domingo
De metafísica a metamorfosis
Contra lo que piensan los integristas, toda lengua es menos una metafísica que una metamorfosis. Las palabras nacen, mutan, mueren. A veces resucitan.
Es el caso, explica Pascual, de azafata: "En el siglo XV era una bandeja (azafate), y en el XVI la señora que llevaba esa bandeja y atendía a la reina o a una mujer de alto grado. Luego desaparece.
La rescata Iberia después de descartar términos como camarera o aeromoza. La resucitó el marketing".
Javier Rodríguez Marcos, Babelia n º1534
sábado
Los límites del conocimiento
Pero la tribu de Melquíades, según contaron los trotamundos había sido borrada de la faz de la tierra por haber sobrepasado los límites del conocimiento humano.
Gabriel García Márquez, Cien años de soledad
viernes
Desrealizar
Hay personas que te miran o te leen y te desrealizan porque no comprenden otro modo de relación con el universo.
[…] Utilizo mucho el recurso de la voz en off para defenderme de los sentimientos que me hacen daño (y de los que me hacen demasiado feliz).
Juan José Millás
jueves
Una segunda opinión
El narrador no es más que un papel
El narrador no es más que un papel. Quien habla (en el relato) no es quien escribe (en la vida), y quien escribe no es quien existe.
Tan grande indiferencia
Qué descanso morir. Pero qué agobio
regresar a la nada
después de haber tenido tanto amor,
tanta desdicha, pues, aunque también
tan gran indiferencia por las cosas.
Juan José Millás, De corpore insepulto
miércoles
Una persiana en Roma
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| Todos somos mortales hasta el primer beso y la segunda copa de vino |
Isabella Rimini, oct. 07th, 2021 at 01:40 to: robertopintado@hotmail.com
Ciao Roberto.
Encontré esta pintada en una persiana en Roma y pensé que te gustaría.
No está mal para empezar el curso ¿no te parece?
Sé que es un abuso pero nos encantaría volver a repetir la actividad con los chicos de mi clase de español ¿es posible?
Las clases con los relatos de Nazaré Lascano no dejan a nadie indiferente, hay quien dice que son una fiesta y a menudo chicos y chicas salen discutiendo del aula y continúan en la calle.
Espero que esto te anime a decir que sí. Esperamos tu respuesta. Gracias!!
Un afectuoso saludo.
Isabella
Delorean
He empezado a usar el coche como si usara una máquina de dios. Medio depósito ha sido suficiente.
Parece muy prosaico, pero los resultados que se obtienen pueden ser grandiosos.
Desde las ocho de la mañana, me he dedicado a dar vueltas por Madrid, a acelerar en los pasos de peatones, a aparcar en doble fila, a parar sin motivo en medio de una calle de una sola dirección.
No soy un simple asustaviejas, aunque también las asusto, pero hago lo mismo con los jóvenes y los de mediana edad. Me da rabia que se lo tomen a mal, solo asusto, llego hasta el límite de lo razonable y ¡zas! frenazo sonoro. No hago daño a nadie.
Hoy una pareja de unos cincuenta años ha golpeado las lunas de mi coche como si quisieran rompérmelas, el hombre se ha puesto como loco y la señora lo animaba. Ha sido fantástico, mejor incluso a como lo imaginaba, esa pobre gente ya tiene un motivo para pasar el día. El odio en común siempre es un gran motivo para la vida, un motivo ruin pero efectivo.
No ha sido la única acción directa de la mañana, me han pasado muchas más cosas a bordo de mi machina. Por ejemplo, un grupo de chicas en la Avenida del Mediterráneo han chillado y han estallado en risas nerviosas cuando he estado a punto de pillarlas en un semáforo, he apurado tanto que a una de ellas le he rozado la pierna con el parachoques. Alguna me ha insultado, y otra ha sacado sus dedo corazón al aire de Madrid, pero cuando continuaron caminando, la chica del parachoques se ha dado la vuelta y se ha quedado mirándome, ¿no es fabuloso?
