Del laberinto al treinta
Apuntes inconexos sobre terremotos, mariposas,causas y azares.
martes
Volver a atrás
Nunca jamás con Snail Girl
De niño nunca me contaron un cuento de Snail Girl, aunque después supe que había muchas historias que hablaban de ella con otro nombre.
De adolescente nunca leí un cómic de Snail Girl, aunque después supe que muchas heroínas del cine copiaron su aspecto y sus diálogos.
Debe ser por eso que cuando la encontré de adulto no la reconocí.
Terry Salgado
Honor
Se jugaba cuando comenzaba a hacer frío y consistía en que dos chicos, frente a frente, debían agarrar, cada uno, un extremo de una goma elástica y estirarla todo lo que les fuera posible.
El primero que no aguantaba y soltaba su extremo perdía, aunque era el ganador quien se llevaba el golpe en los dedos.
No he visto juego más honorable en el mundo.
Nazaré Lascano
lunes
El sentido de la frase
Algunas de esas mujeres se comunicaban entre sí con mensajes, moviendo las sábanas en un lenguaje que sólo ellas conocían.
Aquel idioma secreto tenía una gramática en la que no sólo eran importantes los movimientos y las formas que adoptara la sábana, sino que olores, arrugas y manchas podían marcar una diferencia de matiz que cambiara por completo el sentido de la frase.
Nazaré Lascano
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El sagrado principio de incertidumbre
De lunes a viernes
Por las mañanas, cuando caminaba hacia el instituto, podía ver cómo de las ventanas de los apartamentos de los edificios nuevos del barrio salían sábanas blancas que ondeaban al aire como banderas, sujetadas todas ellas por manos de mujeres.
¿Cuántas podrían ser? ¿Diez? ¿Quince? ¿Veinte sábanas? Ocurría durante todo el curso, de lunes a viernes, como un baile de animales fabulosos.
Otra chica más sensible quizás hubiera imaginado mariposas blancas saliendo de la crisálida, pero en esos años yo aún creía en las revoluciones e imaginaba detrás de esas ventanas a mujeres aireando el aroma de una noche de sexo y haciendo desaparecer el olor de sus amantes, antes de que su marido, jugador, policía, bebedor o periodista, apareciese por la puerta a primera hora de la mañana.
Yo, que por entonces era una romántica, veía el futuro perfecto entre las sábanas de esas mujeres.
Nazaré Lascano
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domingo
La butaca ocupada
En el cine yo llegaba siempre antes que Snail Girl, compraba las entradas y le dejaba la suya en la taquilla, después la esperaba en la sala, guardándole un sitio a mi izquierda.
Ella tardaba siempre más de la cuenta y me veía obligado a decirle a muchas chicas que aquel sitio estaba ocupado, alguna incluso volvía al rato para probar suerte y ver que no le estaba engañando.
En una ocasión en la que pensé que ya no vendría, le dije a una de esas chicas que podía sentarse a mi lado. Cuando, a los diez minutos de empezar la película, Snail Girl apareció, sentí como se dio la vuelta en medio de las luces apagadas.
Terry Salgado
Imperfección
Me sorprendió que llevara agujereada la ropa interior. Pensé como una tonta que aquello era un golpe de imperfección en medio de una habitación de hotel de 1000 dólares la noche.
No dio explicaciones, no recurrió a hablar del interior o de lo importante, ni siquiera hizo bromas con aquello. Tampoco se avergonzó.
— Es así Naza, llevo estos calzoncillos desde hace tiempo y la goma se va desgastando.
Recuerdo que yo estaba descalza y que la moqueta me hacía cosquillas en la planta de los pies, que miré hacia abajo para poder pensar qué decir y vi que mis uñas estaban mal cortadas, como si alguien me las hubiera mordisqueado.
— Yo tengo unas braguitas igual.— Pero seguro que no te las pones para salir de casa.
Salté a la cama y oculté mis pies bajo bajo las sábanas.
— No, si he quedado contigo.
Lorenzo subió también a la cama, las uñas de sus pies estaban perfectamente cortadas.
