jueves

Valientes

Snail Girl dormía con aspecto de bebé, con los ojitos convertidos en una plácida raya horizontal. Yo la imaginaba detrás de esas rayas en su refugio interior, en esa preciosa caracola en espiral que desde fuera daba vértigo y dentro albergaba el universo.

Viéndola dormir me di cuenta de que todo es un juego de espejos. Ella estaba físicamente en medio del universo, pero tenía dentro de sí su propio universo, incluido el que está fuera. Ella estaba, está, por tanto, dentro de sí (ensimismada).

Y yo, con mi pobre universo que está dentro de ella, y ella dentro de mí. 

Y ustedes que me leen y que me acogen en el suyo, imaginándome con el único dato de mi nombre, valientes, sin conocerme siquiera.


Terry Salgado

El disparo narrativo

El uso de la imaginación suele ser evocado por los autores mediocres de cuentos como la pértiga para saltar en sus textos sobre la vida. Sin embargo, la prueba de calidad de un relato proviene del hueco que un certero disparo narrativo ocasiona en nuestro ser.

Germán Gullón

Ser consciente

Los días en los que Snail Girl es consciente de que es una superheroína el relato se atasca, quiero decir que el saberse con poderes no le beneficia porque empieza a usarlos de forma abusiva y acaba perdiendo naturalidad y exagerando cada cosa que hace, borracha de poder.

Yo trato de mantener la calma y actuar con normalidad, pero veo con preocupación que se mueve más lenta de lo normal, que quiere agradar a todo el mundo todo el tiempo y que trata, una y otra vez, de recomponer aspectos de mí que ya no es posible arreglar, por más que cierre la puertas y abra las ventanas.

Terry Salgado


miércoles

Infinita

Amparo atraía (como un imán, como el vacío, como una hembra en celo) a todo el que cruzaba su vida con la vida de ella. 

Nadie podía darte una explicación a la primera, "¿Amparo? ¿La ciega?", pero después la mayoría olvidaba la duda y  pronunciaba la palabra misterio. 

Pero... ¿Qué misterio puede haber en una ciega? La respuesta era como el universo y como el propio misterio: la oscuridad inabarcable.

Nazaré Lascano

Expuesto

Ha muerto Agustín, ha muerto Agustín.

No soportaba oírlo, a los vecinos, a la familia, a los compañeros de trabajo.

Me sentía expuesta y que le exponía a él, como si su cuerpo muerto estuviese delante de todos, frente a sus puertas o tirado en el suelo en medio del corro de gente que hablaba.

Me resultaba más duro oír esa frase que verlo yo misma. muerto allí en medio, partiendo en dos la historia de mi vida.

Nazaré Lascano

Acuerdo tácito

A Tomás le gustaría hacer cine, pero sabe que el cine es luz y la luz que él necesita es la que se da en el momento único y estrafalario de la lluvia en un cielo soleado.

Sabe que rodar un largometraje manteniendo ese tono de luz acuoso es muy complicado, como complicado es mantener a los actores y las actrices con racor cuando las gotas de lluvia están cayendo constantemente en su ropa, en su rostro y en su cabello.

Por eso Tomás renuncia al cine, por eso y porque en el teatro es más fácil llegar a un acuerdo tácito con la gente.

Nazaré Lascano

Los que ven

Una noche, después de emborracharme con Amparo, soñé que la ciega era yo. 

En el sueño hablaba con autoridad de ciega y explicaba cómo no echaba de menos la vista y que incluso había empezado a olvidarme de los rostros de la gente que conocía. 

Entonces Amparo, que ahora veía y que nunca había sido ciega, me preguntaba cosas idiotas como si podía sentir deseo sexual sin ver un cuerpo o apetito sin ver un plato.

Me dio tanta vergüenza que me desperté. Y cuando desperté me dio más vergüenza.

Nazaré Lascano

martes

Volver a ser rara

Mamá fue una niña rara, no soportaba llevar zapatos y siempre iba descalza, además no aprendió a hablar hasta los cuatro años. 