A la una y media ya tenía hambre, he parado para comer en un bar de Aluche y he dejado el coche en doble fila. No han tardado en oírse pitidos de uno de los coches a los que impedía el paso. Estaba tomando un filete de lomo con patatas y pimientos fritos, me encantan los pimientitos bien asados. Seguí comiendo tranquilamente hasta que entró en el restaurante un hombre sudoroso y malhumorado. ¿Es de alguien ese Focus de color amarillo? Yo seguí con mis pimientos mientras oía cómo el resto de comensales negaba con la cabeza. Por fin, uno de los camareros, que me había visto llegar, me señaló con disimulo.
— Perdona ¿es tuyo el Focus?
— ¿El Focus? Bueno yo lo llamo el Delorean.
— ¿Qué?
— Que es un Delorean, una máquina del tiempo, un deus ex machina.
— ¿Quieres dejar de vacilar y quitarlo, por favor?
— No sé ¿has aprendido algo hoy?
— ¿Qué dices, estás loco?
— ¿Ves? No has aprendido nada, el día de hoy se volatizaría de tu mente si no fuera por mi machina.
— ¿Eres imbécil tío? ¡Que quites el puto coche o llamo a la policía, hostias!
— Aún me queda el postre.
— Pero... ¿qué dices? ¿No lo vas a quitar?
— Claro que lo voy a quitar, no voy a dejarlo ahí, en cuanto me tome el postre lo quito.
No me pegó, fue una lástima, una buena pelea cambia tu percepción del mundo, te puede hacer hundirte en la miseria o convertirte en un machito intransigente. No pasó nada, el tipo se fue encendiendo, pero cuando oyó la palabra loco detrás de una de las mesas, supuso que yo podía ser peligroso y salió a la calle a llamar a la policía con su móvil.
No les dio tiempo a llegar, nunca les da, pude acabarme los filetes con pimientos y tomar unas natillas caseras bastante buenas. Dejé una buena propina, pero el café ya lo tomé en otro sitio.
Terry Salgado, Bares sin nombre
Polisémica
— ¿Estuviste este fin de semana con tu cuñada?
Terry Salgado, "Oído en un bar", Bares sin nombre
domingo
Me siento y no escribo
Tatiana Țîbuleac: No tengo rituales. Me siento y escribo. O me siento y no escribo nada, que es lo que más ha ocurrido últimamente.
La mirada
Las fotos de Picasso, sobre todo hacia el final de su vida, lo muestran a menudo mirando intensamente en medio de un gran desorden. Deseado, cuidadosamente construido y progresivo, ese desorden reinó siempre en sus casas —que iban siendo cada vez más grandes precisamente para darle cabida—, y no como tópica coartada de la bohemia artista, sino como una especie de disciplina del espíritu, la mirada.
Pues Picasso consideraba que el orden, o al menos la rutina, produce una suerte de ceguera, o niebla si se prefiere. Si colocamos las cosas en su sitio, pensaba, pasado un tiempo dejamos de verlas: es fácil hacer la prueba con los cuadros de nuestra propia casa. Alimentándose por los ojos, Picasso proponía colocar las cosas fuera de su sitio, de modo que la mejor manera de seguir viendo un jarrón es colocarlo en el suelo, y un cuadro, no colgarlo de la pared. Y, aún así, solo durante un tiempo.
Pedro Sorela
sábado
jueves
Las reglas de la partida
— Cuánto tiempo sin vernos, Adela.— El justo para volvernos a encontrar.
Terry Salgado, Bares sin nombre
miércoles
Conocía a Cernuda en un jardín
Conocí a Cernuda en un jardín. Paseaba, marchaba solo, pero iba con ese aire del que lleva a su lado unos galgos decorativos. Comprendí ya entonces que una sombra le acompañaba a todas partes, un perro inseparable y misterioso, su vida misma quizá, el boceto de una vida no vivida.
Conocí a Cernuda en un jardín, pero en realidad él siempre parece estar en un jardín. En la calle o en el salón no se le comprende. Tampoco en el campo; un jardín o una playa es su fondo verdadero.
Ramón Gaya, Obra completa
martes
Un buen destino
— Dice que quiere ser obispo de Ibiza.
— ¿Hay obispo en Ibiza?
— Hay una vacante creo.
— Debe ser un buen destino.
— Pero debe tener mucho trabajo, tiene que ser un lugar con muchos pecados.
— ¿Dejan ir al obispo a la playa?
— No veo por qué no.
— Por los ropajes que lleva, deben ser muy incómodos para andar por la arena.
