lunes

Marley estaba muerto

Marley estaba muerto, eso para empezar. No hay ni la más mínima duda. El certificado de su entierro había sido firmado por el sacerdote, el funcionario, el enterrador y el presidente del duelo. Scrooge lo firmó; y el nombre de Scrooge, en la Bolsa, era una garantía de cualquier cosa sobre la que él decidiera poner su mano. El viejo Marley estaba tan muerto como el clavo de una puerta.
¡Ojo!, no quiero decir que yo sepa, por propia experiencia, qué hay de particularmente muerto en el clavo de una puerta. Podría haberme inclinado, por mi parte, a considerar el clavo de un ataúd como el artículo más muerto del universo de la ferretería. Pero el lugar común contiene la sabiduría de nuestros ancestros; y mis indignas manos no osarán perturbarla, o si no la patria se disolvería. Así que ustedes me permitirán que repita, enfáticamente, que Marley estaba tan muerto como el clavo de una puerta.
Charles Dickens

domingo

Emails sacados del cajón (SIETE)

Loli  Valencia, marzo 15th, 2019 at 17:56

Estimado Roberto:
Te sigo con interés (pero no llames a la policía). El caso es que no consigo
– y mira que lo intento- encontrar tus lúcidos artículos del Cultural en Internet: me sale la referencia vacía, sin el artículo. Suelo leerlos en papel, pero me gustaría poder acceder a ellos. Tengo idea de que pensaste en ponerlos en tu blog. ¿Qué me puedes decir sobre ello? Un abrazo.

sábado

El cielo que tenemos debajo

Ese cielo de Madrid (...) es el que guarda los sueños de todos los madrileños y de quienes, sin ser de aquí, cada día llegan a esta ciudad para conquistar el cielo. No el que nos cubre, sino el que debajo de él todos tenemos. Porque a Madrid, al contrario que a otras ciudades, la gente viene para conquistar el cielo.
Julio Llamazares


viernes

Emails sacados del cajón (SEIS)



Esteban, marzo14th, 2019 at 18:20
to: robertopintado@hotmail.com

¿Que nos recomiendas a quién? Me recuerda a Vilas Mata disfrutando de citar a escritores que ni me suenan, página tras página, inagotablemente, en el Dietario Voluble. Que dan ganas de enviarle por correos un libro de Galdós, para que se joda y no pueda decir que lee lo que todo el mundo.
Yo, Roberto, a veces te leo un bar cutrísimo que hay en la esquina de mi barrio.

martes

Algo que me pasó (VI)

El martes llovió y aprovechamos para subir a ver a Aurora.

‒ Mi madre me llamó así porque cuando estaba embarazada soñó con su abuela y le pidió que me pusiera ese nombre. Siempre se debe hacer caso a lo que nos piden los muertos.

Aurora tiene una edad indeterminada, quizás se quedara atascada en los treinta y siete, tiene un acento del sur muy suave, siempre va descalza y lleva las piernas al descubierto. Hace unos años un hombre le hizo un chantaje extraño que nos contó mientras merendábamos en la cocina de su casa.

‒ ¿Y has adivinado por qué quiso tu abuela que te llamaras así?
‒ Aún no, pero estoy segura de que lo averiguaré.

La lluvia golpeaba contra las sábanas blancas tendidas frente a la ventana provocando un sonido sordo, como de dedos mojados. Joana se metió un trozo enorme de tarta de chocolate en la boca y comenzó a hablar.
‒ Aurora es muy popular en el vecindario.
‒ ¿Ah sí?- dije sin poder apartar los ojos de su boca manchada.
‒ Toma el sol desnuda en la terraza.
‒ ¡Vaya manera de presentarme, Joana! ¿Qué va a pensar este chico? Además solo lo hago de abril a septiembre.
‒ Esos meses son temporada alta en la terraza, Aurora tiene un montón de público.
‒ Eso es verdad. Voy a tener que empezar a cobrar entrada.
‒ Buena idea, ‒traté de intervenir‒  podemos poner una taquilla en la puerta.
‒ No estaría bien, mi público es muy discreto, miran desde las ventanas de sus casas o desde la terraza de enfrente, solo algunos se atreven a subir hasta la terraza con alguna excusa.
‒ ¿Qué excusas utilizan?
‒ Suelen venir a tender la ropa, a fumar o a tomar el aire. Alguno finge que se le ha perdido algo.
Creo que podía entender a esa panda de mirones, pero me hice el hombre digno.
‒ ¡Qué morro! No me lo puedo creer…
‒ Oh, no, no. No pasa nada, están en su derecho, si les gusta es normal que miren. Y se portan correctamente, muy educados.
‒ Menos mal. En realidad creo que yo haría lo mismo.
‒ ¿Y qué excusa pondrías?‒ Preguntó Joana con la sonrisa maliciosa, era la primera vez que le veía una sonrisa así.
‒ La de fumar, claro. 
‒ Claro… Oye Aurora, ¿sabías que Roberto y yo nos conocimos en un estanco?
‒ No está mal, a todas mis parejas las he conocido en sitios extraños.
‒ Me interesa mucho.
‒ Roberto es escritor, ten cuidado con lo que le cuentas o saldrá publicado.
‒ No, no. Soy un escritor discreto, siempre cambio los nombres a mis personajes.
‒ Ah, qué interesante, ¿a mí como me llamarás?‒ preguntó Joana con cara de niña mala.
‒ No sé… ‒estuve unos segundos pensando‒ quizás te llame Lola.
‒ ¿Lola? ‒se sorprendió‒ Lola no me pega nada.
‒ Sí que te pega, lo que pasa es que nadie te lo ha dicho.
‒ Lola está bien ‒dijo Aurora‒ si Joana no lo quiere me lo pones a mí.
‒ No, no, para ti necesito un nombre más etéreo.
‒ ¿Y eso por qué?
‒ Por tus pies, esos pies pasando sobre la claraboya del baño solo pueden ser de una mujer con un nombre etéreo.
‒ Bueno, antes de tomar una decisión espera  a verla tomando el sol.
‒ Si me ves tomar el sol no vas a tener más remedio que llamarme Lola.


domingo

Los contornos del territorio


Los contornos del territorio al que uno pertenece solo se vuelven visibles al abandonarlo.
Antonio Muñoz Molina

viernes

Algo que me pasó (V)

El padre de Joana tiene el aspecto de un actor de cine retirado, con uno de esos rostros familiares, de gesto amable y ojos vivarachos. Cuando lo vi me recordó tanto a Joana que me pareció que conocía a los dos desde siempre.