Nazaré Lascano
sábado
Se recuerda todo
Al principio, como todos, no pensó que estaba muerto, o quizás sí lo pensó, pero siguió haciendo vida normal. Después siguió haciendo vida normal, pero sabiendo que estaba muerto.
Le sorprendió que el escenario de la muerte no fuera una calle de una ciudad de interior vacía de gente una tarde de domingo, en verano.
En la muerte se recuerda todo porque el tiempo no existe.
Nazaré Lascano
Un patrón de 3/4
En el barrio había casas que crujían, cada una lo hacía a su manera, en su propio idioma y con su acento particular.
De las que yo conocía la que más me gustaba como lo hacía era la de los viejos de Lucía Monsalvo.
Al contrario que la mayoría de las casas, a las que sólo se las oía hablar por la noche, esta tenía un crujido que se podía sentir a cualquier hora del día. Se trataba de un murmullo con cierto ritmo de vals que recordaba al chasquido de una piedra de pedernal contra la madera seca.
Ellos, los habitantes de la casa, no podían oírlo, pero si les hacías callar y les señalabas con paciencia el tono y los cambios de ritmo, podían desconectar el piloto automático y sentir ese compás con un patrón de 3/4, con un crujido fuerte en el primer tiempo y dos suaves en los siguientes.
Nazaré Lascano
viernes
Viñetas en blanco y negro
Los días de viento corrían por las calles del barrio papeles y cartones, latas oxidadas y alguna prenda de ropa desprendida de los tendales.
Si había suerte volaban hasta la puerta de casa revistas viejas, rasgadas y revueltas, con aspecto de pájaros asustados que yo rescataba antes de que llegara mi madre o la lluvia.
En una de esas revistas, con las páginas dobladas por el viento, estaba Joana, recluida en una retícula de viñetas en blanco y negro, con el rostro perfecto salpicado por alguna gota, roto en las esquinas, y que yo acariciaba, con las yemas de mis dedos, a escondidas.
Nazaré Lascano
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Las novelas nórdicas
— En los primeros meses aprendí que las pistas emergen de la superficie los días de lluvia y que en los días de mucho calor se esconden en la penumbra, tras las persianas.— ¿Hasta tal punto influye el clima en una investigación?— El clima es una de las patas principales en el crimen y en su resolución.— ¿Se mata más con frío o con calor?— Con calor, a pesar de lo que dicen las novelas nórdicas.
Nazaré Lascano
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Vibración
Suponiendo que digamos sí a un solo instante, al hacerlo no es solamente a nosotros a lo que hemos dicho sí, sino a toda la existencia.
Nada, en efecto, tiene consistencia por sí solo, ni en nosotros ni en las cosas; y si nuestra alma ha vibrado, como una cuerda, y resonado de felicidad una sola vez, entonces todas las eternidades eran necesarias para producir tal acontecimiento, y la eternidad toda entera queda, por ese instante único de nuestra aquiescencia, salvada, rescatada, justificada y aceptada.
Nietzsche, La Voluntad de Poder
jueves
El punto de referencia del viento
El viejo de Lucía Monsalvo había colocado en su casa una bandera nacional. Estaba situada en una esquina de la terraza, en la parte más alta de un mástil blanco, tan alto que daba vértigo mirar hacia arriba.
Todo estaba a favor para que aquella bandera hubiera sido un punto de referencia en el barrio, pero por alguna razón allí, en la esquina donde estaba situada la casa de Lucía Monsalvo, no corría el viento y la bandera jamás se desplegó del mástil.
Hasta el día de su muerte en que un viento cargado de humedad hizo ondear la bandera de forma orgullosa.
Cuando la mamá de Lucía se enteró la arrancó con sus manos.
Nazaré Lascano
El mantel
Ahora recuerdo, porque quizás mi memoria lo quiso ocultar hasta este momento, que los manteles que cubrían la mesa del comedor cuando almorzaba con ellas tenían unas manchas perfectas que sacudían la belleza impoluta de aquella casa de una manera trágica.