— Seguro que tienen un uniforme de verano.
Terry Salgado
lunes
Turbulencias
domingo
Gambas y gabardinas
Cuando era pequeño los fines de semana acompañaba a mi padre por los bares del barrio, allí me fijaba en parejas jóvenes que, para acompañar sus bebidas, pedían una tapa de gambas con gabardina.
A mí me encantaba aquel pincho y me prometí que, cuando fuera mayor y tuviera novia, iría con ella a aquellos bares y pediríamos gambas con gabardina.
Pero las cosas de la vida casi nunca son como uno las piensa y tardé mucho en tener novia, y cuando la tuve y por fin fui con ella a uno de aquellos bares de mi barrio, había cambiado el tiempo y las gambas se habían quitado la gabardina.
Terry Salgado, Bares sin nombre
Soledad
Hola Roberto. Espero que se encuentre bien.
Soy lector suyo desde hace mucho tiempo, sus relatos consiguen sacarme de mi realidad, sea esta lo que quiera que sea. Espero seguir leyéndole y también espero que disculpe que me haya atrevido cambiar los roles y ser yo el que escriba para usted.
Me he decidido a escribirle porque he conocido una historia que quizás le parezca interesante y si así le parece puede publicarla sin ningún problema. Me la contó una amiga al final de una noche en la que bebimos lo justo para las confidencias.
Mi amiga se llama Soledad y, aunque me gustaría cambiarle el nombre para que no se sienta reconocida, su nombre, como puede imaginar, es casi una metáfora, una forma de negación que no deja indiferente a quien lo oye ni a quien lo tiene.
Soledad me contó una madrugada que cuando era muy joven trabajó en un supermercado en su ciudad, llevaba una cartulina plastificada con su nombre escrito y un uniforme que siempre debía estar bien planchado. Me hizo gracia que mi amiga, a la que había conocido en un trabajo técnico y de mucha responsabilidad, comenzara a trabajar en un supermercado del sur de España.
A menudo la gente se dirigía a ella por su nombre, y Soledad se acostumbró a que todos supieran cómo se llamaba. La lástima, me decía, es que cuando salía del súper nadie me conocía y yo me sentía muy sola, muy desgraciada.
Al final Soledad decidió llevar la cartulina plastificada con su nombre también cuando estaba fuera del trabajo, cuando caminaba por la calle, cuando iba a tomar un café o cuando paseaba a su perro ella lleva prendido su nombre de la blusa o de la cazadora.
Soledad notó que la gente la miraba, que algunos murmuraban y otros reían, pero aquello surtió efecto y el mismo día en el que se colocó el nombre en el pecho hubo viandantes que se dirigieron a ella por su nombre.
Gracias a aquella cartulina prendida en su pecho Soledad empezó a tener una vida distinta, hubo hombres y mujeres que cayeron a sus pies, le ofrecieron trabajo fuera del supermercado, cambió de aspecto, hizo viajes a lugares lejanos y tuvo proposiciones decentes e indecentes.
Le libraré, Roberto, de los detalles, pero le puedo decir que Soledad acabó cansada de su nombre y, en medio de una fiesta que se le había escapado de las manos, decidió cambiar el nombre de su placa por otro menos comprometido.
sábado
Comportamiento humano
La física cuántica no es una religión porque, aunque se erige sobre leyes fundamentales de la naturaleza, no pretende regular el comportamiento humano.
viernes
Más reproches
Sñor Pintado¿Es usted el negro de Nazaré Lascano o bien es ella la que le escribe a usted?
Si es usted su agente no se puede hacer peor, si es su amante no se puede hacer peor, si no la conoce siquiera enhorabuena por el hurto constante.
En una consulta a mi librero de guardia le expliqué lo que ocurría en su blog y le pedí que me resolviera mis inquietudes con su Nazaré. El librero, que se llama Andrés y es argentino, me indicó lo mal que escribe el castellano de allá la Lascano, las fastidiosas faltas en su acentuación, pero también me dijo que reconoce a una porteña aunque se falsee o autofalsee, en definitiva que ella es la negra y usted el gorrón.
No me tenga en cuenta los reproches y saque mas recortes, húrtelos, róbelos, pero publique por favor.
Salud.