‒ Me llamo Pietro‒ me dijo estrechándome la mano con fuerza‒ y no soy italiano.

Pietro es madrileño y se llama así en honor al antepasado romano que dilapidó su fortuna en apuestas absurdas. Me gusta la mitología que ha montado esta familia con un fracasado de esa categoría.

‒ En esta familia siempre nos han gustado los perdedores‒ Dijo Joana con el rostro iluminado por los fluorescentes y por la cercanía de su padre.
‒ No sé cómo tomármelo ‒Le dije riendo, y se ruborizó como una adolescente.

Estábamos en un local antiguo de Embajadores, una droguería en la que Pietro llevaba trabajando toda la vida.

‒ Es un negocio familiar, mi abuelo en lugar de montar un restaurante italiano puso una perfumería, pero los malos tiempos acabaron convirtiendo el negocio en esta droguería.

‒ A mí no me importa, la verdad es que me encantan las droguerías.
‒ ¿Ah sí?‒ A Pietro se le iluminaron los ojos, cada vez se parecía más a Joana. No tuve más remedio que argumentar mi afirmación.
‒ No puedo remediarlo, este olor… es un viaje en el tiempo.

Los viajes en el tiempo son una tentación peligrosa, pero siempre caemos en ella. Aspiré con avaricia el aroma de aquel establecimiento, esa mezcla a plástico, pintura, perfume, detergente en polvo… Me olvidé de todo, y cerré los ojos, y  hasta me olvidé de Pietro y de Joana.

‒ ¡Rober! ¡Rober! ¿Sigues ahí?
Hacía tanto tiempo que nadie me llamaba Rober que parecía que no se dirigían a mí. Abrí los ojos, allí estaba Joana con sus ojos achinados brillando, mirándome como si yo tuviera doce años y ella hubiera venido del futuro a rescatarme.

‒ Despierta Rober, vengo del futuro a por ti.
‒ ¿Se acabó la soledad?
‒ Se acabó Rober, ya no volverás a estar solo.

Hasta que Joana no puso su cara delante de mí no volví al presente.
‒ Roberto, tengo que irme… el casting lo tengo en una hora ¿te acuerdas?
‒ Me acuerdo –le mentí‒ yo también tengo que ir al periódico.
‒ Si quieres nos vemos a la noche.
Pensé que ese “nos vemos a la noche” significaba mucho, mucho tiempo, demasiado tiempo sin ella.
‒ ¿No quieres que quedemos para comer?
‒ No puedo, amor, hoy tengo dos estancos ¿has olvidado que soy una chica anuncio?


jueves

E-mails sacados del cajón (CINCO)

Cony, febrero 13th, 2019 at 14:31
to: robertopintado@hotmail.com

Estimado Pintado.
Confieso que no me entero, a mí el fragmento de la novela de Ernesto Sabato me parece… es que ni me parece.
En fin, sigo vuestro consejo y le echaré un vistazo.
un abrazo

martes

Algo que me pasó (IV)


No hay un baño como el de Joana. Los azulejos son amarillos y la bañera es tan grande y redonda que parece una de esas hoyas en las que las tribus salvajes hervían a los exploradores europeos a comienzos del siglo XX.

El abuelo de Joana la hizo traer después de la guerra de una quinta romana. La embarcó en Nápoles y llegó al puerto de Barcelona.

‒ Pertenecía a la familia de mi bisabuela, era una familia muy poderosa, habían tenido mucho dinero, pero lo perdieron todo porque su padre era un jugador. Apostaba a todo y a todo perdía. El día que perdió la casa solo le dejaron la bañera porque el que la ganó no tenía un lugar dónde meterla. Estuvo muchos años debajo de un cobertizo en una villa al sur de Roma, hasta que mi abuelo la hizo traer a España.

‒ Es más grande que el cuarto de baño.
‒ Casi, casi, por lo visto cuando buscaron una casa para vivir en Madrid no pararon hasta encontrar una con un baño digno de esta bañera.
‒ Seguro que les gustó la claraboya.
‒ Seguro que sí, a mí me encanta ver los pies que la cruzan a cualquier hora. Parece que te hacen cosquillas en la cabeza.

Joana y yo nos bañamos juntos el domingo por la mañana, yo me levanté pronto y, antes de encender el primer cigarro, comencé a llenar la bañera. Lo habíamos hablado la noche anterior, pero como Joana dormía y yo no me atrevía a despertarla, decidí meterme yo solo. 
La luz de la mañana que entraba por la claraboya le daba al baño un aspecto irreal, los azulejos parecían de oro, como recién sacados de una escena de 'El mago de Oz'. 
Cuando entró Joana yo estaba sumergido muy dentro de mí, pensando en escribir un cuento sobre una pareja que se conoce y se separa en un fin de semana. Se lo conté mientras se desnudaba y se sumergía a mi lado.
Cuando estaba entrando en la bañera, por un instante me pareció una de esas estatuas romanas que colocan al lado de las fuentes.

‒ Es muy triste ‒me dijo mientras trataba de cubrirse con la espuma‒ mis abuelos estuvieron juntos casi setenta años y mis padres siguen enamorados.
‒ Sí, la gente de antes estaba hecha de otra pasta- Cuando acabé de pronunciar esa frase me sentí un completo idiota.

Estuvimos mucho rato sin decir una palabra. La espuma nos cubría casi por completo, parecía que estábamos bajo un manto de nieve. Afuera seguramente hacía frío y Madrid estaba empezando a despertar. Casi tenía acabado el cuento en mi cabeza cuando por encima de nosotros comenzó a pasar gente, eran unos pies pequeños,  graciosos, quizás de una mujer o de un niño, que iban y venían.

‒ ¿Quién será? ¿El viento del norte?‒ Le pregunté.
‒ Es Aurora, una de las vecinas del ático, sale todas las mañanas a tender la ropa en la terraza. Es muy simpática.
‒ Me encantan las sábanas tendidas en las terrazas, se sabe donde hay una civilización antigua donde hay sábanas al sol.
‒ A mí solo me gustan las sábanas blancas.
‒ Tienes razón. Yo creo que sería feliz si durmiera todas las noches entre sábanas blancas.