En la adolescencia fue una chica extraña, hablaba en sueños y soñaba cosas terribles que nunca sucedían, a los quince años tenía un amigo imaginario que resultó ser real. 

De joven volvió a tener sueños premonitorios y a olvidarse de los zapatos. En muchas ocasiones fue a trabajar sin dormir y sin calzar. 

Cuando conoció a mi viejo creyó cambiar la rareza por el amor y descubrió el sexo, se casó, tuvo una casa y una  hija que cuidar y ahí empezó a desaprender el mundo y a aprender a hacerse una mujer ordinaria. 

Hasta que la suerte se puso de su parte y su marido la engañó primero y después se murió, y su hija la reescribió para que volviera a ser rara.

Nazaré Lascano

Cuando llaman a la puerta

Por las tardes, cuando llaman a la puerta pienso que es alguien que viene a tomar café.

lunes

Hay un orden en el cosmos

Hay un orden en el cosmos y el amor es una acto de violencia contra esto.

Ignatius Farray

Señalar

Las noches en que Jorge se perdía y Amparo volvía a casa sola y con los zapatos de la mano se acostaba a mi lado y me hablaba sin esperar a saber si yo estaba despierta o dormida.

Una vez metida entre las sábanas me contaba cómo todos sus amantes se pierden porque no saben caminar junto a una ciega, ni comer frente a una ciega, ni dormir, ni follar con una ciega, ni señalar a alguien con el dedo.

Recuerdo que me reí al oír lo del dedo y que Amparo, muy seria, me preguntó si yo era igual de tonta o si sabía señalar.

Nazaré Lascano

domingo

Relojes robados

Es difícil hacer una crónica sobre un reloj robado. Enseguida aparecen las metáforas como nubarrones y las reflexiones existenciales pasan sobre el caso, por muy interesante y negro que este sea.

De cualquier manera a mí me robaron el reloj una madrugada en la que bebí demasiado, y Darío Varona tuvo un caso extraño con una serie de relojes desaparecidos. Nuestras historias ni siquiera se cruzan, pero ambas caminan por las figuras retóricas como un hombre descalzo sobre las brasas.

Nazaré Lascano

sábado

Mis viejos

Mis viejos siempre celebraban su aniversario de boda. Era una situación que rozaba lo estúpido, no por la celebración en sí sino porque el resto del año no compartían más que un piso y una hija.

La mañana del aniversario podías verlos abrazados en mitad del pasillo o desenvolviendo  paquetitos con regalos que habían estado preparando durante días. 

Cuando fui consciente del sinsentido de todo aquello me hervía la sangre y deseaba gritarles a la cara que eran unos hipócritas y unos descerebrados.

Pero no lo eran, de verdad que no lo eran.

Nazaré Lascano

Castrar la tristeza

Hay mucha gente a la que le robaron el derecho a la alegría.

A mí me quitaron el derecho a la tristeza y, aunque parezca menos importante, es igual de castrador y frustrante.

Nazaré Lascano

viernes

Pequeñas identidades

Soy un agudo observador de asuntos irrelevantes.

Terry Salgado

La haitación de Barba Azul

Como en la casa de Barba Azul había en el sótano una habitación cerrada a la que teníamos prohibida la entrada. Siempre que recuerdo a Lorenzo recuerdo sus habitaciones cerradas.

Lupe y yo tratamos de no pensar en ese espacio porque sólo podía ser una trampa, quizás la razón de ser de todo aquello. Al principio la táctica fue no hablar de ello, pero descubrimos que de lo que no se habla se vuelve cada día más grande y cuando estaba apunto de estallar decidimos hablarlo sin tapujos.

Lupe fantaseó con un lugar blanco muy iluminado, con una cama grande en medio y un espejo cubriendo el techo. Si le preguntaba por qué blanco, por qué una cama en medio y por qué el espejo en el techo respondía "Cosas de Lorenzo, ya sabes".

Yo no sabía, pero pensaba en lo mismo que ella aunque no se lo decía.

Nazaré Lascano


jueves

Cosas vergonzosas

No hagas cosas vergonzosas, ni con otros
ni por tu cuenta; pues has de avergonzarte sobre todo ante ti mismo.

