Aprendió a caminar por el piso sin casi poner los pies en el suelo. Aprendió a abrir y cerrar cajones sin apenas tocarlos, sin huellas y sin ruido.
En la segunda visita Darío encontró la caja de las cartas. Aprendió a leerlas sin pasión, apenas con cierta curiosidad.
Aprendió a no arrugarlas, a no derramar lágrimas y a no subrayar los aspectos más destacados.
Nazaré Lascano
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