miércoles

Diálogo entre especies

Mi idea era sencilla, pero parecía que había fracasado por completo. Se trataba de juntar a los de las manzanas con los de las naranjas, abrir un diálogo entre especies, unir elementos que, de no ser por ese juego, habrían quedado separados para siempre en sus nichos ecológicos.

Pero la carencia de naranjas me hacía replantearme toda la estrategia. Pedí consejo a dos estudiantes sentadas en la primera fila, cada una de ellas con su manzana verde brillante sobre la carpeta de apuntes. Una estiró la cara en señal de asombro o desconfianza, pero la otra me propuso enrevesar aún más el juego.

Terry Salgado

Lo mismo

Con la excusa de averiguar detalles relacionados con la investigación sobre el homicidio de un varón de veinte años, con las iniciales J.L.S. Darío Varona hizo ir a la hermana de este, una mujer de veintiocho, a la comisaría, donde le hizo preguntas que no conducían a ningún lugar más allá del interés personal del comisario por estar junto a la chica.

Años después Darío Varona se avergüenza de actitudes como esta. Sabe que es una sensación ridícula, que es pasado, y que en realidad siente vergüenza porque no se arrepiente o porque, si pudiera, volvería a hacer lo mismo.

Nazaré Lascano

martes

Primeras declaraciones

Con el cuerpo ensangrentado aún en medio del salón, mientras esperaban al juez y con los agentes de la científica dando vueltas como en un tiovivo, el compañero de piso del hombre asesinado lo primero que le dijo al inspector Darío Varona fue "No me extraña nada lo que ha pasado, Ramón era un hipócrita".

Nazaré Lascano

La filiación

En septiembre de 2021, justo después de la pandemia, en la secretaría de la facultad me dieron una lista con los nombres de mis nuevos alumnos. El primer día de clase fui nombrando en voz alta sus nombres, uno a uno, y, a pesar de que el aula estaba llena, hasta el último "Zurita García, Andrea" nadie estaba presente. 

Por suerte Zurita García, que se había matriculado por segunda vez en mi asignatura, le encontró una explicación a aquella anomalía "Terry, te han dado la lista del año pasado". Haciéndome el perplejo me fijé con detenimiento en los nombres y apellidos de aquel listado y efectivamente la mayoría me sonaban, aunque apenas les ponía cara quizás porque el curso anterior los vi de forma presencial unos pocos meses o más probablemente por mi despiste innato.

Traté de solucionar el problema acudiendo al secretario de alumnado, también hablé con dos administrativos y hasta con la secretaria del decano. Todos me dijeron que habría habido un error debido a un corta-pega y que la solución era sencilla, pero los días pasaron y yo seguía con mi lista caducada.

La situación era ridícula así que busqué una solución igual de absurda, les propuse a los alumnos que adoptasen cada uno el nombre de uno de sus compañeros del año anterior y que dijeran "presente" cuando oyeran ese nombre al pasar lista.

Sorprendentemente todos aceptaron el reto y se pasaron la hora de clase repartiéndose nombres y apellidos, algunos elegían los más sonoros y otros los más extraños, muchos cambiaron de género y sólo se quedaron con los vulgares los que llegaron tarde.

El día siguiente, cuando pasé lista, no faltó ni un solo alumno, todos contestaron divertidos y excitados cuando oían su nueva filiación y sólo Zurita García, Andrea respondió con tristeza "presente" al oír su verdadero nombre.

Terry Salgado

lunes

Convertirnos en cualquier cosa

Esta fotógrafa checa [Dita Pepe] comenzó hace 15 años a enfocar su trabajo en el estudio de la personalidad, de cómo el lugar y  la familia en la que naces, las personas a las que conoces o con la que te casas, pueden convertirte en una u otra persona. 

     


Todos habríamos sido susceptibles, en los más tiernos momentos de nuestra infancia y adolescencia, de convertirnos en cualquier cosa. Lo que somos ha dependido de nuestro entorno y de las decisiones que hemos tomado a lo largo de la vida.