Yo hacía como si no existían, pero mi vista tropezaba con aquellos islotes resecos cada vez que trataba de alcanzar el pan o cuando quería tomar mi copa o pedir el juego de vinajeras.
Lo peor llegaba a los brindis, en esos momentos el ceremonial se venía abajo por culpa de aquellas manchitas que salpicaban la superficie espléndidamente lisa y blanca del mantel de hilo.
Y nadie más que yo parecía verlo o darle importancia.
Nazaré Lascano
La cabeza del escritor
Tomás escribió durante varios años, entre cuatro y cinco, sobre cómo las representaciones teatrales matan a la obra.
En una de sus muchas conclusiones sostenía que las obras más puras son aquellas que no se representan nunca. En el capítulo treinta y dos, Tomás teorizaba sobre si los ensayos teatrales también pervertían la obra o si por el contrario la hacían más humana.
No llegaba a ninguna conclusión vinculante, pero en el artículo sesenta y tres demostraba que la mejor obra es la que queda en el cuaderno del dramaturgo.
Años después, siendo ya director, se avergonzó de lo que había escrito, ahora sabía que la mejor obra es la que nunca salió de la cabeza del escritor y, por tanto, envidiaba a cada persona anónima con la que se encontraba y que nunca había escrito (ni siquiera pensado) un solo diálogo de ficción.
Nazaré Lascano
miércoles
Los mamarrachos
Luis G., como todos los hombres solos, estaba cansado de ver en el cine, leer en los libros y escuchar en las canciones a otros hombres solos.
Le repugnaban, especialmente, las historias de salvación, las vidas al límite que son salvadas en última instancia por una mujer que llega a lomos del azar a rescatar la vida ínfima del protagonista.
Estos hombres, que ya no están solos, cuentan entonces en largos monólogos, en conversaciones húmedas o en estribillos de canciones cómo esa mujer apareció de repente y les salvó cuando ya no tenían esperanza.
Luis G. se ríe de esos mamarrachos porque sabe que la esperanza es igual de ruin que la desesperanza, pero más mentirosa.
Nazaré Lascano
Invocaciones
Hay personas que para pasar una mala época o superar los malos tiempos se refugian en lo espiritual, Luis G. lo hizo en lo carnal, invocando para sí mismo el cuerpo del delito.
Nazaré Lascano
Una tarde de calor
— ¿Qué dices? ¿Hay estadísticas?— No sé si hay estadísticas, pero cualquier policía sabe que es así.— ¿Y hay alguna razón?— El calor oculta a la gente, es difícil buscar a alguien una tarde de mucho calor.— ¿Te ha ocurrido?— ¿A mí? ¿Que si he desaparecido una tarde de calor?
Carolina ríe.
— Que si has tenido que buscar a algún desaparecido.— Muchas veces. ¡Ah!, y sí, yo también he desaparecido algunas tardes de calor.
Nazaré Lascano
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La mañana siguiente
La tarde que murió su madre, Lorenzo conducía de vuelta a casa. Al llegar vio desde su automóvil como la gente estaba arremolinada junto a la casa familiar, vio a sus dos tías correr desesperadas de un lado a otro y a su propio padre llorar con la cara entre sus manos, sentado, (casi tendido) en el banco de la entrada.
Lorenzo siguió de largo y estuvo conduciendo toda la noche y parte de la mañana siguiente.
Nazaré Lascano
martes
Volver al pensamiento
— No sé, crímenes filosóficos, poéticos, políticos.— ¿Los políticos no están incluidos en el cajón de la vulgaridad?— No, si no está por medio el dinero.— Sí que eras joven cuando pensabas así.— Cuando todo acaba vuelves a tus pensamientos.
Nazaré Lascano
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La llegada incierta
La gente que no tiene una novia como Snail Girl caminan hacia adelante, toman el trayecto más rápido y usan la línea recta como referente espacial y temporal.
Con Snail Girl nada de eso tiene valor, el espacio y el tiempo, para ella, giran y vuelven sobre sí constantemente o, en su defecto, todas las veces que sea necesario.