Joana sonrió y debió imaginarse viviendo y durmiendo entre aquellas sábanas. Cuando dejó de sonreír me besó y me llenó la barba de espuma. Todo olía a fresa.

‒ ¿Te gustaría que subiéramos a verlas?
‒ Claro- Le dije, y nos sumergimos por completo en la bañera, como dos exploradores que se sumergen en un sueño caliente.




lunes

El talento

Así, escribir novela fuera de la burguesía o de la metrópoli, es como ponerse el jersey de otro: hay que darlo de sí, hay que desbocar el cuello y hacer saltar las costuras, en busca de un camino nuevo. Pero ¿vale la pena usar ropa prestada? ¿No es posible coser una prenda que esté hecha a medida de quien la lleva? Por otra parte, Naipaul también cuestiona el género desde la propia literatura.
Para él, la novela alcanzó su plenitud en el siglo XIX. "Más adelante podrían modificarse ciertos aspectos del género, o jugar con ellos, pero ya se había establecido el modelo de la novela moderna, y trazado su programa. Los que hemos llegado después somos simples derivados". En definitiva, lo que afirma es que el género ya ha llegado al final de sus posibilidades: escribir novelas, digamos, tendría ahora tanto sentido como escribir autos sacramentales o poemas épicos.
El libro se cierra con una pregunta: "Y he de preguntarme si el talento que antes iba a parar a la literatura de imaginación no habrá ido a parar en este siglo a los primeros cincuenta años del glorioso cine". Es posible que tenga razón, pero de lo que para mí ni cabe duda es que, tras esos cincuenta años de gloria, el talento ha desertado en masa del cine (como quizá ya abandonó antes la novela). Lo que no sé es dónde ha buscado refugio y solo puedo rezar para que no haya ido a parar al vientre de la ballena de internet y esté en los juegos de ordenador, en los blogs o en la redes sociales.

Rafael Reig, ABC Cultural

E-mails sacados del cajón (CUATRO)


brenda, noviembre 16th, 2019 at 22:12
to: robertopintado@hotmail.com

Buenas tardes señor Pintado.Que manera de escribir tiene usted, lírica de lastre llamaría yo a esto, o Lírica Desastre.Espero que nos diga el periódico donde escribe para no comprarlo, o para comprarlo y no leerlo.Qué pereza. Lo de las fotos, recortes y los dibujitos creo que se le da mejor, claro que el mérito no es suyo.

Atentamente. Brenda.



E-mails sacados del cajón (TRES)

Lou-Lou, 15th, enero 2018 at 19:06

to: wanley90@hotmail.com

Buenas noches señor Pintado.
Transpira el post algo muy familiar y adolescente, parajes que invitan a «hacer el mal», a visitar vertederos llenos de ratas o cuadros eléctricos subterráneos iluminados por una antorcha improvisada con gas de mechero… Teniendo memoria «ni siquiera es pasado», como dice Faulkner.
Me ha gustado ese extracto de la novela, me recuerda al Guinardó que dibujaba Marsé en «Últimas tardes con Teresa» y «los guiños del sol en las abolladuras oxidadas del latón de los bidones de gasolina en los descampados», donde «el Pijoaparte sentía una suerte de nostalgia manual: nada de lo que tocaba era suyo excepto, quizás, la chica».
Besos.
L.

domingo

E-mails sacados del cajón (DOS)

Catalina. S, diciembre 18th, 2019 at 22:34
to: wanley90@hotmail.com

Hola Roberto. Precioso post.
Fíjese que a mí la lluvia, siempre y cuando no dure un mes sin parar (como la temporada pasada), me gusta. Me recuerda a La Coruña y los 3 años que viví ahí.
Y por supuesto el estar en casa, sin excesivo frío (aquí en la sierra se agradece cuando llueve), echando humos por la ventana viendo los goterones caer… me remite al cuento de Cortázar » Aplastamiento de gotas». Que decía algo como…
«las hay que se suicidan y se entregan enseguida, brotan en el marco y ahí mismo se tiran; me parece ver la vibración del salto, sus piernitas desprendiéndose y el grito que las emborracha en esa nada del caer y aniquilarse. Tristes gotas, redondas inocentes gotas. Adiós gotas. Adiós.»
Yo también creo que los sueños son juguetes, aunque creo que lo había olvidado porque nunca los recuerdo.
Abrazos.

sábado

E-mails sacados del cajón (UNO)

Esther, noviembre 27th, 2019 at 01:35
to: wanley90@hotmail.com

(Lo siento, Roberto, no tengo tildes en mi teclado).
Con respecto a su apunte titulado Largarse una temporada a Trieste, quiero decirle que  creo que, al igual que le pasa a usted, siempre senti que era algo diferente a las demas personas, con el tiempo cada vez estoy mas convencida. A mi me pasa exactamente lo contrario, no me gusta que me quieran, me agobia, me siento privada de libertad. Para mi no hay sensacion mas liberadora que enfadarme con un amigo y desterrarlo de mi vida, que se mosquee la familia y me dejen libre, terminar un curso y no volver a ver a los companneros. A menudo doy un telefono movil equivocado en una cifra para que no me puedan localizar. Cuando me mudo de ciudad y se que no volvere a ver a los vecinos, al del supermercado, al camarero del cafe. Cuando por fin los vinculos afectivos se rompen me siento, euforica, libre, en paz, con un gran subidon. ? Le ocurre lo mismo, o soy una bicha rara?

viernes

Algo que me pasó (III)


Joana vive en una casa con un enorme patio interior, un cuadrado perfecto encalado en el que la ropa tendida de los pisos inferiores le da aspecto de zoco vertical o de escenario de película en technicolor de sábado por la tarde.
"En uno de esos patios pasé parte de mi niñez", le dije a Joana con los codos apoyados sobre el marco de la ventana de su cocina.
- Si te fijas -le expliqué casi emocionado- aún puedes verme con ocho años jugando al balón ahí abajo.


El piso de Joana es un séptimo y el hecho de mirar hacia abajo para verme a mí de niño era, más que un ejercicio de fe, una prueba de valentía y de agudeza visual. Por suerte no me hizo caso, solo sonrió y me dijo "¡Qué mono eres!" mientras pelaba patatas sentada frente a la mesita de la cocina.