Joaquín D.
jueves
Conocer a Ana
Richy L. oct. 12th, 2021 at 02:18 to: robertopintado@hotmail.com
Solo decirle, Roberto, que ya que no nos deja conocer a Lascano al menos publique una foto de Ana Genovese.
Hoy me la he imaginado llamando al fijo de mi casa y preguntando por mí a mi mujer ¿puede haber algo más excitante?
Sé que no lo va a hacer, pero continúe por favor copiando y pegando la historia de Ana, porque quiero conocerla.
Buenas noches y buenos sueños.
Richy
miércoles
Ascendente escala cósmica
A continuación encontrará usted una selección de microgramas y poesías del escritor ecuatoriano Jorge Carrera Andrade.
Junto a la creación del poeta, va usted a realizar la suya propia.
Usted puede percibir que, en muchos casos, el poeta dialoga con los objetos, otras los define, a veces, resalta cualidades especiales de ellos y en otros casos, nos propone metáforas, todo ello pensando al ser humano y los elementos de la naturaleza, como notas de un coro cósmico en el que todos entonamos un son.
Jorge Carrera Andrade nos dice: "descubrí que los seres feos cumplen también, a su modo, una tarea bella, y que el sapo, el moscardón, el gusano, son otras tantas cifras de la clave secreta del Universo. La nieve animada del flamenco, la misantropía vegetal del cacto, el trabajo oculto de la oruga en el árbol, me condujeron, en ascendente escala cósmica, a descifrar el alfabeto de los pájaros, altos signos que mantienen el orden espiritual del planeta".
Jerson Oña
martes
Ana Genovese
— Dígale a Antonio que esta tarde no podré verle.
No era fácil acertar con el nombre pero a veces tenía una fuerte intuición y arriesgaba, si ganaba era como un torpedo en medio de la sala de máquinas.
Notaba la duda al otro lado del teléfono. Afuera llovía con intensidad, las gotas golpeaban los hierros del balcón y la tarde se oscurecía por momentos.
— ¿Quién es usted?
— Soy Ana, él ya sabe.
El tono de la esposa cambiaba, pasaba a ser oscuro, un poco grave y un poco ahogado.
— ¿Qué Ana?
— Ana Genovese, él ya sabe.
— ¿Genovese? ¿De qué conoce a mi marido señorita?
— No importa de que lo conozco, solo dígale, por favor, que esta tarde no puedo verle.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
domingo
La mirada sobre las cosas insignificantes
Walser [...] llega a ser importante a fuerza de hacerse pequeño, de quedar al margen de todo, empezando por las camarillas literarias, y que se erige en «rey de las paradojas». Entre otros muchos oficios (el último, mayordomo en un castillo de Silesia), desempeñará el de pulcro escribano, al tiempo que por las mañanas escribe sus Microgramas con letra minúscula e ininteligible.*
Walser consigue conjugar «ingenuidad con melancolía», apunta Sorg, la pureza de la mirada sobre las cosas insignificantes con un sentido del humor sumamente particular que a veces se nos escapa.
«La literatura debe ser humilde», aseveraba Walser, y su creación fue una infinita exploración de lo pequeño, lo inesperado, atenta siempre a «los clichés y las palabras vacías»
P. Unamuno, Walser y el arte de 'Escribir sin motivo'
*Para hacerse una idea aproximativa del tamaño de su escritura, basta saber que según Werner Morlang, uno de los más denodados exploradores del Archivo Robert Walser, de 34 hojas de microgramas se extrajeron dos libros enteros, la novela El bandido, que en la versión francesa editada por Gallimard tiene 152 páginas, y la serie de escenas y de textos breves (género en el que Walser alcanzó las cimas de su arte) que, con el título general de Félix fueron descifrados y editados en 1972 por Jochen Greven y Martin Jürgens. Pero es en la mayoría de los casos la singular predilección por ciertos tipos inusitados de papel lo que ha generado más especulaciones.
Walser acostumbraba escribir en hojas de almanaque (que solía cortar por la mitad), en reversos de facturas, de volantes, de sobres ya utilizados. A menudo, nuevos textos eran escritos en el dorso de alguna tarjeta postal e incluso en el de alguna circular impresa con la que tal o cual revista le comunicaba el rechazo de algún texto anterior enviado para la publicación.