      


[…] Así que que Dita Pepe no se pregunta otra cosa que eso: «¿Cómo habría sido mi vida si hubiera pasado por todo lo que ha pasado esta persona?» «¿Y si hubiera nacido allí?» «¿Y si la vida me hubiera llevado a casarme con un hombre así?». 


Se lo pregunta y se lo responde con sus fotografías, que nunca son manipuladas mediante el retoque y en la que, a menudo, posan sus hijas y su marido, que es también su ayudante.

Piedras

EL DICCIONARIO DE LAS PIEDRAS              

El diccionario de las piedras                      

sólo tiene una palabra,                                 

y esa palabra es “piedra”.                            

 Si alguien les pregunta,                           

“¿Qué tal estáis, piedras?”,                        

ellas responden a coro:                              

“¡piedra! “¡piedra!” “¡piedra!”.                    

Y si a una de ellas se le dice,                      

“Oye, piedra, ¿adónde vas?”,                      

Ella, con paciencia, responde:                    

“piedra”, “piedra-piedra-piedra”.                 

“¿Cómo se llama tu amiga?”.                    

Responde enseguida: “Piedra”.                 

“¿Cómo se llaman tus padres?”.               

“Piedra”, “Piedra-Piedra”.                         

“¿Qué es lo que te gusta más?                

“¿El sol? ¿La luna? ¿Las nubes?…            

Dímelo por favor, piedra”.                      

Respuesta: “piedra, piedra”.                    

El diccionario de las piedras                 

sólo tiene una palabra,                       

y esa palabra es “piedra”.                      


HARRIAREN HIZTEGIA

Harriaren hiztegiak

hitz bakar bat du,

eta hitz hori da “harri”.

Esaten baldin badiozu,

zer moduz gaur, harri?

Berak erantzungo du:

harri! harri! harri!

Galdetuz gero berari,

aizu harri, nora zoaz?

Berak agian irribarrez:

harri, harri-harri-harri.

Zer izen du zure lagunak?

Berak segituan: Harri

Zein dira zure gurasoak?

Harri eta Harri-Harri.

Zer zaizu atseginago?

Eguzki, euri, laino?

Esaidazu arren, harri!

ha-rri, haaarri-harri.

Harriaren hiztegiak

hitz bakar bat du,

eta hitz hori da “harri”.

Bernardo Atxaga. El diccionario de las piedras (Harriaren hiztegia)

domingo

En actitud vertical

El hombre posa en actitud vertical, mientras que el mundo que lo rodea parece seriamente inclinado. ¿Cuánto? Pongamos que unos 20 grados. 

En todo caso, quien se muestra torcida es la realidad, no el individuo. Todo, a espaldas del retratado, parece a punto de volcarse. Él, en cambio, permanece erguido, con la expresión tranquila, como si no advirtiera la pérdida de equilibrio del mundo.

Sorprende, en consecuencia, la naturalidad con la que el crítico acepta el desajuste, pues no hace esfuerzo alguno para mantenerse en pie. 

Quizá no sabe todavía que está muerto. O lo sabe y acaba de averiguar que la muerte consiste en que el mundo se incline sin hacerte perder el equilibrio.

Juan José Millás, Pérdida de equilibrio, El País, 18/10/2026

Limones

El primer día les dije a mis alumnos que cada uno de ellos debía traer a clase una naranja o una manzana. Podían elegir entre las dos frutas, pero no podrían entrar al aula si venían con las manos vacías.

La mayoría lo hizo, ganaron las manzanas. Alguno trajo varias piezas pensando en sus amigos, otros no trajeron nada y reivindicaron muy enfadados su derecho a acceder a clase, por último hubo dos chicos que se presentaron con un racimo de plátanos y una chica que llegó con una rodaja de melón. 

Nadie trajo limones.

Terry Salgado

sábado

Las llaves de casa

La Vía Láctea tiene unos 200.000 millones de estrellas.
 
Y yo me he pasado la tarde buscando las llaves de casa.

Terry Salgado

Lo de las manos

Me enternecía ver a mamá en las fiestas familiares, bailando, bebiendo, hablando mucho y moviendo las manos. Me extrañaba mucho lo de las manos. 