Practica la justicia en hechos y palabras […]
y sobre todo ten en mente que la muerte les está destinada a todos
y que las riquezas amasadas en otro tiempo perecerán en el siguiente.

Pitágoras (Apócrifo), Versos de oro

Aquella tonta aventura

Según me contó Lupe, el Soca se dormía con facilidad en cualquier sitio y, con la misma facilidad, ella le despertaba sin piedad para preguntarle qué había soñado. Al parecer el Soca se avergonzaba de aquellos sueños tan recientes y mentía a Lupe inventándose historias truculentas que taparan la verdad y que ella no creía, pero que escuchaba entre divertida y excitada.

Por alguna razón, nacida de lo más íntimo de su feminidad, a Lupe le excitaban las imágenes borrosas que el Soca dibujaba en su cabeza y que expresaba en voz baja con su vocabulario monótono de profesor de instituto.

A mí no me excitaba nada que saliera de la imaginación del Soca, pero sí que lo hacía con cada escena contada y mejorada por Lupe, con las historias que ella montaba para mí y que le daban sentido pleno a aquella tonta aventura.

Nazaré Lascano

El rastro mínimo

Snail Girl dibujaba de forma maravillosa en el vaho de los cristales. Con el dedo índice daba forma a rostros de héroes, animales fabulosos, castillos y catedrales inventadas.

Le gustaba porque sabía que duraba poco tiempo, pero siempre quedaba una marca, un rastro mínimo que hacía emerger el dibujo en el momento menos pensado.

Terry Salgado

El relato antepenúltimo

El lobo se pasea radiante por el relato antepenúltimo.


Vila-Matas (Entrevista de Ana Solanes)

Cuadernos Hispanoamericanos. Número 688

Desidia y olvido

Lupe y yo soñábamos con que el asunto del sótano acabase convertido en una feria que, como había ocurrido en otros casos morbosos y mediáticos, se instalasen cerca de nuestro escondite (en un radio razonable) una feria con atracciones infantiles, venta de souvenirs cutres, bares que sirvieran cervezas en vasos de plástico y puestos de hamburguesas y hot dogs.

Pero, a pesar de que toda la ciudad llevaba hablando meses de las pobres chicas del sótano y de que la prensa especuló con nuestra situación hasta el delirio, el día en que salimos por nuestro pie no hubo periodistas, ni ferias, ni cámaras de televisión, ni absolutamente nadie nos esperaba en la superficie. 

El drama había durado tanto que la incertidumbre se convirtió en desidia popular y el tiempo en olvido.

Nazaré Lascano

miércoles

No haber nunca sido

Si no fuera por esa estúpida nostalgia de su cuerpo (con actos sublimes como respirar, llorar, tocar, sentir frío o calor) Darío Varona podría asegurar de forma rotunda que era mucho mejor estar muerto o, mejor aún, no haber nunca sido.

Nazaré Lascano

Usted y yo

No hace falta estar muerto, como Varona, para saber que el mundo está sustentado sobre secretos. Estos secretos se van formando según las circunstancias lo requieren, pero adquieren su condición de forma natural, no por acción sino por omisión que es una manera laxa, a la vez que eficaz, para dar forma a algo eterno.

Los secretos, sin embargo, no tienen porqué ser eternos, hay ocasiones en los que por un conflicto, por un descubrimiento o por casualidad saltan por los aires. Es entonces cuando esa estructura que se ha creado a su alrededor salta también y la realidad adquiere otra forma en la que de nuevo habrá sitio para otros secretos.

Darío Varona fue consciente de que su presencia en el mundo de los vivos fue dañina como la de un grupo antisistema para el pequeño universo de los secretos personales. Un inspector de policía tiene entre sus obligaciones destapar secretos que la sociedad considera delictivos y los individuos parte de su vida, de una vida en la que pretenden conservar la inercia de su forma primitiva y que las leyes de los hombres ya han situado fuera de juego.

Los mundos que Darío Varona ayudó a que saltaran por los aires aún no se han expandido del todo. Usted y yo formamos parte de ellos.

