Una noche, en el camino a casa, después de haber estado en la cama con la ciega, Jorge detuvo su coche en medio de la avenida San Martín, puso el freno de mano, dejó las luces encendidas y bajó por la puerta del copiloto.
Jorge dejó el coche abandonado como el que deja un buen recuerdo, caminó en dirección norte y no paró hasta llegar a casa. Cuando apareció por la puerta del dormitorio yo ya me estaba levantando para ir a trabajar, recuerdo que estaba sentada en la cama poniéndome los zapatos. Jorge apareció sucio y sonriente, enseñándome las palmas de las manos y murmurando "No tengo nada".
Al principio pensé que sólo llegaba borracho, pero enseguida vi que además venía vacío. Le ayudé a meterse en la cama y le dejé durmiendo.
Cuando volví por la tarde me preguntó por su auto.
Nazaré Lascano
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