Manuela sabía que uno, o quizás varios, de los huéspedes de la pensión se colocaba junto a la puerta del baño cada vez que ella cantaba.
Imaginándose una diva en medio del escenario, en el momento de interpretar la parte más intensa o más emocionante de un aria, Manuela apagaba el grifo para que su público pudiese oírla sin la interferencia de las gotas de la ducha.
Manuela tenía razón en que cada vez que se duchaba alguien se colocaba tras la puerta del baño, también que lo hacía para oírla, pero lo que no sabía Manuela es que lo hacía para escuchar estallar las gotas de agua contra su cuerpo y que en el momento en el que ella apagaba el grifo abandonaba el reverso de la puerta y regresaba en silencio a su habitación.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
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