Estábamos allí porque el viernes me había dicho:
-Si tú me invitas a cenar, yo tengo que invitarte a comer, pero tendrás que ayudarme a hacer la comida.
-¿Y qué vas a cocinar?
-Qué vamos a cocinar, querrás decir, te invito solo si colaboras.

La casa de Joana está en Rafael Calvo, cerca del Museo Sorolla, es un piso grande y destartalado que fue de sus abuelos y que ahora usa ella. Tiene moqueta en el pasillo y una claraboya en el baño desde la que se ven los pies de la gente que pasa por la terraza. Ella lo llama el séptimo cielo.

- Haremos patatas rebozadas. ¿Te gustan?
- Tú estás empeñada en llevarme a la niñez.
- Seguro que fuiste un niño muy guapo.
- No creas.
- Yo sí fui una niña muy guapa. Hasta hice un anuncio para la tele.
Mientras yo cortaba las patatas en rodajas ella las pasaba por el huevo y la harina y las iba poniendo en la sartén.
- Deberías ir haciendo la salsa- me dijo con los ojos achinados y las manos llenas de harina. Estaba guapísima, como cuando era una niña actriz.
- Me esforzaré para ti.
Y lo hice, en una cazuela puse un chorrito de aceite de oliva, piqué muy finita una cebolla enorme que guardaba en la nevera, después tres dientes de ajo y, cuando estaban dorados, le eché perejil, por último le añadí un vasito de agua y un toque de azafrán.
- El azafrán es fundamental en las patatas rebozadas.
-Yo tengo de todas esas chuminadas, me parecen lo más.

Me quedó una salsa espléndida, pero no me di importancia. Ella terminó de freír las patatas y las fue echando con mucho cuidado en mi cazuela. Le tuvo que añadir agua para cubrirlas.
- Creo que hemos hecho demasiadas.
- Nunca son demasiadas, así tendré para mañana y te puedes llevar alguna si quieres.
Las hemos dejado cociendo cuarenta minutos y nos hemos ido al salón.

- Estoy cansado- le he dicho mientras me dejaba caer en viejo sofá de imitación de cuero.
- Y yo, estoy muerta, ayer no paré un momento.
- No me dijiste cómo te fue en el casting.
- Ah, me cogieron, dicen que me harán una segunda prueba.
-¿En serio?
- De verdad. Oye, ¿quieres una cerveza?
- Claro.
- Pues baja a los chinos a por una.
- ¿Tú no quieres?
- Ya te tengo a ti.



miércoles

Mujer de cartón piedra

En mi delirio, me parecía que la mujer de cartón-piedra me miraba como pidiéndome que la rescatara de aquella condición y la convirtiera en una mujer real. Pero cómo hacerlo, si ella y yo vivíamos en dimensiones diferentes.
Juan José Millás, Continúa soltera

martes

Algo que me pasó el viernes 17 por la mañana (II)


Joana estaba obsesionada por el tiempo.
-Tengo todo el día ocupado
-¿De la mañana a la noche?
-Incluso más allá de la noche- dijo con cara de circunstancias, como si hubiera algo más allá de la noche.
-Esta mañana, por ejemplo, cuando termines de promocionar los cigarrillos X ¿no te vas para casa?
- ¿Qué hora es?- preguntó como si tratara de acordarse de algo.
-Las doce y media.
-Ah, es prono aún, estaré en el estanco hasta las dos.
-Qué bien, si quieres te invito a comer.
Joana trató de sonrojarse, pero esta vez no lo consiguió.
- Lo siento mucho, a las dos y media tengo que estar en Claudio Coello para un casting.
- No sé si te va a dar tiempo.
- Tengo muy buenas piernas.
Entonces tuve una excusa perfecta para fijarme en sus piernas tras el expositor de metacrilato  transparente. Sin duda eran muy buenas.
-Tienes unas piernas bonitas.
- Las piernas son importantes.
- No me cabe duda.
La conversación se alargaba porque Joana tenía que ofrecer los cigarrillos X a clientes que, como yo, tenían escarcha en el pelo y llegaban al estanco buscando una pausa en su mañana o quizás en su vida. Yo no podía evitar sentirme un poco celoso cada vez que se dirigía a otros hombres con el mismo entusiasmo que lo hizo conmigo.
- ¿Eres actriz?
- Soy modelo.
- ¡Qué lástima!, me hubiera gustado cenar con una actriz.
- ¿Me estás invitando? Si quieres puedo hacerme pasar por actriz.
Esta ves fui yo el que traté de ruborizarme. Las paradojas tienen ese poder en mí.
- No suelo hacer esto, pero no puedo dejar perder la ocasión, por probar no pasa nada.
- Eso es -dijo Joana- si no se prueba no se sabe.

lunes

La importancia de lo insignificante

Son tan reales que parecen figuras en movimiento. Así son los cuentos póstumos de (...) la escritora estadounidense Lucia Berlin (1936-2004), 
(...) Descubrimos retazos de su vida a través de estos textos, breves, sinceros, contundentes. De padre ingeniero muerto en la guerra, en 1941, Berlin crece junto a su familia materna en El Paso, Texas. Confiesa en el cuento 'Silencio' que es en casa de sus vecinos sirios donde, de niña, pasaba la mayor parte de su tiempo. Después de una estancia en Santiago de Chile, de adolescente, la futura escritora frecuenta las clases altas de la sociedad chilena y cursa sus estudios en la Universidad de Nuevo México, a mediados de los cincuenta, donde fue alumna del escritor Ramón J Sender. A partir de entonces empiezan sus numerosos vaivenes existenciales. Cuatro hijos de tres matrimonios fallidos que la obligan a cambiar de casa y profesión a lo largo de su vida. De ayudante de enfermería ('Apuntes de la sala de urgencias', 1977), a mujer de la limpieza, como en el cuento que lleva ese mismo título, Berlin necesita dinero para vivir y tiempo para escribir. Se retrata niña dentista en 'Doctor H.A. Moynihan', asistente de abogados en 'A ver esa sonrisa', y ama de casa en 'Lavandería Ángel'.
(...) La mirada de esta mujer polifacética es capaz de descubrir la importancia de lo insignificante en lo cotidiano.
Jacinta Cremades, El cultural

domingo

Algo que me pasó el viernes 17 por la mañana (I)


