Mostrando entradas con la etiqueta ventanas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ventanas. Mostrar todas las entradas

sábado

Naranja, rojo, azul y amarillo dijon

El barrio, con sus bloques de pisos, sus árboles desmadejados, sus plazuelas concéntricas y callejas, con sus coches de colores aparcados de cualquier manera, los solares llenos de basura, las tapias agrietadas, las antenas en los tejados, las tiendas, los bares y los mercados. 

En el barrio todo cambiaba según el día, la hora y las ventanas.

Desde las ventanas de mi casa era oscuro, laberíntico y azul metálico, desde las de Lupe era sucio, ancho y anaranjado, y desde el balcón de Dina era otro, desordenado, ruidoso y del color de los ladrillos rojos al caer la tarde.

Y otro distinto, vertical, soleado y amarillo dijon desde la terraza de las Monsalvo.

Nazaré Lascano


La primera piedra

Calafell se escondió en su despacho. 

Llegó sobre las once de la noche, después de cenar en casa, saludó a los guardias de la entrada y se dispuso a pasar la noche sentado delante de su escritorio.

No se fijó en una mujer de unos treinta años, con los ojos enrojecidos, que esperaba su turno en un banco de madera.

La primera hora estuvo ordenando papeles, después apagó la luz y se dispuso a esperar. Ya estaba dormido cuando la primera piedra hizo estallar el cristal de la ventana.

Nazaré Lascano

miércoles

Otro patio interior

Darío Moreno tenía una amante de piernas largas y mecha corta que trabajaba de camarera en un bar y a la que veía a veces durante y otras veces después del trabajo, y que nunca le preguntaba por los casos que estaba investigando.

Darío Varona tenía una amiga periodista con la que pasaba las noches, con la que hablaba de cómo le había ido el día y que sabía disimular esperando el momento propicio para que Darío le revelara algo importante.

Moreno le dejaba jugar a su amante con su pistola reglamentaria, mientras que Varona le sacaba las balas y ponía el seguro a su revólver antes y después de acostarse con la periodista.

La casa de Darío Moreno tenía mucha luz por las mañanas y un contraluz perfecto al atardecer, ideal para tomar decisiones importantes, aunque no fueran acertadas.

La Casa de Darío Varona sólo tenía ventanas que daban a un patio interior.

Nazaré Lascano

lunes

El sentido de la frase

Algunas de esas mujeres se comunicaban entre sí con mensajes, moviendo las sábanas en un lenguaje que sólo ellas conocían.

Aquel idioma secreto tenía una gramática en la que no sólo eran importantes los movimientos y las formas que adoptara la sábana, sino que olores, arrugas y manchas podían marcar una diferencia de matiz que cambiara por completo el sentido de la frase.


Nazaré Lascano

De lunes a viernes

Por las mañanas, cuando caminaba hacia el instituto, podía ver cómo de las ventanas de los apartamentos de los edificios nuevos del barrio salían sábanas blancas que ondeaban al aire como banderas, sujetadas todas ellas por manos de mujeres.

¿Cuántas podrían ser? ¿Diez? ¿Quince? ¿Veinte sábanas? Ocurría durante todo el curso, de lunes a viernes, como un baile de animales fabulosos. 

Otra chica más sensible quizás hubiera imaginado mariposas blancas saliendo de la crisálida, pero en esos años yo aún creía en las revoluciones e imaginaba detrás de esas ventanas a mujeres aireando el aroma de una noche de sexo y haciendo desaparecer el olor de sus amantes, antes de que su marido, jugador, policía, bebedor o periodista, apareciese por la puerta a primera hora de la mañana.

Yo, que por entonces era una romántica, veía el futuro perfecto entre las sábanas de esas mujeres.

Nazaré Lascano

domingo

Ejercer la fuerza necesaria

Poco antes de conocernos Jorge salió con una chica a la que, lo supe tiempo después, engañó conmigo.

Jorge la vio por primera vez desde una ventana de su apartamento, una noche de sábado. La siguió con sus prismáticos en un paneo doméstico a lo largo de la avenida sólo porque iba vestida con una falda muy corta, pero la panorámica terminó con la chica parada enfrente de un tipo al que no distinguía bien y al que Jorge en principio envidió. 

Jorge apartó los prismáticos con rabia buscando otro objetivo.

