martes

Cerezas

Algunas tardes, si era temporada, comían cerezas.

No voy a hablar sobre su color, todos sabemos lo brillantes y rojas que son, llenas de suculentas metáforas. Sólo diré que esos días, mientras el mundo seguía su curso, Sonia y H. comían cerezas en la habitación número 8, sentados en la cama.

Y que echaban los huesos, sin hacer ruido, en el vaso de cristal que Carem cambiaba todas las mañanas.

Nazaré Lascano

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