Este año he decidido no dejar de fumar.
El viernes estuve toda la mañana fuera de casa resolviendo asuntos de adulto. A las once y media no podía más, busqué una cafetería y, tras el café, eché mano al bolsillo del abrigo, y allí estaba, mi cajetilla de tabaco... vacía.
La tiré al aire y le di una patada antes de que cayera al suelo (estaba en el cruce de Alcalá con una calle con nombre de almirante) y una mujer de pelo rojo me miró y movió levemente la cabeza, como si fuera mi madre. Avergonzado recogí el paquete de tabaco e hice un gurruño con él mientras buscaba un estanco.
Tras casi quince minutos de búsqueda empecé a sentir una ansiedad extraña, como de animal hambriento o de hombre encerrado en una avenida demasiado grande en la que no quería quedarme. Saqué mi móvil y busqué en Google Maps, aún tardé otros quince minutos en encontrar uno. 
Llegué al estanco exhausto y congelado, con escarcha pegada a mi barba, casi como un aprendiz urbano del capitán Scott.
Allí dentro había un calorcillo agradable y ese olor dulce y seco del tabaco mezclado con el aroma infantil de la tinta de los impresos oficiales y el papel adhesivo de los sellos de correos. Sonreí como un lelo. A mi derecha interrumpió mi viaje a la infancia una voz femenina.
- Caballero, ¿conoce los cigarrillos X?
Giré la cabeza, una chica de veintitantos años con una blusa blanca, un fular dorado y una falda roja me sonreía detrás de un pequeño mostrador de plástico con los mismos colores que su ropa.
- ¿Disculpa?- le dije mientras buscaba mi cartera y volvía a encontrar la cajetilla arrugada en mi bolsillo.
- Estamos haciendo una campaña de los cigarrillos X. ¿Le apetece probarlos?
No supe qué hacer, venía de cruzar la Antártida y me quedé mirando a aquella chica como el que mira una bandera noruega o una aparición mariana, sus ojos eran verdes, su pelo corto, y sus manos ya alargaban hacia mí un paquetito con un par de cigarrillos en una especie de ataúd para dos.
- Lo siento -le dije poniendo la cara de tristeza que siempre uso en estos casos- pero es que yo fumo Z... y soy un hombre fiel.
No sé por qué razón la chica se sonrojó y yo pensé en todo lo que me gustan las chicas que hacen promociones comerciales. Me gustan especialmente las que ofrecen tabaco, me parece irresistible que muchachas jóvenes y sonrientes te ofrezcan un producto con altas dosis de muerte. 
- Me llamo Roberto -le dije como si fuera importante o me lo hubiera preguntado- y probaré con mucho gusto los cigarros G.
- X- corrigió ella mientras se aflojaba el pañuelo que llevaba al cuello.
- Mejor aún.
- Yo soy Joana y siento que haya decidido ser infiel a su marca.
- Solo voy a probar, por probar no pasa nada ¿no?
- Claro -dijo Joana- si no se prueba no se sabe.


sábado

Un caballo atado a una noria


De pronto me vi
como el busto de un rey destronado
pisoteado en el suelo.
Yo era la sota de las barajas
y la planta baja
de los rascacielos.


Joaquín Sabina escribió uno de los mejores himnos al desamor hace algo más de 20 años con «19 días y 500 noches», donde contaba destrozado y despechado lo largo que se le estaba haciendo el día a día… y las noches, intentando acostumbrarse a vivir sin ella.
Pero… el poeta y amigo íntimo de Joaquín Sabina, el genial Benjamín Prado ha escrito la versión de la mujer de la que hablaba Joaquín Sabina en la canción de 19 días y 500 noches y que está interpretada por la cantante Travis Birds. La respuesta de la mujer llega a tiempo para explicarle y explicarnos porqué dejó de quererle.

La vida ágrafa

Mala cosa es fomentar la afición a la lectura entre los niños. Cuando los jóvenes lectores sean mayores estarán indefensos ante la vida que es ágrafa, analfabeta y audiovisual.
Juan Carlos Onetti, Confesiones de un lector

miércoles

Caballeros

Ustedes dirán que robar muertos no tiene ningún sentido, que quizás antiguamente, cuando estaba prohibido experimentar con cuerpos humanos, pudiera tener su lógica que los cirujanos desenterraran cadáveres para estudiarlos, pero hoy en día, ¿para qué?

Mi amigo Samuel y yo llevamos haciéndolo desde hace tanto tiempo que ya no tenemos una razón. Todos los años, cuando concluye la época de lluvias, bajamos hasta el cementerio, buscamos una tumba lo suficientemente apartada, cavamos, desenterramos y nos hacemos con un cadáver.
Samuel siempre se fija en la inscripción de la lápida y fantasea con la vida de ese hombre. Y digo bien, hombre, porque los dos somos muy respetuosos y juramos que nunca profanaríamos la tumba de una mujer. 

Hasta esta vez, hasta este año, en que nos dio por romper todas nuestras normas. 

Aún no había terminado la estación de las lluvias cuando decidimos bajar al cementerio, estuvimos cavando toda la noche en una tumba mohosa, era un sepulcro de los años veinte en el que la inscripción estaba casi borrada por el tiempo. Tardamos más de lo normal en llegar hasta la caja. Antes de alcanzarla, Samuel encontró una cadena de oro, fue entonces cuando empezó a llover y, muy dentro de mí, supe que algo malo iba a pasar. Después de la cadena yo mismo encontré unos pendientes, los dos callamos, estábamos a punto de romper una regla que no sabíamos a dónde nos llevaría.

El ataúd estaba podrido por la humedad y la tapa se nos deshizo en los dedos, Samuel alumbró el interior con la linterna, allí estaba, recostado en su lecho el cuerpo momificado de una mujer envuelto en un vestido de color rojo.
No quise seguir, se lo juro, pero no sé qué nos pasó, no sé por qué nos miramos y, sin pronunciar una sola palabra, la sacamos de allí.