Y me hacía gracia, y me avergonzaba a la vez, verla con los ojos chispeantes, la lengua torpe y la risita estúpida del que no está acostumbrado a beber.

Nazaré Lascano

viernes

Diferencias

La psiquiatría está llena de personas convencidas de que sus familiares han sido sustituidos por dobles, y, la ciencia ficción, de familiares que efectivamente han sido sustituidos por dobles. 

La diferencia entre un historial clínico y un cuento fantástico consiste en averiguar quién lleva razón: si los médicos o el paciente.

Juan José Millás, Un fallo del programa, El País, 16/10/2026

Los desagües

Por las mañanas me quedaba en casa haciendo tareas domésticas. 

Compré una bata y unas zapatillas y me imaginaba que era la asistenta de Amparo y de Jorge. Y pasaba el día barriendo el suelo, pasando la mopa, limpiando los cristales de las ventanas, poniendo la lavadora y sacando del desagüe de la bañera los fabulosos matojos de pelos negros que Amparo iba dejando como el que deja una culpa o una amenaza.

Me excitaba la idea de ser una niña bien, una burguesita venida a menos que limpiaba la casa esperando a que sus jefes llegaran a mediodía para comprobar el trabajo y regañarla.

Nazaré Lascano

miércoles

La infinitud discreta

El contexto altera o multiplica el significado de las palabras de un modo que ninguna fórmula es capaz de capturar del todo. 

Noam Chomsky llamó a esta capacidad de generar expresiones ilimitadas a partir de medios finitos la infinitud discreta. Veintisiete letras y un número infinito de posibilidades. La sensación persistente, sin embargo, es la de no dar nunca con la palabra justa.

Juan José Millás, La palabra justa, El País, 26/06/2026

Espacios

Cuando alguna noche me quedaba sola en casa de mis viejos tenía tanto miedo de lo que me imaginaba al final del pasillo, junto a la puerta de la calle, que prefería coger una colchoneta y un saco y dormir en el recibidor, tranquila, habitando un espacio real en el que la imaginación no podía hacerme daño.

Nazaré Lascano

martes

Olga V (Dar explicaciones)

Aquella mujer debía de tener prisa en encontrar a un idiota que supiera usar un arma como para hacerle ir a su propia casa de madrugada.

Luis dijo que sabía disparar, aunque nunca lo había hecho, pero ¿qué podría ser más fácil que apretar un gatillo? Lo había visto tantas veces en el cine que no podía negarse.

Olga se sorprendió, abrió su bolso y le dio más dinero. Luis pensó que no debía cogerlo sin saber qué pretendía, pero la mujer le dijo que aquello sólo era un regalo por haberle evitado dar explicaciones.

Terry Salgado

lunes

Prosa vital

Siento ser prosaico y poco poético, pero casi siempre me arrepiento más de lo que he hecho que de lo que no.

Terry Salgado

Sueños de un gramático

Soñé con un modo de escritura nuevo, consistía en colocar palos de distintos tamaños y en distintas posiciones (arriba o abajo, a izquierda o derecha, sobrepuestos, distanciados un centímetro o un palmo, formando ángulos agudos, rectos u obtusos) que daban lugar a una gramática compleja con la que poder escribir desde un listado de mercancías a una novela futurista, desde un poema a un sueño sobre sistemas de escritura olvidados.

Terry Salgado


domingo

Lo contrario de la poesía

La llamada prosa poética siempre es un horror, un producto involuntariamente kitsch. Lo contrario de lo que debe ser la poesía. 

Sólo sirve para la publicidad de los bancos o de los coches de alta gama.

Bernardo Atxaga


Los días contados

A veces me despierto en medio de la noche y pienso en el cuadro de Las meninas, tan abandonado a esas horas en su sala del Museo del Prado. 

Esa pintura, me digo, debería ser mirada sin interrupción. Da vergüenza que un lienzo tan extraordinario (aunque también monstruoso, entiéndanme) permanezca cerrado doce o catorce horas al día. Velázquez lleva rematándolo casi cuatro siglos y no da muestras de cansancio.

