Mostrando entradas con la etiqueta Dina. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dina. Mostrar todas las entradas

lunes

El método

Pocos lugares hay tan emocionantes como los confesionarios católicos. 

Dina y yo fantaseamos con colarnos en uno y escuchar los pecados estúpidos de las beatas. Nos excitábamos imaginando lo que aquellas mujeres de pelo cardado, medias negras y chaquetas de punto podrían contarle al cura.

Lo preparamos a conciencia, Dina sería quién preguntara a las feligresas porque su voz podía pasar por la de un cura, yo estaría detrás de ella quieta y con la respiración contenida, como se debe estar en un confesionario.

Para no dejar ningún cabo suelto decidimos confesarnos nosotras y ver cuál era el método de trabajo. Contar nuestros pecados a un extraño fue más excitante que oír a las beatas.

Nazaré Lascano

sábado

Naranja, rojo, azul y amarillo dijon

El barrio, con sus bloques de pisos, sus árboles desmadejados, sus plazuelas concéntricas y callejas, con sus coches de colores aparcados de cualquier manera, los solares llenos de basura, las tapias agrietadas, las antenas en los tejados, las tiendas, los bares y los mercados. 

En el barrio todo cambiaba según el día, la hora y las ventanas.

Desde las ventanas de mi casa era oscuro, laberíntico y azul metálico, desde las de Lupe era sucio, ancho y anaranjado, y desde el balcón de Dina era otro, desordenado, ruidoso y del color de los ladrillos rojos al caer la tarde.

Y otro distinto, vertical, soleado y amarillo dijon desde la terraza de las Monsalvo.

Nazaré Lascano