Ahora Samuel y yo ya no somos amigos. Él tiene a Lucrecia los lunes, miércoles y viernes, el resto de la semana la tengo yo y los domingos partimos el día en dos mitades. Pero ya ni siquiera nos hablamos, los dos sospechamos del otro y los celos han acabado con nuestra amistad. Sabemos que esto nunca hubiera ocurrido si hubiéramos cumplido nuestro juramento de desenterrar solo cadáveres masculinos.
Sin duda, cuando aparecen las mujeres se termina la amistad.



martes

El neón

One From the Heart es un film sobre el neón, y también sobre el amor. Y lo he hecho para mí, para verlo y para que me enseñe cosas.
Francis F. Coppola

lunes

La audacia del azar

Ni una sola toma se dejó al azar. La cámara siempre estuvo donde el destino acecharía a sus víctimas.

Jean Cocteau, sobre Macbeth, de Orson Welles (1948)










domingo

Personajes inmóviles



Son personajes inmóviles en la pintura y en la historia; ni tan siquiera la edad que representan es ya la cuenta de sus años, sino un rasgo permanente de su fisonomía. Están en palacio sin más función, sin más servicio al rey que su presencia; sin ayer, sin mañana, sin historia. 
Frente al cárdeno horizonte de tormenta que hace el fondo del retrato del conde duque de Olivares, personaje de destino si los hay, los fondos de los cuadros de nuestros personajes de carácter son neutros, cercanos, sin horizonte alguno. Su servicio al melancólico rey es amortiguar, distraer, ahuyentar, exorcizar, la ominosa galerna del destino que amaga más allá del Guadarrama. 
Rafael Sánchez Ferlosio

sábado

Llegar tarde


Impacientes en una reunión porque Bioy no llegaba a tiempo, Borges les dijo a los nerviosos: “Hay dos cosas seguras: una que Adolfo llegará; otra, que llegará tarde. Cuanto más tarde sea, más segura es su llegada; si llegara ahora, quizá no llegue”.

Enrique Vila-Matas, El País, 03-02.2015

viernes

Diario para un cuento (Recorte)

Quisiera ser Bioy porque siempre lo admiré como escritor y lo estimé como persona, aunque nuestras timideces respectivas no ayudaron a que llegáramos a ser amigos, aparte de otras razones de peso, entre ellas un océano temprana y literalmente tendido entre los dos. Sacando la cuenta lo mejor posible creo que Bioy y yo solo nos hemos visto tres veces en esta vida. La primera en un banquete de la Cámara Argentina del Libro, al que tuve que asistir porque en los años cuarenta yo era el gerente de esa asociación, y en cuanto a él vaya a saber por qué, y en el curso del cual nos presentamos por encima de una fuente ravioles, nos sonreímos por simpatía, y nuestra conversación se redujo a que en algún momento él me pidió que le pasara el salero. la segunda vez Bioy vino a mi casa de París y me sacó unas fotos cuya razón de ser se me escapa aunque no así el buen rato que pasamos hablando de Conrad, creo. La última vez fue simétrica y en Buenos Aires, yo fui a cenar a su casa y esa noche hablamos sobre todo de vampiros.
Julio Cortázar, Diario para un cuento

jueves

Pretensiones

Entremos en la génesis de mis pretensiones.
¿Tengo algún antepasado que fue gallardo capitán, joven alférez insolente o negrero ferozmente taciturno? ¿Al este de Suez algún tío que volvió a la barbarie debajo del casco de corcho, los pies enfundados en jodhpurs y la amargura en los labios, personaje trivial que suelen asumir las ramas menores, los poetas apóstatas, todos los deshonrados llenos de honor, de recelo y de memoria que son la perla negra de los árboles genealógicos? ¿Un antecedente marino o colonial cualquiera?
La provincia de la que hablo no tiene costas, playas ni arrecifes; ni exaltado habitante de Saint-Malo ni altivo provenzal oyó en ella la llamada del mar cuando los vientos del oeste la derraman, purgada de sal y llegada de lejos, sobre los castaños. Dos hombres, sin embargo, que conocieron esos castaños, seguramente se protegieron debajo de ellos de algún chubasco, tal vez amaron allí, en todo caso allí soñaron, se fueron bajo árboles muy diferentes a trabajar y a sufrir, a no cumplir su sueño, a amar quizás una vez más, o simplemente a morir. Me han hablado de uno de esos hombres; al otro creo que lo recuerdo.

Pierre Michon,Vidas minúsculas

lunes

Consultorio


Respuesta de un consultorio de revista femenina a una consulta titulada "Afligida" y firmada "Mari Paz": 
El problema que me planteas es muy complejo y de una gran responsabilidad, de la que adivino que eres muy consciente. Por eso, después de un análisis en profundidad, he pensado que, de modo orientativo, lo mejor que puedes hacer, lo que te recomiendo, es barajar tres posibilidades, las tres, bien entendido, con el mismo grado de probabilidad: a) que todo siga igual, b) que surja una vía de arreglo; y c) que se vaya a paseo, todo. Y perdona la crudeza de lenguaje, pero sé que eres una mujer que sabe hacer frente a la Realidad.

Rafael Sánchez Ferlosio

domingo

No se lo digas a nadie

There's a starman waiting in the sky
He'd like to come and meet us
But he thinks he'd blow our minds
There's a starman waiting in the sky
He's told us not to blow it
Because he knows it's all worthwhile
He told me:
Let the children lose it
Let the children use it
Let all the children boogie


Hay un hombre de las estrellas esperando en el cielo,
le gustaría venir a visitarnos,
pero cree que nos vamos a asustar.
Hay un hombre de las estrellas esperando en el cielo,
nos ha dicho que no se lo digamos a nadie,
porque él sabe que todo va a valer la pena.
Me dijo:
Dejad que los niños se emocionen,
dejad que los niños lo usen,
dejad que todos los niños bailen.