Así, mientras un paseo de una pareja convencional tiene su punto de salida, su itinerario, sus puntos intermedios, sus lazos e intersecciones y, por último, tiene su llegada que suele coincidir con la salida; en el caso de nuestros paseos, la salida puede estar en el punto de origen o a mitad de camino, las vueltas hacia atrás son probables o necesarias, los puntos de intersección son nudos a menudo irresolubles, los giros constantes y simétricos, la distancia relativa y la llegada incierta.
Terry Salgado
Crímenes vulgares
— Al principio de mi carrera esperaba que cualquier crimen no tuviera un trasfondo vulgar.— ¿A qué te refieres con vulgar?— Esperaba que no fuera un crimen por dinero o por posesión de algo o de alguien.— ¿Para ti eso es vulgar?— No hay nada más vulgar que el dinero y la posesión.— Me temo que todos los crímenes tienen uno de esos componentes, además del sexo, claro.— El sexo está relacionado con los otros dos.
Nazaré Lascano
Monstruos
En el dormitorio teníamos un enorme armario empotrado de puertas correderas que ocupaba toda la pared. Cuando se levantaba de la cama y se iba de casa Jorge lo dejaba siempre abierto, y a mí me entraba una angustia enorme e inexplicable dormir con las puertas del armario abiertas.
Se lo dije varias veces, se lo pedí por favor, al principio riendo y cuando vi que no me hacía caso se lo rogué, casi angustiada como una niña pequeña. Jorge se sonreía y me decía que no me preocupara, que la próxima vez lo dejaría cerrado para que ningún monstruo pudiera salir de allí.
Pero siguieron saliendo monstruos hasta el último día.
Nazaré Lascano
lunes
La triada
A Darío le enseñaron en la academia que un individuo puede presentar señales de conductas homicidas desde la infancia.
Cuando fue inspector, Darío Varona se dedicaba a buscar en la infancia de los sospechosos de homicidio la Triada de Mcdonald, teoría que sostiene que los individuos que de niños practican el maltrato animal, la incontinencia urinaria y la piromanía, serán adultos homicidas.
Hasta que una noche, hipnotizado por las llamas de una hoguera, recordó de repente, que él mismo de niño maltrataba a los perros del barrio, mojó la cama hasta los catorce años y una tarde en la que se quedó solo prendió fuego al salón de los abuelos.
Nazaré Lascano
La sed
Entre las costumbres que no entendía de Snail Girl estaba la de pedir vasos de agua a cualquiera y en cualquier circunstancia.
Varios vecinos vieron como Snail Girl llamaba a sus puertas a la hora del almuerzo, durante la siesta o a las cuatro de la mañana para pedirles, por favor, un vaso de agua.
Snail Girl tenía siempre sed, pero sobre todo tenía curiosidad por ver los vasos que le ofrecía cada vecino.
Terry Salgado
domingo
Lo que tenía que haber pasado
Los primeros años de policía Darío Varona cometía errores que, de haber tenido superiores más inteligentes, habrían terminado con su carrera antes de haber empezado.
Quizás es lo que tenía que haber pasado, quizás eso hubiera reajustado el mundo.
Nazaré Lascano
La montañita
La inspección de la cocina fue aún más entretenida.
Los billetes guardados en bolsas de plástico en la nevera no fue lo más llamativo que encontramos. En uno de los armarios había un bote de cristal de unos cincuenta centímetros lleno hasta arriba, demasiado lleno.
En otro armario gemelo había un bote de azúcar exactamente igual.
Descubrí el primero, abrí la tapa, metí los dedos índice y corazón y me llevé unos granos a la boca.
— Sólo es sal.
Darío que estaba mirando el armario de la izquierda miró con un interés que yo pensé que sólo era pose de inspector.
— ¿Sólo? Aquí hay uno con azúcar.— Azúcar y sal.— Es raro que no ponga lo que es en los botes.— Bueno, están separados, simplemente sabía que el azúcar estaba a la izquierda y la sal a la derecha.
Cuando lo dije me di cuenta de lo que me cuesta ponerle género masculino al azúcar.