Pero a los treinta segundos la mirada de Jorge ya estaba puesta otra vez en aquella chica que seguía donde la había dejado, aunque su actitud y la de su acompañante era extraña, con movimientos bruscos, como los que se dan en un mal encuentro. Jorge fue capaz de darse cuenta de que aquel hombre estaba agrediendo a la chica.

Sin pensarlo, en pantalones cortos y camiseta, Jorge bajó las escaleras de su piso, salió a la calle y corrió hacia la pareja que en medio de la acera se movían y forcejeaban. Jorge, para no demostrar lo asustado que estaba, se dirigió al tipo dando voces. Según se acercaba se dio cuenta de que ni el hombre era tan bajito como lo imaginó desde su ventana ni la falda de la chica era tan corta. Ambos le miraron sorprendidos y el hombre soltó a la chica y reculó hasta tocar la pared con su espalda.

Sorprendentemente hubo mil excusas por parte de aquel tipo que se iba haciendo cada vez más pequeño, a la excusa mil una Jorge le pegó un puñetazo en la barbilla. Jorge nunca había dado un puñetazo a nadie por lo que no cerró bien el puño y no ejerció la fuerza necesaria, por suerte el otro tipo entró en pánico y huyó de la escena.

Hubo otros hombres que vieron toda la escena con sus prismáticos. Uno de ellos me contó todo, aunque con una versión muy distinta.

Nazaré Lascano


Una persona distinta

Mi angustia viene de mi  deseo de ser yo mañana una persona distinta, alguien no atado a la primera frase de sus escritos.



Aquel brillo

La realidad era un escenario febril en el que cada objeto tenía una función. 


Daba gusto levantar los ojos y observar las ventanas encendidas, apreciar el color amarillento de la luz y adivinar las vidas que discurrían al otro lado de los visillos. Todo estaba por estrenar, por ver, todo estaba por inaugurar. Incluso las esquinas más sucias, más rotas, más meadas por los perros, tenían esa calidad de representación, de parque temático, que producía asombro. 


Me pregunté qué habría ocurrido si aquel lejano día de mi infancia no hubiera regresado al sótano por el mismo agujero por el que había salido de él. Tal vez la vida hubiera mantenido siempre aquel brillo o aquella fiebre, que ahora acababa de recuperar y que nunca más, me dije, perdería


Juan José Millás, El mundo

miércoles

Juegos capitales

La novela es ese gran combate que libra el escritor consigo mismo porque hay en ella todo un mundo, todo un universo en que se debaten juegos capitales del destino humano.

Julio Cortázar

jueves

La mujer de un cuadro de Hopper

“Porque New York —apunté allí— es una ciudad que no se puede captar ni transferir solo con la pluma, se necesitan imágenes. Ha empezado a llover, es de noche, tengo la radio puesta, la lluvia se ha convertido en tormenta. 

Casi todas las luces de las casas están apagadas, pero aún queda alguna encendida. Desde la soledad de mi cuarto las dudosas figuras de los demás, a la luz de las lámparas, son siluetas fugaces de la gente desconocida que se mueve detrás de sus ventanas: parecen interiores de Edward Hopper. 

Yo misma ahora soy como la mujer de un cuadro de Hopper, mientras pienso en él y siento un poco de melancolía y desarraigo, comiéndome una manzana en soledad”.

Carmen Martín Gaite

miércoles

Apagar la luz

Era una agenda de tapas verdes y el año grabado en letras amarillas, casi doradas.

Abrió al azar, un día de octubre escrito en bolígrafo azul y con excelente caligrafía:
"Abrir la persiana a las nueve y media P.M. Mirar a Marian. No olvidar apagar la luz del dormitorio".

Jorge sintió un vértigo extraordinario. Dio vueltas por el departamento, sintió algo parecido a un escalofrío y una excitación animal, sexual". Buscó la dirección por todas partes.

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas



martes

Petición popular

chicadecente, march. 19th, 2022 at 23:41 to: robertopintado@hotmail.com


¡Hola Roberto!

¿Para cuándo una dirección de Instagram o alguna red social dónde podamos saber de ti, comunicarnos y seguirte sin necesidad de asomarnos a este blog a ver si hay algo nuevo?