David Bowie, Starman

sábado

Los poetas contemporáneos


Este lienzo reúne de forma ficticia a las personalidades culturales más relevantes contemporáneas a Esquivel. En su composición se aúna la complejidad del retrato colectivo junto al esquema de gabinete del barroco flamenco, al detenerse en cada detalle del taller del pintor, pudiéndose identificar y analizar las obras y gustos del artista.
De izquierda a derecha, pueden identificarse los siguientes personajes: Antonio Ferrer del Río (1814-1872), Juan Eugenio Hartzenbusch (1806-1880), Juan Nicasio Gallego (1777-1853), Antonio Gil y Zárate (1793-1861), Tomás Rodríguez Rubí (1817-1890)

viernes

Códigos


El film empieza entre la nieve de Saint-Moritz porque allí pasábamos nuestra luna de miel mi mujer y yo. Desde la ventana de nuestra habitación miraba a menudo la pista de patinaje y se me había ocurrido la idea de empezar la película mostrando un patinador cuyas evoluciones sobre el hielo dibujaran cifras, números, 8, 6, 0, 2 y, naturalmente, se trataría de un código de espionaje cualquiera. Renuncié a esta idea.
(Françoise Truffaut, El cine según Hitchcock)

miércoles

De dados a dados

El 73 es el mejor número. ¿Por qué? 73 es el vigésimo primer (21) número primo. Su espejo, 37, es el décimo segundo (12) número primo, cuyo espejo es 21, que es el producto de multiplicar 7 y 3… y en binario, 73 es un palíndromo, 1001001, que al revés es 1001001.

Sheldon Cooper, The Big Bang Theory

lunes

Cómo los demás nos miran

No son las catástrofes, los asesinatos, las muertes, las enfermedades las que nos envejecen y nos matan; es la manera como los demás miran y ríen y suben las escalerillas del bus.
Virginia Woolf

domingo

Presenten armas

Queridos compañeros, gaudeamus;
perdonad, ante todo
mi posición al margen
mi extravío en formación
mi torpe tropezón en el
presentenarmas...

Aníbal Núñez

jueves

Bloquear


En algún lugar de la página 45 falta una coma, por voluntad consciente o inconsciente del linotipista de turno que dejó de ponerla ese día, a esa hora, en esa máquina; cualquier desequilibrio que este error ocasione al mundo es responsabilidad suya.

Augusto Monterroso, Movimiento perpetuo

lunes

Sabes que no soy buena

Sweet reunion, Jamaica and Spain.
We're like how we were again.
I'm in the tub you on the sink.
Lick your lips as I soak my feet.


Dulce reencuentro, Jamaica y España.
Estamos como estábamos antes.
Yo estoy en la bañera, tú en el lavabo.
Relames tus labios mientras remojo mis pies.


Amy Winehouse, You know I'm no good


sábado

III.. El accidente


El día siguiente al accidente sin víctimas Ana K. se encontró a un hombre tirado en la calle, con la cara girada contra una puerta cerrada. Ana K. es artista y no dudó en fotografiar al hombre con su móvil. 

La idea, que le sobrevino a Ana como un tsunami, fue convertir a aquel hombre en una obra de arte. No solo le haría una sesión fotográfica, se lo llevaría de allí, lo vestiría como a un mamarracho (ella no pensó en ese término) y le invitaría a comer en un restaurante caro, después lo llevaría  su casa y se lo presentaría a su familia con la idea de grabar todo el encuentro y proyectarlo a 25 fps. y en tiempo real, en la sala de exposiciones. 

La imprevisibilidad de todo aquello le daría un final que Ana no sabría cómo sería hasta el mismo momento de la inauguración. "Arte puro", pensó Ana K. mientras hacía la primera foto.

jueves

II. El accidente

Angélica ha llegado a Madrid hace año y medio, comparte piso en Embajadores con un aspirante a famoso que trabaja de camarero y una empleada de correos que estudia matemáticas cuando sale del trabajo. 

La noche anterior al accidente la había pasado fuera de casa, cuando regresó compró un café con leche en una cafetería de la Gran Vía. Angélica tenía pensado pasarse el día en la cama y volver a ver a su acompañante esa misma noche.

El hombre al que llamamos 'el acompañante' trabaja como actor por horas, es un trabajo difícil de explicar, por eso prefiere decir que escribe diálogos para guionistas con tendencia a los adjetivos o directores que saben contar con imágenes, pero se pierden en el abismo de una conversación plano-contraplano.



miércoles

I. El accidente




El accidente había tenido lugar entre las cuatro y cuarto y las cuatro y media de la mañana. Un operario del servicio de limpieza oyó el estruendo y llamó al teléfono de emergencias. La inspectora Meslier llegó al lugar de los hechos a las cinco y media, la había avisado Juanito Vila, que esa noche estaba de guardia. ¿Qué hacía una inspectora de homicidios en el escenario de un accidente de tráfico en uno de los puentes que cruza el Manzanares? La respuesta estaba en una anormalidad tan apabullante que los servicios de emergencias no sabían como enfocar: en el lugar del accidente había tres coches destrozados, pero ni un solo ocupante.
Después de buscar por todo el perímetro no encontraron a nadie. A veces ocurre que un conductor camine despistado y sin rumbo tras sufrir un accidente, pero en esta ocasión se trataba de tres automóviles y no había nadie.
A esas horas de  la madrugada y con tres horas de sueño, la inspectora solo pensó que no sabía por donde empezar.

martes

Soñar que termina un año

Sueña el rey que es rey, y vive

con este engaño mandando,

disponiendo y gobernando;

y este aplauso, que recibe

prestado, en el viento escribe,

y en cenizas le convierte

la muerte, ¡desdicha fuerte!

¿Que hay quien intente reinar,

viendo que ha de despertar

en el sueño de la muerte?

Sueña el rico en su riqueza,

que más cuidados le ofrece;

sueña el pobre que padece

su miseria y su pobreza;

sueña el que a medrar empieza,

sueña el que afana y pretende,

sueña el que agravia y ofende,

y en el mundo, en conclusión,

todos sueñan lo que son,

aunque ninguno lo entiende.

Yo sueño que estoy aquí

destas prisiones cargado,

y soñé que en otro estado

más lisonjero me vi.

¿Qué es la vida? Un frenesí.

¿Qué es la vida? Una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño:

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son.