Darío Varona abrió la tapa de cristal del bote de azúcar y lo vació en la mesa de la cocina. Al hacerlo algo chocó contra la madera. Era un reloj de pulsera, con sus dos agujas moviéndose de forma imperceptible. Estaba lleno de granitos, Darío lo sacudió con delicadeza y miró la esfera que retrasaba una hora exactamente.
Cuando terminó me pidió el tarro con la sal, lo vació encima de la montañita de azúcar sobre la que cayó un segundo reloj, igual que el primero con la diferencia de que este marcaba una hora más de la oficial y dos más que su compañero del azúcar.
Nazaré Lascano
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Rebeca Terroni
sábado
A salvo de metáforas
¿A estas alturas del relato alguien duda de que la intención de Tomás es llegar hasta el sótano donde están secuestradas las chicas cavando (literalmente) el suelo del escenario?
¡Ya está bien de metáforas! Cavar significa cavar.
Todo lo que hacen los personajes de esta historia está a salvo de metáforas.
Nazaré Lascano
Luz interior
Darío entró en la casa y fue directo a la nevera. Se le iluminó la cara con la luz interior del frigorífico, pero la sensación que dio hacia el exterior fue que el hallazgo de los yogures le había llenado de felicidad.
Casi nadie sabe que un yogur es para un inspector como la prueba del carbono 14, su fecha de caducidad dice cuánto tiempo hace que ocurrió el asesinato o la desaparición del dueño de esa casa. También pueden llevarnos con su código de barras hasta el supermercado donde se compraron y saber en qué momento fue y, a partir de ese dato, poder buscar en las grabaciones de las cámaras de la tienda y preguntar a las cajeras por si alguna recuerda algún detalle de ese día.
Darío leyó la fecha impresa en la tapa como el que lee la combinación de una caja fuerte.
Nazaré Lascano
viernes
Mayra
Cuando murió la abuela mamá quiso parecerse a ella. Lo primero que hizo fue seguir pagando a la chica que la ayudaba en casa. Se llamaba Mayra, era una chica morena de brazos fuertes y una mirada negra y profunda. El día del funeral mamá se acercó a ella y la abrazó como no abraza a nadie, después le dijo que la seguiría pagando su sueldo igual que si la abuela siguiera viva.
Mayra aceptó porque no supo qué decir y porque necesitaba ese dinero.
Durante varias semanas Mayra limpiaba, hacía la colada y cuando no tenía nada más qué hacer se sentaba a ver la televisión al lado de un sillón vacío. Por las noches se acostaba en su cuarto y parecía que oía a la abuela toser.
Cuando todo estuvo limpio y colocado Mayra llamó a mamá para preguntarle qué podía hacer para ganarse su sueldo. Mamá le dijo que no sabía, que hiciera lo que hacía cuando vivía la abuela. Pero Mayra no podía hacer como si todo siguiera igual.
Cuando cobró el sueldo del primer mes sin la abuela, Mayra sintió mucha vergüenza, pero mamá se sintió más cerca que nunca de su madre y le pidió a Mayra que siguiera en la casa.
Un domingo fuimos a comer a casa de la abuela.
Nazaré Lascano
Alguien misterioso
Aunque lo parecía nunca fui una niña buena. En algunas ocasiones me hacía pasar por otra, de vez en cuando me moría de envidia, casi siempre mentía y alguna vez robaba.
Recuerdo cómo cuando tenía dieciséis años le quité a mamá un anillo de oro con una piedrecita verde a la que ella llamaba esmeralda. Siempre me gustó ese anillo, era muy pequeñito y mamá se lo ponía los días de fiesta en el dedo meñique.
Le oí contar cientos de veces cómo alguien, un admirador misterioso, se lo regaló cuando era muy joven y, por alguna razón, a mí me daba mucha rabia escuchar aquella historia.
Un día de diario en el que no había nadie en casa saqué el anillo del joyero y me lo llevé. Al día siguiente mi madre ya lo echó de menos, sospechó de todos, también de mí y, al verme acorralada, lo llevé al instituto entre mi ropa interior y se lo regalé a un compañero.
Durante todo el curso ese chico del que no recuerdo su nombre creyó que éramos novios.