Seguro que lo haces a propósito, sé que eres un morboso y que imaginas que dejas la ventanita de tu casa entreabierta para que miremos como voyers, y te pillemos haciendo algo inconfesable.


No me refiero a que dejes el blog, ¡¡no, por favor!! pero se echa de menos un contacto más rápido y poder intercambiar opiniones sin necesidad de mandar estos e-mails que, a mí, ya me da la sensación de que estoy mandando una carta con sello y todo.


¿Aún recibes cartas de los lectores y lectoras? Apostaría a que sí, yo misma te mandaría una perfumada y todo si supiese a dónde. (No, no te estoy pidiendo tu dirección no te preocupes).


Estoy segura de que muchos y muchas piensan como yo. 

No desconfíes, solo estoy pidiéndote un triste enlace a Instagram. 


¿¿??





lunes

Ventana que escucha

Soy una abierta ventana que escucha,

por donde ver tenebrosa la vida.

Pero hay un rayo de sol en la lucha

que siempre deja la sombra vencida.


Miguel Hernández, Eterna sombra

jueves

Demasiado atento

La verdadera dificultad para dejar de beber es que hace falta demasiado tiempo libre.
No beber es una dedicación absorbente, exige todas las horas disponibles porque hay que estar siempre no bebiendo, no se puede hacer otra cosa, todo el santo del día no bebiendo sin parar.

Con disciplina y concentración, porque si te distraes un momento de no beber, y te pones a mirar por la ventana, a leer un poema o el periódico,  o a escribir una carta, por ejemplo, sin darte cuenta, de pronto,  ya te has puesto una copa.

Hay que estar demasiado atento cuando uno está no bebiendo.


Rafael Reig, Escribir para poder beber

lunes

Un dragón disimulado

Ya en mi primera infancia tuve las primeras prefiguraciones de aquel mundo perverso en mis pesadillas y alucinaciones. 

Todo lo que luego hice o vi en mi vida estuvo de una manera o de otra vinculado a aquella trama secreta, y hechos que para la gente común no significaban nada, saltaban a mi vista con sus contornos exactos, del mismo modo que en esos dibujos infantiles donde debe encontrarse un dragón disimulado entre árboles y arroyuelos. 

Ernesto Sabato, Sobre héroes y tumbas

jueves

Una mujer en la ventana

La llamaban Romina, por Romy Schneider.

Recuerdo sus ojos azules, sus jerséis ajustados de cuello alto y una cruz de oro entre los dos pechos, por encima del jersey.

También la recuerdo caminado por la acera y a mí detrás poniendo mis pies en el lugar exacto por los que habían pisado sus zapatos.

Yo era muy pequeño, pero intuía que todo aquello tenía que ver con la religión y con el pecado.

Terry Salgado, El informe amarillo


viernes

Durmiendo en los laureles


Estoy tan asustado como agradecido, agradecimiento al azar, al hermoso y tembloroso azar, rey de las cosas sin que él lo sepa. Nosotros le otorgamos ese trono y él ni siquiera se sienta en dicho trono, pues se queda durmiendo en los laureles todo el santo día, ajeno a su reino, macerándose en las nubes, en su indolencia inescrutable.

Tengo que marcharme de Madrid, hacia un lugar bello. Cierro ventanas. Cierra todas las ventanas, me digo a mí mismo. Oye las bisagras, oye la acción de las cremonas, echa las persianas, despídete.

Manuel Vilas, Los besos

jueves

Caminos que jamás recorreremos

Detrás de cada ventana hay un mundo. El mundo particular de una persona o el mundo particular de una familia. Y en los mundos distintos de tantas ventanas siempre habrá un lugar donde se esconden maneras de vivir que nunca imaginamos, caminos que tal vez jamás recorreremos, que pueden despertar fantasías, temores y anhelos ocultos que llevamos dormidos.

Es un mundo íntimo, que cada uno lleva "debajo de la piel", y cuyas "ventanas" son nuestros sentidos, nuestras actitudes, nuestros gestos y nuestras palabras. Se trata de un mundo que, más allá de los innumerables aspectos que suele adoptar, es el reino indiscutido de dos grandes señores —el sexo y el dinero—  que, estrechamente relacionados entre sí, funcionan como los motivos poderosos que alimentan su movimiento.

Luis Chiorizza, Intimidad, sexo y dinero