Nazaré Lascano

martes

Matemática y ruina

Matemática y ruina son los nombres pictóricos del infinito.


Gabriel Albiac

Algo posiblemente deseable

A mí me gustan las tormentas. Cuando llueve hay charcos. Me gusta pensar en lo que se rechaza como algo posiblemente deseable. 

Me niego a aceptar el credo, la dictadura de lo bueno, de lo bonito, de lo alegre. Si tiendo a poner la mirada en un charco con respecto a un río, es solamente por una cuestión de justicia.

Camila Cañeque

lunes

Las debilidades de los malvados

Sí, hay lujuria en el dolor, así como existe una lujuria de la adoración e, incluso, una lujuria de la humildad. 
Si los ángeles rebeldes necesitaron tan poco para transformar su ardor de adoración y humildad en ardor de soberbia y rebeldía ¿qué habría que decir de un ser humano? 

Pues bien, ya lo sabes, eso fue lo que descubrí de pronto cuando era inquisidor. Y por eso renuncié a seguir siéndolo. Me faltó coraje para hurgar en las debilidades de los malvados, porque comprendí que son las mismas debilidades de los santos.

Umberto Eco, El nombre de la rosa

Bigotes y gafas

Entre los cuatro y los siete años le dibujaba bigotes y gafas a todos los personajes que aparecían en las revistas que había en casa. 

A los ocho les pintaba flores (girasoles, pensamientos y margaritas) en las manos, a los nueve años tupés y melenas, y a los diez empecé a pintarles pechos (enormes y pequeños) y penes (enormes) tanto a hombres como a mujeres. 

Entre los doce y los catorce, sin dejar del todo los pechos y los penes, les dibujaba alas y, en ocasiones, cuernos.

Después me avergoncé por haber estropeado tantas fotos y empecé a escribir y a disfrazar a mis personajes en cuadernos cuadriculados y folios en blanco.

Hoy he vuelto a los bigotes y las gafas.

Nazaré Lascano

domingo

Fotos descartadas

Mucho tiempo después de que Joana Yurineva abandonara su país, y años después de que la revista  para la que trabajaba hubiera cerrado, alguien encontró en el estudio fotográfico un archivo polvoriento con las fotos descartadas de las fotonovelas en las que trabajó.

Imágenes mal enfocadas, con malos encuadres, cabezas cortadas o actores descolocados, pero también otras sin ninguna imperfección notable, descartadas quizás porque Joana aparecía demasiado bella cuando la historia no lo requería, o miraba a la cámara con demasiada intensidad o en sus labios se leían palabras inadecuadas.

Nazaré Lascano

Borracha y vulgar

Me daba una pena inmensa ver a Amparo borracha y vulgar.

A pesar de que un poeta malo o un prosista posmoderno hubiera pudiera encontrar en sus excesos alcohólicos un contraste bello, yo sólo podía apenarme el verle manchas oscuras ensuciando sus blusas blancas, las pupilas nubosas desviadas y su (perfecta) mandíbula desencajada.

Aún en medio de la borrachera Amparo se sujetaba a su ser casi consciente y me pedía calma.
— Esto también pasa Naza, no hay botella sin final.

Y, con sonrisa bobalicona, volcaba la última de champán en su copa sin derramar una sola gota.

Nazaré Lascano

Una temporada por aquí junto a mí

Y si pretendes vivir
en paz contigo en el cielo,
antes tendrás que pasar
una temporada en el infierno.


Amor mío, si lo que quieres es vivir
en paz contigo en el cielo,
antes tendrás que pasar
una temporada por aquí junto a mí.


Nacho Vegas, Lo que comen las brujas

sábado

Naranja, rojo, azul y amarillo dijon

El barrio, con sus bloques de pisos, sus árboles desmadejados, sus plazuelas concéntricas y callejas, con sus coches de colores aparcados de cualquier manera, los solares llenos de basura, las tapias agrietadas, las antenas en los tejados, las tiendas, los bares y los mercados. 

En el barrio todo cambiaba según el día, la hora y las ventanas.

