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El dormitorio de Carolina Suances

A las dos semanas de la desaparición de Darío Varona, Carolina Suances empezó a observar que en el techo de su dormitorio aparecían manchas de color rojizo con aspecto de rosas ajadas.

No le dio tiempo a avisar a nadie para que pintaran la habitación, una madrugada Carolina sintió como si alguien golpeara con sus dedos en la almohada y cuando encendió la luz de la mesita de noche y miró hacia arriba pudo ver que todo su techo era ya una mancha de un rojo intenso y rezumante.

Llamó a la policía, un inspector de aspecto similar a Varona confirmó que aquello era sangre y esperó a que se hiciera de día para subir al piso de arriba. No había nadie. Se pusieron en contacto con el administrador del edificio, quien les informó que esa vivienda llevaba deshabitada desde hacía casi veinte años, desde que los últimos dueños, una pareja de ancianos, murieron en un accidente.

Carolina preguntó qué tipo de accidente, pero nadie la escuchó. La policía se interesó por saber quién era el dueño legal de aquel apartamento, pero el administrador no supo concretar si era un fondo inmobiliario, un banco o una aseguradora.

La jueza llegó al día siguiente. Para entonces el dormitorio de Carolina Suances ya era un charco de sangre.

Nazaré Lascano

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