sábado

Guardar un secreto

Desde pequeña me ha parecido que la gente con cicatrices o señales en la cara tienen una especie de misterio, parece que esas marcas guardan un secreto y, a la vez, me provocan cierta ternura o conmiseración.

Una tarde de domingo, con dieciséis años, le pedí a Lupe que me ayudara a hacerme un corte en la cara, en el pómulo, bajo el ojo derecho. Lo hizo en su casa, buscó en la caja de los hilos de su madre una especie de estilete muy afilado que parecía que había estado toda la vida esperando por mí.

Realizó el corte con habilidad delante de un espejo y el ver cómo se abría mi piel bajo el ojo me provocó una sensación difícil de explicar, un cosquilleo vergonzante que estaba entre el miedo y la excitación, como los instantes previos a realizar algo pecaminoso que iba a enseñar al mundo.

La sangre tardó en salir, pero en un momento, sin aviso, comenzó a mancharme la cara. Lupe tardó en ir a por unas gasas, esperó a que se lo pidiera, pero yo estaba extasiada en medio de un trance que no había conocido hasta ese momento.

Al día siguiente fui con mi corte al instituto y, aunque nadie lo mencionó, pude ver como tanto mis compañeros como los profesores me miraban de otra manera, como si yo, por fin, guardara un secreto y fuera merecedora de ternura y conmiseración.

Nazaré Lascano

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