Desde las ventanas de mi casa era oscuro, laberíntico y azul metálico, desde las de Lupe era sucio, ancho y anaranjado, y desde el balcón de Dina era otro, desordenado, ruidoso y del color de los ladrillos rojos al caer la tarde.

Y otro distinto, vertical, soleado y amarillo dijon desde la terraza de las Monsalvo.

Nazaré Lascano


Viejas amantes

Me pregunté quién se le aparecerá a Snail Girl cuando es ella la que espera a su cita.

Tardé años en entender que preguntas como esa no tienen sentido.

¿Quién encontrará lo que yo pierdo?
¿Quién ocupará mi lugar en las camas de mis amantes?
¿Quién me mandará flores el último día?
¿Quién soñará conmigo?

Terry Salgado

A ti

Siempre que yo tenía una cita o esperaba a alguien Snail Girl se aparecía. 


Podía aparecer sonriente entre la multitud, surgir de los dibujos geométricos de una baldosa o salir de una grieta de la pared como una de esas chicas espléndidas que  salen de un pastel.


Aunque no la esperara, aunque verla supusiera tener que dar explicaciones a mi acompañante o trastornara mi cita, siempre provocaba en mí una felicidad añeja, un sentimiento íntimo que iba más allá del cariño o del amor, que surgía de los más profundo de mi interior y se escapaba al exterior por cada poro de la piel.


— Hola ¿esperas a alguien?


Y yo, como un actor de una película cursi, sólo sabía decir "A ti".


Terry Salgado

viernes

Mi nombre

Alguien llenó el barrio con mi nombre. Lo escribieron con pintura negra en las tapias, por las paredes y en blanco en mitad de la calle, sobre el asfalto.

Mis viejos lo vieron, los vecinos y los chicos de mi calle también lo vieron.

Sólo mi nombre, ningún insulto, ningún mensaje, sólo "Naza" ensuciando zócalos, piedras de arenisca, imitación a mármol y granito.

En él último grafiti, ya casi fuera del barrio, bajo mi nombre, escribieron "vuelve".

Nazaré Lascano

Dejar de querer

Supe, desde muy pequeña, que es imposible conocer a alguien. 


Por las tardes, cuando volvía del colegio miraba a mis viejos y sentía que no los conocía. 


Mamá delante del televisor, a veces dormitando a las seis de la tarde, y otras veces desaparecida, pasando la tarde fuera y volviendo a casa deprisa, a la hora de hacer la cena. O papá entrando al apartamento silbando, con las llaves del coche tintineando en sus manos, y más tarde hablando por teléfono en voz muy baja.


No sabía nada de ellos, dónde estaban, qué pensaban, que habían querido, que habían dejado de querer.


Nazaré Lascano

jueves

El número, el peso y la medida

Porque la arquitectura es el arte que más se esfuerza por reproducir en su ritmo el orden del universo, que los antiguos llaman kosmos, es decir, adorno, pues es como un gran animal en el que resplandece la perfección y proporción de todos sus miembros. 

Alabado sea Nuestro Creador, que, como dice Agustín, ha establecido el número, el peso y la medida de todas las cosas.

Umberto Eco, El nombre de la rosa

miércoles

La imagen

Cada vez que me afeitaba, en el momento en que me había cubierto toda la cara de jabón, aparecía Snail Girl sonriente, detrás de mí, reflejada en el espejo.


Siempre me sorprendía y siempre me asustaba. A veces ni siquiera estaba en casa cuando me empezaba a afeitar, pero no hubo una sola vez en la que no apareciera.


Cuando se fue estuve mucho tiempo sin afeitarme, no soportaba la idea de no ver su reflejo en el momento de cubrirme la cara de jabón. Hasta que un día, cansado de llevar barba, decidí afeitarme con la idea estúpida de que si conseguía dejar la mente en blanco y no pensar en nada podía salir con bien de aquel trámite.


Después de recortarme la barba con las tijeras me apliqué el jabón y en el momento justo de tener la cara cubierta apareció, como siempre, la imagen de Snail Girl. 


Entenderán que nunca he sido capaz de dejar la mente en blanco.