En mis insomnios, vuelo imaginariamente al Museo y me planto frente a ese prodigio especular. Alterado por la falta de sueño, me parece escuchar el crujido de la materia pictórica al craquelarse y el de la tela al pudrirse. Ese cuadro, como el Sol, como la Tierra misma, como todos nosotros, tiene los días contados. Conviene aprovecharlos al máximo.

Juna José Millás, Un prodigio espectacular, El País, 09-10-2026

sábado

Olga IV (Siempre es un buen momento)

— ¡Vaya horas ¿no?
— Bueno —Luis sonrió— este oficio es así, no me quejo.

Olga se sentó en un sillón junto a Luis que pudo oler su perfume con un final amargo.

—¿Te apetece tomar algo?
— Tomaría un café, pero no sé si es un buen momento.
— Siempre es un buen momento para un café. 

La mujer volvió a levantarse, se asomó a la puerta y dio una orden a alguien, seguramente a Juan Luis. Esta vez no se sentó, se puso frente a Luis y le miró desde arriba.

—¿Puedo hacerte una pregunta?
—Claro.
—No es sobre tu trabajo no te preocupes.
—Sobre lo que sea, no importa.
—Verás... —Olga titubeó por primera vez en la noche— necesito que hagas algo por mí.
—Tú dirás, si está en mi mano podemos hablarlo.

Olga decidió atacar a bocajarro.

—¿Sabes usar un arma?

Terry Salgado

jueves

Páginas indefensas

Ayer descubrí a un lector, lo vi merodeando la estantería ordenada por autores contemporáneos de una conocida librería de la Gran Vía. Yo me hice la despistada, pero sé que me reconoció y empezó a rondar por el orden alfabético, acercando mucho su cara a los lomos de los libros y, cuando llegó a mi nombre y a mis lomos, los empezó a recorrer con la yema de sus dedos.


Yo lo miraba agazapada desde la mesa de novedades y sufría y gozaba a la vez viéndole como tocaba mis volúmenes apretados contra otros y los sacaba sin pudor liberándolos de su presión y tras una rápida mirada los volvía a colocar, una y otra vez, en su hueco.


Ruborizada, tuve que mirar hacia otro lado cuando sacó de su sitio uno de mis diarios más gruesos, lo abrió al azar y paseó sus dedos por la página indefensa. Le di, les di, unos minutos de intimidad, pero cuando volví la vista él ya no estaba, lo busqué con la mirada, pero sólo pude ver el libro, mi diario, muerto, cerrado, durmiendo el sueño de los no leídos junto al de otro autor vecino al que detesto.


Nazaré Lascano

miércoles

Olga III (Retratos en granate)

Antes de que Luis preguntara por Olga el hombre extendió su mano, sonrió y se presentó.

—Soy Juan Luis.
—Yo también me llamo Luis.
—Sí, —el calvo rio— a Olga le gustan los juegos de palabras.

Luis no entendió del todo lo que quería decir, pero se tranquilizó al sentir la mano cálida de aquel hombre apretando la suya.

— ¿Está ella en casa?
— Sí claro, pasa por favor.

Juan Luis cerró la puerta y acompañó a Luis por un pasillo enmoquetado de granate hasta una salita iluminada con lámparas de pie con unas enormes tulipas que reflejaban la luz amarilla en los espejos que cubrían la pared.

—Siéntate, por favor, Olga viene enseguida.

Luis se sintió como si estuviera en la sala de espera del dentista, miró a su alrededor, vio un damero que parecía extenderse hasta el propio suelo de baldosas blancas y negras sobre el que había colocado un enorme globo terráqueo. En la pared, y sobre varias mesitas, varios retratos al óleo de una mujer muy bella en distintas épocas, y que supuso era la dueña de la casa.

Olga tardó más de diez minutos en aparecer, llegó envuelta en un albornoz del mismo tono granate que la moqueta, sujetando un bolso de piel con su mano izquierda.

—Hola Luis —le habló como si ya lo conociera mientras le extendía su mano derecha— discúlpame, pero no encontraba mi bolso.

Olga sacó varios billetes, los dobló  y se los puso en la mano a Luis que ya se había levantado.

