Cuando murió la abuela mamá quiso parecerse a ella. Lo primero que hizo fue seguir pagando a la chica que la ayudaba en casa. Se llamaba Mayra, era una chica morena de brazos fuertes y una mirada negra y profunda. El día del funeral mamá se acercó a ella y la abrazó como no abraza a nadie, después le dijo que la seguiría pagando su sueldo igual que si la abuela siguiera viva.
Mayra aceptó porque no supo qué decir y porque necesitaba ese dinero.
Durante varias semanas Mayra limpiaba, hacía la colada y cuando no tenía nada más qué hacer se sentaba a ver la televisión al lado de un sillón vacío. Por las noches se acostaba en su cuarto y parecía que oía a la abuela toser.
Cuando todo estuvo limpio y colocado Mayra llamó a mamá para preguntarle qué podía hacer para ganarse su sueldo. Mamá le dijo que no sabía, que hiciera lo que hacía cuando vivía la abuela. Pero Mayra no podía hacer como si todo siguiera igual.
Cuando cobró el sueldo del primer mes sin la abuela, Mayra sintió mucha vergüenza, pero mamá se sintió más cerca que nunca de su madre y le pidió a Mayra que siguiera en la casa.
Un domingo fuimos a comer a casa de la abuela.
Nazaré Lascano
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