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Un punto desde el que desliar (Archivo II)
Yo estaba tomando el sol la mañana en la que el inspector Darío Varona subió a la terraza a una hora en la que no debía haber nadie. Apareció entre las sábanas tendidas al sol, con su camisa blanca y su chaqueta desabrochada. Me miró y se ruborizó.
— Discúlpeme, soy policía — Dijo como si quisiera decir soy médico.
Miré a mi alrededor, buscando algo con qué taparme, pero había dejado mi camiseta demasiado lejos, preferí seguir en la misma posición como si no pasara nada.
— ¿Me buscaba a mí?— No, no... no se preocupe, solo estoy echando un vistazo.
El inspector, para no mirarme, volvió a ocultarse entre las sábanas.
— ¿Tiene alguna nueva pista?— En realidad tenemos muchas pistas, pero no logro encajarlas.— ¿Para qué ha subido entonces?— ¿Qué?— Si encuentra más pistas aquí arriba solo liará más la madeja.— Trato de encontrar un punto desde el que empezar a desliar.
Darío Varona volvió a salir de entre las sábanas, ahora estaba mucho más cerca.
— ¿Y cree que yo puedo ser ese punto?— No tengo otro.— Aún no sé si soy sospechosa o colaboradora de la policía.— Puede ser las dos cosas, puede elegir.— Sospechosa me gusta más.
El inspector sonrió y me pasó mi camiseta, ya no estaba ruborizado.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
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Rebeca Terroni
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