—¿Encontraste bien la casa?
—He venido en Uber, así que me ha dejado en la puerta.
—Juan Luis me ha dicho que parecías muy joven.
—No sé, según para quien.

Olga rio.

—Tienes razón. Para él eres muy joven.
—Espero no serlo para ti.

Terry Salgado

martes

Olga II

Luis bajó del taxi frente al edifico de Olga, cruzó la calle y le mandó un
whatsapp "Estoy en la puerta. Luis". Casi al instante sonó un ruido metálico y el portón se abrió con un chasquido.

El ascensor dio otro chasquido al cerrarse y Luis aprovechó el viaje para meter la mano en su mochila y comprobar con el tacto si tenía todo lo que necesitaba.

La casa tenía dos puertas, la principal y la de servicio, y Luis se colocó entre ambas. Pensó que la que se abriera le indicaría al instante quién era esa mujer y, quizás, quién era él mismo.

Esperó sin llamar, a los treinta segundos miró el móvil y al minuto golpeó la puerta con los nudillos.

Alguien corrió un cerrojo, Luis se sorprendió al ver frente a él a un hombre de unos sesenta años, con la cabeza afeitada y con el torso desnudo.

Terry Salgado

lunes

Juegos para una ciega

Me gustaban los juegos de ciega, sobre todo al principio.


¿Recuerdan el de la gallinita o el del escondite?


Con Amparo esos juegos no funcionaban como debían.


Nazaré Lascano

domingo

Fantasmas

Sigo lo que Diderot escribió sobre los comediantes y actores, que no deben confundirse con el personaje, que el personaje debe ser para ellos como un fantasma al que imprimen vida. 


En mi caso, cuando por ejemplo doy una lectura, no «interactúo» con el público. Leo el texto que he preparado, y me voy. 


El texto debe defenderse solo. Hacer guiños personales para «endulzar» la recepción es hacer trampa, o eso me parece.


Bernardo Atxaga

sábado

La nada en la mediana edad

Mi viejo siempre me dio curiosidad, por su propia personalidad que nunca llegué a entender, o entendí mal, y también por su edad y género. 

Desde niña me preguntaba qué hace un viejo cuando no trabaja o no duerme. No podía entender qué alicientes podía tener para un hombre de mediana edad un día normal, un martes, por ejemplo o, peor, un sábado o un domingo.

Con el tiempo empecé a saber algunas cosas, aunque seguí sin entenderlas.

Nazaré Lascano

Estampados de colores

Mirando su propio reflejo en un escaparate con los maniquíes vestidos con bañadores y conjuntos de verano mamá me dijo, de sopetón, que entendía a mi viejo. "Me duele igual y sigo pensando que es un gilipollas, pero lo entiendo". 

Sin dejar de mirar los trajes de baño estampados y los vestidos de colores yo también creí entender, aunque quizás fuera algo distinto a lo que ella me decía. No estoy segura, mamá dejó de hablar y yo no pregunté más.

Nazaré Lascano

viernes

La frontera es un género

La frontera es un género que no se deja esclerotizar, porque es una productora permanente de extrañeza. 

El explorador suele tener un pie en la costumbre y otro en el ensueño. Como no puede narrar el ensueño con los útiles de la costumbre, ha de fabricar nuevos pertrechos a medida que avanza.


 Las rutinas aprendidas no sirven. 


Juan José Millás, El genio tranquilo, El País, 02/10/2026

Feedback

Hubo un tiempo en que me obsesioné con mis lectores, fue cuando empecé a escribir en el suplemento dominical de un periódico local. Yo ponía mi email debajo de mi firma y esperaba que me llegaran comentarios, críticas o incluso felicitaciones. 

Estuve más de seis meses sin recibir un solo email y empecé a pensar que nadie me leía. Pregunté a mis compañeras y todas, especialmente las que escribían sobre política o la que hacía la crítica cinematográfica recibían mensajes todas las semanas, aunque no todos fueran agradables. 

Yo soñaba con alguno de esos correos ofensivos en los que criticaran mis textos o incluso se metieran directamente contra mí. Comencé a ser más directa en mis textos, a usar alguna palabra de esas que no suelen salir en los periódicos y tratar temas incómodos. Pero siguió sin pasar nada.