Mamá nunca recuperó el anillo y jamás volvió a contar la historia del admirador misterioso.
Nazaré Lascano
jueves
Los fenómenos naturales
Yo no lo sabía, pero también se puede tener celos de objetos, de momentos ya pasados y de los fenómenos naturales.
Cuando conocí a Snail Girl tuve unos celos enormes de los parterres apartados de los parques, de la lluvia fina y del tiempo lento.
Terry Salgado
Nada que perder
Hacía semanas que H. salía a pasear sin la bolsa y sin la pistola oculta dentro de la bolsa. Pero hoy debido al calor, a la ausencia de nubes o a que Linda no estaba en casa a la hora del almuerzo, H. ha buscado la bolsa, ha metido una camiseta arrugada de ella, una sudadera y unos calcetines de tenis y ha ocultado en medio de todo la pistola.
Después ha salido a la calle a pasear y se ha dado cuenta de que con la pistola cerca las calles son otras calles, la gente es distinta y, especialmente, las mujeres que aunque están igual de lejos le miran como se mira a los hombres que no tienen nada que perder.
Nazaré Lascano
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H.,
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miércoles
Corazones abombados
Los días de lluvia Snail Girl salía a la calle y repasaba con la yema de sus dedos los grabados que el tiempo y los viandantes van dejando en las paredes.
Le gustaban, sobre todo, las iniciales poco profundas, los corazones abombados, las estrellas de cinco puntas o los muñequitos mal dibujados.
A veces, si la lluvia persistía, yo me volvía a casa y ella se quedaba mucho tiempo colgada y extasiada de uno de esos grabados.
Terry Salgado
Leer sin pasión
Aprendió a caminar por el piso sin casi poner los pies en el suelo. Aprendió a abrir y cerrar cajones sin apenas tocarlos, sin huellas y sin ruido.
En la segunda visita Darío encontró la caja de las cartas. Aprendió a leerlas sin pasión, apenas con cierta curiosidad.
Aprendió a no arrugarlas, a no derramar lágrimas y a no subrayar los aspectos más destacados.
Nazaré Lascano
Mover el culo
Una mujer paseaba por la plaza con un cochecito de niño. Todo parecía normal, si acaso la mujer era demasiado bajita, de aspecto redondeado, y el color del cochecito era exactamente igual que el de su vestido.
— ¿Fue eso lo que te hizo sospechar?— No sé, supongo que sí. Además...— ¿Sí?— Paseaba con demasiada lentitud y movía el culo demasiado.— ¿Movía el culo?— Una madre no mueve el culo así.
Carolina se echa a reír. Cree que debe enfadarse por el comentario de Darío, pero la verdad es que le ha hecho gracia.
— ¿Cómo es eso de que una madre no mueve el culo?— No cuando lleva un cochecito, aquella mujer tenía un culo demasiado grande embutido en un vestido demasiado corto del mismo color del cochecito.— ¿No llevaba ningún niño?— Casi, llevaba un muñeco de estos que parecen bebés auténticos.— No me digas.— Era perfecto. Cuando levanté la capota para comprobarlo pensé que era un bebé de verdad.— Pero la pillaste ¿no?— La pillé más tarde porque cuando se marchaba dejó de mover el culo.
Nazaré Lascano
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martes
A punto de caer
Si estábamos en su casa no había problema, su madre nos dejaba subir a una enorme mesa de madera que tenían en el salón, allí arriba pasábamos la tarde, estudiábamos, bailábamos o tomábamos la merienda.
En mi casa era más complicado, mi madre sólo nos dejaba usar la mesa de la cocina que era demasiado pequeña e inestable. a mí me ponía de malhumor, pero Lupe disfrutaba como una niña pequeña cada vez que la mesa se movía y estábamos a punto de caer al suelo.
Nazaré Lascano
Sucio y sonriente
Una noche, en el camino a casa, después de haber estado en la cama con la ciega, Jorge detuvo su coche en medio de la avenida San Martín, puso el freno de mano, dejó las luces encendidas y bajó por la puerta del copiloto.
