martes

La imaginación de los celosos

No se engañen, por la ciega sentí celos, eran pequeños, suaves, podía llamarlos celitos si no fuera una pavada.

Me los imaginaba con el terror y la furia con la que imaginan los celosos, ella recorriendo desde la oscuridad el cuerpo de Jorge con sus manos de ciega, inventando su forma, recorriendo su sexo, figurándose en su mente el color de su piel.

Y él, como siempre, distante y malcriado, mirando al frente como si ni ella ni yo existiéramos, saliendo de la casa al alba, olvidando presente y pasado.

Podía ver las paredes del apartamento, el color de la madera clara de las puertas, el ruido del agua saliendo del grifo de madrugada, el olor del café. Me imaginaba a la ciega con su risa de ciega vistiéndose por la mañana, sin torpeza, y fallando estrepitosamente con los zapatos. 

Y después caminando con dificultad, pero llena de dignidad, por la avenida, hasta la parada de taxis.

Nazaré Lascano

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