Al pasar los días y continuar la sequía de feedback hablé con el redactor jefe y le pedí que incluyeran mi imagen junto a mi artículo, de esta manera siempre habría algún lector que se metiera con mi físico o hiciera comentarios machistas o fuera de lugar. Aceptó, le pareció buena idea y mandó a un fotógrafo para que hiciera una foto de cada uno de los redactores para colocarla en la cabecera, junto a nuestros textos. 

El día de la sesión de fotos yo me presenté en la redacción con el pelo suelto, los labios pintados de rojo cereza y una blusa muy escotada. El fotógrafo me sugirió con mucho tacto que quizás fuera mejor que me vistiera de otra forma menos llamativa, pero yo tenía decidido que quería provocar con mi imagen lo que no podía hacer con mis palabras.

El domingo siguiente salió mi artículo publicado junto a una foto de una chica con una camisa abotonada hasta el cuello y que, sorprendentemente, no se parecía en nada a mí.

Llamé muy enfadada a mi redactor jefe y este me dijo que al director del diario no le había gustado mi foto y que habían puesto una imagen anónima del archivo. Protesté todo lo que pude, pero no pude hacer nada y cuando me explicó que podía irme cuando quisiera, pensé que prefería seguir escribiendo aunque no tuviera contacto con mis lectores.

Ese lunes recibí más de cien emails y varias cartas manuscritas.

Nazaré Lascano

jueves

Si las piedras pensaran en los hombres

A veces Varona piensa qué fácil hubiera sido todo si le hubiera tocado ser piedra en vez de hombre.

Nazaré Lascano

Indeleble

Fui a otras bodas acompañando a mis viejos, también a celebraciones familiares como primeras comuniones de primitos de otras provincias o aniversarios de tías demasiado mayores como para celebrar aniversarios.

No sé porqué me veía en medio de aquellos fastos cutres, pretenciosos e ingenuos. No sé porqué yo, quien por entonces no me consideraba cutre ni pretenciosa ni mucho menos ingenua, no me negaba a ir a la peluquería en la víspera, a ponerme un vestidito y acudir a restaurantes de serie media, con sillas tapizadas sobre manchas indelebles.

Debe ser por eso, por las manchas indelebles, que no había celebración en la que no acabara con mi vestido salpicado de alguna salsa, de nata montada o de café.

Nazaré Lascano

miércoles

Humo

A mis diez años recién cumplidos quemé el árbol de navidad que mis padres colocaban en el comedor, entre el balcón y el televisor. 

Todas las navidades había que retirar un pequeño sofá para dejar sitio al arbolito.

Desde ese sofá mamá y yo veíamos la tele el resto del año. Pero las vacaciones de navidad, con su magnífica programación televisiva, debíamos pasarlas sentadas con la espalda en ángulo recto en dos sillas de madera rígidas y duras como un palo.

Una mañana muy temprano me levanté y lo quemé con la ayuda de unos cartones que encendí en el fogón de gas de la cocina. 

Recuerdo que vinieron los bomberos y que lloré cuando estalló el televisor, el resto está difuminado por el humo en mi memoria.

Nazaré Lascano

Con nada

EXPERTO: Señor Jorge Oteiza, piensa dejar eso así, ¿“sin nada”?
OTEIZA: No, voy a dejarlo con nada.

Jorge Oteiza, afortunadamente, se mantuvo firme en su idea y nos dejó una fachada maravillosa. Una escultura que habla con el vacío, tal y como hemos visto a lo largo de toda la obra del autor.

El conjunto de la fachada representa a la Virgen Dolorosa cuando recoge el cadáver de Jesús. 

Para Oteiza la fachada principal del Santuario de Aránzazu “es un muro de soledad, la soledad de la muerte que ofrece a su hijo al visitante (al peregrino que llega), un juego que se realiza con la imagen que guarda la basílica, la de la Virgen con el niño en alzas.”


https://eriuphoto.com/jorge-oteiza-al-final-vas-a-dejar-la-fachada-del-santuario-de-aranzazu-asi-sin-nada/


martes

Teatro de cercanías

Cada media hora pasaba el tren de cercanías frente a su casa. 