Jorge dejó el coche abandonado como el que deja un buen recuerdo, caminó en dirección norte y no paró hasta llegar a casa. Cuando apareció por la puerta del dormitorio yo ya me estaba levantando para ir a trabajar, recuerdo que estaba sentada en la cama poniéndome los zapatos. Jorge apareció sucio y sonriente, enseñándome las palmas de las manos y murmurando "No tengo nada".
Al principio pensé que sólo llegaba borracho, pero enseguida vi que además venía vacío. Le ayudé a meterse en la cama y le dejé durmiendo.
Cuando volví por la tarde me preguntó por su auto.
Nazaré Lascano
La imaginación de los celosos
No se engañen, por la ciega sentí celos, eran pequeños, suaves, podía llamarlos celitos si no fuera una pavada.
Me los imaginaba con el terror y la furia con la que imaginan los celosos, ella recorriendo desde la oscuridad el cuerpo de Jorge con sus manos de ciega, inventando su forma, recorriendo su sexo, figurándose en su mente el color de su piel.
Y él, como siempre, distante y malcriado, mirando al frente como si ni ella ni yo existiéramos, saliendo de la casa al alba, olvidando presente y pasado.
Podía ver las paredes del apartamento, el color de la madera clara de las puertas, el ruido del agua saliendo del grifo de madrugada, el olor del café. Me imaginaba a la ciega con su risa de ciega vistiéndose por la mañana, sin dificultad, y fallando estrepitosamente con los zapatos.
Y después caminando con dificultad, pero llena de dignidad, por la avenida, hasta la parada de taxis.
Nazaré Lascano
lunes
El método del éxito
Al contrario de lo que hacía el resto de investigadores de la policía que utilizaban el método deductivo Darío Varona usaba el método inductivo.
De esta manera, mientras sus compañeros iban de lo general a lo particular y llegaban a limitar un hecho concreto, Darío iba de lo particular a lo general y acababa teorizando sobre crímenes que tenían su origen en otro lugar o, más a menudo, en otro tiempo.
Esto le proporcionó enormes fracasos y éxitos extraordinarios, en ocasiones tan grandes que nadie los entendió del todo.
Nazaré Lascano
Un libro cerrado
Me gusta quedar con Snail Girl en la biblioteca, vernos allí sin haber quedado a ninguna hora, encontrarnos sin habernos buscado.
En realidad yo sí la busco a ella.
Cuando entro respiro hondo, y me paseo distraído entre las estanterías, y acaricio con las yemas de los dedos los lomos de los libros tratando de encontrar su rastro.
No voy a hacer un triste listado de los títulos por donde ha pasado Snail Girl, porque no voy a la biblioteca por ellos sino para verla sentada, junto a una ventana, bajo un rayo de luz, con un libro cerrado sobre su regazo.
Terry Salgado
La línea imaginaria
Siempre que cortaba pan con un cuchillo de sierra Jorge me miraba con curiosidad, de una manera que no se suele mirar a quien corta pan, arrobado como un santo católico, casi con placer.
Cuando le preguntaba por qué me miraba así sonreía, o se ponía colorado y trataba de explicarse con frases de todo tipo:
"Nunca vi cortar el pan tan bien como lo haces tú"."En mi casa teníamos prohibido cortarlo con cuchillo"."Me encanta cómo brillan tus ojos cuando me miras después de cortar el pan"."Cuando estas cortando pan siempre estoy temeroso, esperando que te cortes en la mano y tu sangre nos salpique al pan y a mí"."Cada vez que usas el cuchillo siento cada movimiento de la sierra en el interior del vientre"."Me quedaría a vivir contigo para siempre por la manera en cómo pones la mano izquierda sobre la barra, ajustas el cuchillo con la derecha, introduces el pico y vas serrando, poco a poco, con firmeza, sin salirte de tu línea imaginaria".
La vida junto a Jorge fue como esa línea.
Nazaré Lascano
Contra la melancolía
Mientras que hay muchas mujeres que durante los atardeceres lluviosos caen en la melancolía, Snail Girl conservaba el aspecto de una diosa nórdica en medio de una fiesta de fin de año.