Terry Salgado

martes

La felicidad de las Monsalvo

Es injusto, inmoral y todos los adjetivos que se quieran añadir al hecho de que la felicidad de una familia como la de Lucía Monsalvo se decidiera en la mesa de una partida de póker. 

Sin embargo, si nos fijamos bien, la felicidad o la infelicidad de casi todas las familias se decide en partidas a menudo mucho más injustas que las de póker.

Nazaré Lascano

lunes

La hija

Marga, la mamá de Lucía Monsalvo, la que se volvió loca, me quería como a una hija. A menudo Lucía se quejaba, entre dolida y orgullosa, de que su madre "estaba enamorada" de mí. 

— Eres la hija que no tuvo, Naza.
— ¿Y tú?
— Yo soy la hija que tuvo.

Estaba claro que Lucía exageraba y que Marga nunca tuvo la cabeza en su sitio, o si alguna vez la tuvo se le olvidó que una no se enamora de las amigas de tus hijas.

De cualquier manera me sentí halagada, o algo que no sé bien cómo definir.

Nazaré Lascano


Más-menos veinte años

Uno de los terraplenes del barrio era una especie de yacimiento arqueológico donde podías encontrar cualquier cosa perdida, arrojada o escondida allí en los últimos veinte años.

Un yacimiento de más-menos veinte años si se calculara con alguna técnica de datación absoluta.

Cuando los chicos del barrio estábamos aburridos, o cuando a alguien se le ocurría sin más, íbamos hasta el terraplén y buscábamos entre los arbustos, la tierra y la basura. Era especialmente fructífero después de un día de lluvia y mejor aún tras una tormenta.

Podías encontrar figuras de porcelana a las que le faltaba algún miembro, carteras sin dinero pero con documentación en regla, aparatos de radio con las tripas fuera, libros mojados, muñecas desnudas, balones desinflados, ruedas de bicicleta, gafas de sol con un solo cristal o flores de plástico descoloridas.

Encontrar algo en el terraplén era como hallar el Santo Grial. 

Recuerdo haber ido a casa, envuelta el aroma dulce y húmedo del terraplén, con alguno de esos tesoros y guardarlo en lo más profundo de mi armario para que nadie lo encontrara. 

Aún debe de estar allí.

Nazaré Lascano

domingo

Pequeños descosidos

El universo tiene a primera vista pequeños descosidos que la supersimetría remendaría con un hilo invisible. 

Recuerdo entonces algunas decisiones de mi vida. Las que tomé y las que no. Por cada elección, alguien (ese doble invisible) eligió la contraria. Mientras yo me quedaba, él se marchaba. Mientras yo callaba, él hablaba. 

No lo envidio, pero lo tengo en cuenta. Quizá gracias a él la suma de lo que soy resulta más equilibrada, aunque nunca llegue a conocerlo.

Juan José Millás, Lo que existe y lo que no, El País, 19/04/2026



Cadáveres en el armario

Me daba cierto reparo el bigote áspero y tieso de Saúl. Era un miedo irracional, atávico y seguramente femenino que, por tanto, era más fácil superar que explicar.

No me importaba intentarlo, es más prefería intentarlo a soportar una de esas jornadas eternas de seducción con la tabarra correspondiente de autobombo y medias verdades que muchos hombres usan creyéndose que no se les ve el cartón.

Por eso cuando, a la segunda cerveza, Saúl insinuó con ojos de borrego que debíamos buscar un lugar más tranquilo yo, harta de palabrería y de sus vergonzosos jueguitos de seductor, le dije inmediatamente que podíamos ir a su casa.

Por desgracia mi proposición le descolocó, aquel imbécil debía tener algún cadáver en el armario y no estaba dispuesto a llevarme a su piso.

Nazaré Lascano


sábado

La primera piedra

Calafell se escondió en su despacho. 

Llegó sobre las once de la noche, después de cenar en casa, saludó a los guardias de la entrada y se dispuso a pasar la noche sentado delante de su escritorio.

No se fijó en una mujer de unos treinta años, con los ojos enrojecidos, que esperaba su turno en un banco de madera.

