Los escenarios del crimen siempre provocan reacciones encontradas al inspector Darío Varona.
Lo peor para Varona es encontrar una escena cotidiana en la que se ha parado el tiempo. Una cocina, por ejemplo, con el café en la taza fría, migas de pan sobre la mesa, una botella de leche enfriándose en la nevera o una revista abierta por una página desde la que sonríen las fotografías de famosos.
Empezar a colocar todas esas piezas en el relato supone un esfuerzo para el inspector, mucho más intenso que enfrentarse a un cuerpo que, en esas circunstancias, es decir, anónimo e inerte, ya no es nada.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
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