llegaron a la entente de que perseguían la transparencia narrativa mientras practicaban la proliferación de historias en una misma narración. 

Ambos llenaban de tramas y subtramas sus obras porque eran incapaces de descartar qué les parecía menos relevante de crear. Querían hacerlo todo, cada vez que hacían algo.

Frances Miró, eldiario.es

viernes

Sábado por la tarde

Entre el público presente en la conferencia de este escritor había muchos adolescentes con cuaderno y bolígrafo, claramente obligados a asistir para hacer un trabajo de clase. Y Millás ha lanzado un mensaje dirigido a ellos que me ha encantado. 

Los jóvenes que se emborrachan y rompen cosas porque piensan que así se están rebelando, en realidad están afirmando el sistema. Las leyes existen porque hay quienes no las cumplen, y por ende quien no respeta las normas no hace más que afirmarlas. "El joven del que hay que preocuparse es aquel que se queda leyendo en casa un sábado por la tarde. Ese sí que es una bomba"

Ana, Viaje al centro de la Tierra

Precisión absoluta

Una vez más, en sus titubeos confusos, lo que la tranquilizó fue lo que tantas veces le servía de sereno apoyo: que todo lo que existía, existía con una precisión absoluta y en el fondo lo que ella terminase por hacer o no hacer no escaparía a esa precisión.


Clarice Lispector, Aprendizaje o el libro de los placeres

Marina


Marina se pasó la niñez escondiéndose, la adolescencia y la primera juventud estuvo escondida en su habitación, y luego se casó. El día de su boda estuvo mucho tiempo escondida viendo cómo los invitados bailaban. 

Los primeros meses de matrimonio cuando su marido llegaba a casa la encontraba metida en la despensa o en un rincón del garaje.

Marina tardó en dejarse ver, empezó a hacerlo enviando fotos a una revista de moda. Un editor vio su foto entre una montaña de imágenes repetidas de chicas muy jóvenes, y quiso jugar con su vida. 

La contrataron, y fue entonces cuando supo que era una mujer muy bella. A los tres meses salía en las portadas de las mejores publicaciones de moda, y al año envió las mismas fotografías a las oficinas de una revista erótica para ofrecerse como modelo. 

Antes de que acabara el verano las fotos a doble página de Marina cubrían las paredes de los talleres mecánicos de todo el país.

Terry Salgado, Bares sin nombre



jueves

Una mujer en la ventana

La llamaban Romina, por Romy Schneider.

Recuerdo sus ojos azules, sus jerséis ajustados de cuello alto y una cruz de oro entre los dos pechos, por encima del jersey.

También la recuerdo caminado por la acera y a mí detrás poniendo mis pies en el lugar exacto por los que habían pisado sus zapatos.

Yo era muy pequeño, pero intuía que todo aquello tenía que ver con la religión y con el pecado.

Terry Salgado, El informe amarillo


Jugaste, perdiste

La memoria y la historia son, en principio, opuestas: la memoria es individual, parcial y subjetiva; en cambio, la historia es colectiva y aspira a ser total y objetiva.

La memoria y la historia también son complementarias: la historia dota a la memoria de un sentido; la memoria es un instrumento, un ingrediente, una parte de la historia.

Javier Cercas, El chantaje del testigo