Pedro Calderón de la Barca, La vida es sueño (Acto II, escena 19)

Hormiguitas aplastadas

Están las 47 estructuras irrepetibles de copos, la autoparodia y la densidad de varias biografías que giran alrededor de un personaje, un niño excluido que se protege tras un superpoder imaginario. Hay humor, sofocos, tedio, sueños y melancolía, que se despliegan en 360 páginas de colores vivos repletas de recovecos narrativos, callejones sin salida y caminos secundarios. Ware no ha nacido para fomentar la comodidad de sus lectores: puede ofrecer dos historias en paralelo en la misma página, expresar sentimientos con formas geométricas o incluir 176 viñetas en el comprimido espacio que marcan 16x32 centímetros. “Trato de producir, con imágenes y palabras en una página, la intensidad más compleja del sentimiento humano que pueda, así como crear la sensación de vida más abrumadora e inmersiva posible”.
(...) lo que convierte sus libros en palabras mayores es su ambición clásica, su afán por desmenuzar una biografía desde lo insignificante a lo trascendental, de la hormiguita aplastada por un niño a la obsesión por el sexo, del cupcake (magdalena) a la discriminación racial. 
Artículo sobre Chris Ware en El País, 29-12-2019


viernes

El ruido y la furia


Chica encontrada en el Metro de Madrid con
'El ruido y la furia' en la mochila

La primera parte de El ruido y la furia es como una prueba de fuego. Si consigues leer eso y no arrojar la novela por la ventana con gesto de cólera infinita, pasas la prueba. Esta vez me he saltado la prueba de fuego, porque a mi edad ya no estoy para pruebas, y me he ido a la segunda parte, que me gusta más. Puedes hacer eso con las joyas de la literatura universal. Ellos, los escritores, no lo notan, porque están muertos.

Manuel Vilas

lunes

Combates

VII
Desde hace unas cuantas temporadas Santiago ha descubierto la magia del azar. Prueba suerte con todos los juegos que conoce, visita con frecuencia el casino y participa en apuestas deportivas. Santiago cree que la casualidad gobierna la vida y que la suya está detrás de alguna serie de números. A veces, cuando la suerte le resulta esquiva, Santiago trata de intervenir, pero entonces no se le puede llamar azar sino destino.


domingo

Hechos y posibilidades

Voy a contar lo que me ha pasado y lo que no me ha pasado. La posibilidad de que no me haya pasado nada es la que más me estremece.

Marta Sanz, Clavícula

sábado

Los feroces momentos corrientes


Nada distingue los recuerdos de los momentos corrientes: no se descubren hasta más tarde por sus cicatrices.
Chris Marker, La Jetée (1962)


Además del relativo hermetismo de sus trabajos, el desconocimiento acerca de la figura de Marker fue alimentado por él mismo; se negó casi sistemáticamente a conceder entrevistas, y se divertía ofreciendo versiones contradictorias acerca de los eventos de su vida y juventud. Como anécdota, cada vez que alguien le solicitaba una fotografía suya para ilustrar un reportaje, un libro o una entrevista, Marker enviaba, cuando lo hacía, una foto de su gato preferido.

viernes

Historia verídica

En el segundo siglo de nuestra era, Luciano de Samosata compuso una Historia verídica, que encierra, entre otras maravillas, una descripción de los selenitas, que (según el verídico historiador) hilan y cardan los metales y el vidrio, se quitan y se ponen los ojos, beben zumo de aire o aire exprimido; a principios del siglo XVI, Ludovico Ariosto imaginó que un paladín descubre en la Luna todo lo que se pierde en la Tierra, las lágrimas y suspiros de los amantes, el tiempo malgastado en el juego, los proyectos inútiles y los no saciados anhelos; 

Jorge Luis Borges, Prólogo a Crónicas Marcianas de Ray Bradbury

jueves

Bucles

A mitad de camino entre la inquebrantable inmensidad cósmica del espacio-tiempo y el incierto y misterioso titilar de los cuantos, los seres humanos, más semejantes a un arco iris o a un espejismo que a una gota de lluvia o una roca, somos impredecibles poemas que se escriben a sí mismos. 

Douglas Hofstadter, Yo soy un extraño bucle

Las filas del miedo

Si queréis conservar el pan y la esperanza, destruid vuestras papeletas, haced pedazos los vidrios de las oficinas, abandonad las filas del miedo.
Albert Camus, Estado de sitio

domingo

Tratando de hacer

Para mí todo está en grado de tentativa, todo lo estoy tratando de hacer.
Francisco Hernández

sábado

Y te da té, y naranjas de la China


Suzanne te lleva a su escondite, al lado del río/
Puedes
oír las barcas pasar de largo/Puedes pasarte toda la noche a su lado/Y sabes que está medio loca/pero ese es el motivo por el cual estás allí/Y te da té, y naranjasde la China/Y cuando tratas de decirle/que no tienes amor para ofrecerle/te coge y te mece en sus brazos/dejando que sea el río el que conteste/que siempre has sido su amante/Y quieres viajar con ella/Quieres viajar a ciegas/Y sabes que confiará en ti/por haber tocado su cuerpo perfecto con tu mente

Leonard Cohen, Suzanne

Narración

La muerte es un arranque demasiado socorrido en casi cualquier narración.
David Aceituno, Augurio

viernes

Agujeros negros

Hay hombres que a los 50 años dan la vuelta a una esquina y se encuentran con la calle en la que fueron jóvenes. La vida, como el espacio sideral, está llena de agujeros negros por los que, si te cuelas, llegas en cuestión de segundos a las zonas más alejadas de tu biografía. Los agujeros negros de la vejez, por ejemplo, se comunican con los de la infancia, mientras que por los de la madurez se llega a la juventud.
Juan José Millás, Volver

La retirada de Melville

Tras su muerte, dejó esposa, hijos, nietos, ninguna aventura fuera del matrimonio, ninguna carta de amor. A lo que con más intensidad dedicó Herman Melville su vida fue a viajar, huir, escribir, escribir y escribir, incluso durante el último periodo, conocido como la retirada de Melville (Melville’s withdrawal).
Enrique Vila-Matas

miércoles

Interrumpir


En Wakefield, cuento inolvidable de Nathaniel Hawthorne, hallamos una de las interrupciones más emblemáticas, por excelencia. (...) es aquel marido que se despide de su mujer por unos días y no es visto por nadie en 20 años. En el centro de Londres se desvincula del mundo. Se instala en secreto en una casa del barrio y espía a su esposa en su viudez. Un día, pasados ya 20 años, llueve. Le parece ridículo mojarse cuando ahí tiene su casa, su hogar. Sube pesadamente la escalera y abre la puerta. Saluda a su mujer como si no hubiera existido interrupción alguna en sus vidas.
Enrique Vila-Matas, El País, Ideas para interrumpir