Terry Salgado
domingo
Su yo despierto
Jorge decía que le ponía nervioso cuando, en mitad de la noche, yo hablaba en sueños.
Creo que mi subconsciente lo entendió y dejé de hacerlo. Y creo que, por eso mismo, yo no le dije que él también hablaba en sueños y que su subconsciente decía cosas más interesantes que su yo despierto.
Nazaré Lascano
Nada más subversivo
No hay nada más subversivo que indicar mal tu dirección. Puedes hacerlo al pedir una pizza, al contratar banda ancha para Internet, en un contrato de trabajo o, si eres más valiente, puedes indicarle una dirección falsa al banco o al médico.
Yo empecé a hacerlo con los paquetes de Amazon y ante el éxito conseguido continué con mis amantes.
Terry Salgado
Ejercer la fuerza necesaria
Poco antes de conocernos Jorge salió con una chica a la que, lo supe tiempo después, engañó conmigo.
Jorge la vio por primera vez desde una ventana de su apartamento, una noche de sábado. La siguió con sus prismáticos en un paneo doméstico a lo largo de la avenida sólo porque iba vestida con una falda muy corta, pero la panorámica terminó con la chica parada enfrente de un tipo al que no distinguía bien y al que Jorge en principio envidió.
Jorge apartó los prismáticos con rabia buscando otro objetivo.
Pero a los treinta segundos la mirada de Jorge ya estaba puesta otra vez en aquella chica que seguía donde la había dejado, aunque su actitud y la de su acompañante era extraña, con movimientos bruscos, como los que se dan en un mal encuentro. Jorge fue capaz de darse cuenta de que aquel hombre estaba agrediendo a la chica.
Sin pensarlo, en pantalones cortos y camiseta, Jorge bajó las escaleras de su piso, salió a la calle y corrió hacia la pareja que en medio de la acera se movían y forcejeaban. Jorge, para no demostrar lo asustado que estaba, se dirigió al tipo dando voces. Según se acercaba se dio cuenta de que ni el hombre era tan bajito como lo imaginó desde su ventana ni la falda de la chica era tan corta. Ambos le miraron sorprendidos y el hombre soltó a la chica y reculó hasta tocar la pared con su espalda.
Sorprendentemente hubo mil excusas por parte de aquel tipo que se iba haciendo cada vez más pequeño, a la excusa mil una Jorge le pegó un puñetazo en la barbilla. Jorge nunca había dado un puñetazo a nadie por lo que no cerró bien el puño y no ejerció la fuerza necesaria, por suerte el otro tipo entró en pánico y huyó de la escena.
Hubo otros hombres que vieron toda la escena con sus prismáticos. Uno de ellos me contó todo, aunque con una versión muy distinta.
Nazaré Lascano
sábado
Argumentos sólidos
En la sección de comida para gatos se pueden encontrar argumentos sólidos para enredar el día. También pueden encontrarse argumentos líquidos.
Enrique sólo se acerca a estas secciones los días en los que piensa que lo ha merecido, o en momentos difíciles, en los que el azar pierde su sentido envuelto en lo cotidiano todo poderoso.
A menudo la vulgaridad cae hecha pedazos en las secciones de alimentos para gatos de los supermercados.
A Enrique le martillea el corazón en el pecho cuando ve, en la lejanía del pasillo los colores de los sobres, cajitas y latas de alimento para animales. Se aproxima lentamente, retrasando la llegada porque sabe que el momento es un elemento imprescindible del azar, también porque el instante que precede al hecho es más importante que el hecho en sí mismo.
Cuando llega a la sección no hay nadie, Enrique piensa que quizás es demasiado pronto, pero se tranquiliza enseguida y sonríe pensando que tiene todo el día por delante. No va a jugar a disimular, a ganar tiempo porque el tiempo es tan inmenso que sólo el azar puede hacerle una fisura.
Por eso Enrique va directo a la estantería, mira las cajitas con comida y cuando por fin se decide y alarga su mano hacia el estante se cruza con otra mano y se rozan levemente, pero con decisión.
Nazaré Lascano
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