La primera hora estuvo ordenando papeles, después apagó la luz y se dispuso a esperar. Ya estaba dormido cuando la primera piedra hizo estallar el cristal de la ventana.

Nazaré Lascano

viernes

Proximidad de la noche

En esto se oyeron los temibles truenos de la tempestad que no había permitido la salida de la flota y empezaron a caer gotas de lluvia. 

Al principio estas gotas aumentaron la fuerza de la hoguera e hicieron que las llamas comiesen enteramente los pies y los brazos de la bruja, pero cuando el agua cayó a torrentes la hoguera empezó a amortiguarse y la bruja quedó libre de las llamas. Pero ya no era una bruja. Era media bruja. 

Se veía que estaba viva, pero se comprendía que no podía vivir. Ella, sin embargo, no moría. Conservaba los ojos abiertos y no cesaba de mover los labios como si rezara...

Los verdugos se apresuraron a encender otra vez la hoguera y luchaban contra la lluvia, pero pasaron más de dos horas sin poder conseguir que la bruja ardiera. Ya se aproximaba la noche y aún faltaba otro reo.

Carolina Coronado, La Sigea

jueves

Su mundo

En mi opinión, Van Velde es... el primero en reconocer que ser artista es fracasar, que nadie más fracasa así, que el fracaso es su mundo. 

Samuel Becket

miércoles

La eternidad

Snail Girl quería hacerse unas fotografías para el carné. 

Decía que no las necesitaba, pero que le hacía ilusión ir a un estudio fotográfico, sentarse delante del fotógrafo, pensar en quién miraría sus fotos cuando ella no estuviera y poner, por tanto, cara de eternidad.

Terry Salgado

martes

Añicos

El mismo Calafell cambió el cristal de su despacho. El inspector era uno de esos hombres que se enorgullecen al hacer los trabajos manuales por sí mismos. Una pieza bien medida y mejor cortada, unos alicates, unas puntas minúsculas, un martillo pequeño y un poco de masilla eran suficientes para tener una ventana como nueva.

Con el trabajo acabado, Calafell sonrió como un niño mirando al exterior bajo el sol de las doce de la mañana iluminando la calle sin un sola sombra y, por un momento, tuvo la ilusión de que todo iba a salir bien.

A la mañana siguiente el cristal volvía a tener una pedrada, esta vez había quedado hecho añicos.

Nazaré Lascano

La trama

Alguien había tirado una piedra contra el cristal de la ventana del despacho de Calafell el domingo por la noche. No se había roto pero había formado una especie de tela de araña que se desplegaba a partir del lugar del impacto.

Calafell se encontró con el cristal roto cuando entró a su despacho la mañana del lunes, preguntó a los agentes y a los inspectores, pero nadie había visto ni oído nada. ¿Cómo era posible que en una comisaría de policía en el centro de Madrid y en medio de una guerra nadie hubiera visto quién apedreaba una ventana de un edificio protegido?

De pie, mirando a través de la estrella asimétrica formada por el impacto, Calafell veía a los peatones caminar con una falsa seguridad, como por las páginas de una novela con buena trama y un final mal escrito.

Nazaré Lascano

lunes

Masculinidad

Para que Sonia Ricco lo tomara en serio, Darío Varona llegó una noche de sábado a su apartamento con la cara rota, la camisa salpicada de sangre y oliendo a alcohol.

Cuando Sonia vio a Darío delante de su puerta con ese aspecto de inspector de novela y cortes en los pómulos, no tuvo duda de que se los había hecho él mismo. 

Darío nunca lo desmintió, pero cuando Sonia le ayudó a desnudarse y meterse en la bañera sintió algo parecido a la satisfacción de la masculinidad.

Nazaré Lascano

La doble circulación

Varona descubrió, como el que descubre la doble circulación sanguínea, que todos los asesinatos de los que se hizo cargo el último año tuvieron lugar el domingo por la mañana. 

Como las excepciones siempre ayudan a entender una teoría incluyó el de la viuda Terroni, aunque tuvo lugar en la madrugada del lunes.

Nazaré Lascano