Mostrando entradas con la etiqueta miedo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta miedo. Mostrar todas las entradas
domingo
Una temporada por aquí junto a mí
Y si pretendes vivir
jueves
El miedo y el mar
El día que le perdí el miedo a asuntos importantes empecé perdérselo también a los asuntos pequeños. O quizás fue al revés. El caso es que un día escribí sobre la muerte, con aridez, con franqueza, como si no me importara, y a partir de ahí conseguí hacer cosas cotidianas para las que me veía incapaz como comprar el pan, entrar en el subte o ponerme un bikini e ir a la playa.
Otro día empecé a escribir sobre los pasos de peatones y a los pocos días compré un billete de avión y crucé el océano.
Nazaré Lascano Cuentos de Parque Chas
lunes
Leche, galletas y a ti
La niña pregunta: mamá,
¿qué es lo que comen las brujas?
Ella le responderá, seria pero con dulzura,
Leche, galletas y a ti,
Leche, galletas y a ti corazón mío,
A ti, a ti, anoche vi
Que una hambrienta se aproxima aquí,
Creo que viene a por ti,
Que lo que comen son
Leche, galletas y a ti, corazón.
Nacho Vegas, Lo que comen las brujas
El cuento de las manchas de sangre
No quería escribir el típico cuento de misterio para listos, ni de terror psicológico, ni poner una página más en aquello del misterio del cuarto encerrado.
Tampoco quería que se reconociera a nadie, ni siquiera a mí misma, como si eso fuera posible.
Por último quería escribir una historia tan bien enlazada, tan creíble a pesar de los elementos fantásticos, que finalmente no lograba escribir nada.
Leí mucho a Cortázar y al final no hacía más que copiarle.Tenía que copiar a alguien menos bueno y, sobre todo, menos conocido.
Cuando terminé el cuento, una de sus versiones, estaba tan intranquila que llamé por teléfono a uno de los chicos que habían estado allí aquella noche. Fingió no conocerme, juró no recordar nada y ante mi insistencia me amenazó con llamar a alguien con el que seguro no querría encontrarme.
Ese alguien tiene el poder de que me flojeen las piernas y se me parta la voz.
Su imagen es la primera que viene a mi mente cuando tengo miedo, o estoy sola, o tengo miedo y estoy sola.
Aunque esté tan lejos.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
domingo
Estela de plata
El animal está a punto de desplomarse, la lengua a fuera, el cuello en una contracción exagerada, los ojos mirándonos con el mismo desamparo con que la liebre miraba al príncipe en El Gatopardo de Lampedusa:
"Don Fabrizio se vio contemplado por dos ojos negros invadidos por un velo glauco que lo miraban sin rencor pero con una expresión de doloroso asombro, un reproche dirigido contra el orden mismo de las cosas."
Qué bien entendía Lampedusa cómo las cosas dan vueltas antes de irse, dejan su rastro de caracol, su estela de plata transparente y húmeda, y después se hunden en la memoria.
María Gaínza, El nervio óptico
martes
Nadie está pensando en ti
Sí, parece que algunos de tus amigos te están traicionando; tu pareja o tu cuñada o tu abogado creen que estás echando algún kilo; ven menos pelo en tu cabeza; tu cliente desconfía de tu argumento... Créelo: nadie está pensando en ti. Están ocupados pensando en sí mismos. Igual que tú.
Roger Rosenblatt
viernes
Lo accesorio
Ayer fui al híper e hice una compra grande porque tenía crédito, del mismo modo que miles de compatriotas (signifique lo que signifique compatriota) no pudieron comprar porque carecían de él. Significa que la economía de mercado funcionó, porque la economía de mercado consiste en que unos puedan y otros no puedan. Yo ayer pude.
(...) Compré productos que necesitaba y productos que no, aunque sin saber cuáles pertenecían a una categoría o a la otra, pues lo que caracteriza a las sociedades de consumo es la ausencia de fronteras entre lo inevitable y lo accesorio.
Juan José Millás, Yogures, El País.
jueves
Las filas del miedo
Si queréis conservar el pan y la esperanza, destruid vuestras papeletas, haced pedazos los vidrios de las oficinas, abandonad las filas del miedo.
Albert Camus, Estado de sitio
sábado
Lo que se sabe hacer ya está hecho
La clave del arte es hacer lo que no se sabe hacer porque lo que se sabe hacer ya está hecho. Y el que hace lo que sabe hacer está perdiendo el tiempo.
Eduardo Chillida
domingo
La manifestación inversa del miedo
En la calle Isabel la Católica hay una casa en ruinas. Mejor dicho, había, porque hace poco la demolieron para construir una fábrica de heladeras. Estaba desocupada desde muchísimos años atrás, por un pleito o una sucesión. Creo que era de los Miguens, una quinta que en un tiempo debe de haber sido muy linda, como esta. Recuerdo que tenía unas paredes verde claro, verdemar, todas descascaradas, como si tuvieran lepra. Yo estaba muy excitada y la idea de fugarme y de esconderme en una casa abandonada me producía una sensación de poderío, quizá como la que deben sentir los soldados al lanzarse al ataque, a pesar del miedo o por una especie de manifestación inversa del miedo. Leía algo sobre eso en alguna parte ¿vos no?
Ernesto Sábato, Sobre héroes y tumbas
Suscribirse a:
Entradas (Atom)