Contrató a un escritor de teatro y a tres actores, les pagó para que montaran una pieza de un minuto y veinticinco segundos que era el tiempo exacto que tardaba en pasar el convoy delante de su ventana.

Los pasajeros verían no más de seis segundos de una obra que debían completar en su imaginación. Todo debía ser muy rápido, muy efectivo, como un disparo en el rostro.

Montaron tres comedias, dos tragedias y diez melodramas que es el género más adecuado para los viajes en tren.

Nazaré Lascano

lunes

Los zapatos de Naza

Mamá me regaló unos zapatos maravillosos cuando cumplí los veinte. Eran negros y brillantes, con la punta justa y el tacón ideal, es muy difícil encontrar el tacón ideal. Busqué una ocasión importante para estrenarlos, un día especial en el que caminar rotunda y descarada con mis zapatos nuevos.

Lo encontré, llegó ese día gracias a la boda de una prima de mi viejo a la que ni siquiera conocía, pero no me importaba nada la prima, ni la boda, ni mi viejo, me importaba ponerme esos tacones fastuosos con un vestido corto que no llevaría en ninguna otra circunstancia que no fuera lucir con orgullo esos zapatos.

Y llegó el día, y mi vestido me quedaba tan bien que no me reconocía en el espejo y mamá a punto estuvo de llorar, y papá me dijo por primera y última vez lo guapa que estaba, y entonces me calcé por fin mis zapatos negros brillantes con la punta justa y el tacón ideal. Y al segundo, tercer, cuarto paso me di cuenta de que algo pasaba, de que los zapatos maravillosos me quedaban grandes, que se me salían, que me hacían caminar como un pato sobre un montón de huevos de pato. 

Y así hasta hoy.

Nazaré Lascano

miércoles

Pedir ayuda

Algunas tardes dejaba las llaves de casa encima de la cama, salía de mi apartamento y cerraba la puerta tras de mí. Daba una vuelta a la manzana y regresaba a los cinco minutos. 

Después de un rato delante de la puerta cerrada pedía, avergonzada, ayuda a mis vecinos.

Nazaré Lascano

martes

Olga

Luis perdió el dinero que le había pagado una clienta a la que visitó un domingo de madrugada. 


Le había llamado pasadas las once de la noche. Luis estaba tumbado en el sofá de su apartamento mirando el móvil y cenando restos de la nevera. Pensó en no contestar, pero lo hizo. 


—Buenas noches.—La voz era cálida y segura a pesar de la hora.
—Hola, ¿Quién es?
—¿Eres Luis?
—Sí ¿con quién hablo?
—Disculpa la hora,
—la voz se disculpó sin tono de culpa— me llamo Olga. Me ha dado tu número una amiga.


Luis pensó en hacer un chiste y decir que tenía muchas amigas, pero quizás porque estaba cansado, o quizás sólo porque no quería oír su propio tono de hombre gracioso, no lo hizo.


—Vale, dime Olga.
—No sé si podrías venir a mi casa.
—Supongo que sí, dime dónde vives y cuándo te vendría bien, miro mi agenda y lo cuadramos.
—En realidad me gustaría que vinieras hoy.—Olga volvió a sonar cálida y segura. Luis se la imaginó como una de esas mujeres francesas maduras que se llevan todas las miradas en las películas de Truffaut.
—¿Hoy... de hoy? ¿Esta noche?
—Sí, esta noche. Pagaré lo que digas, claro. 


Luis trató de pensar rápido, pero sólo pensó en que si lo analizaba diría que no, así que saltó del sofá y cogió un bolígrafo.


—Dime tu dirección Olga.


Terry Salgado

lunes

Tomando el sol

En su visita de media mañana, en lugar de encontrar a la sospechosa, Darío Varona se cruzó en la terraza con un hombre de más de setenta años en albornoz. 

Le tranquilizó pensar que no podría llevar un arma escondida.

—¿Es usted vecino de la comunidad?

Cualquiera de los dos podría haber hecho esa pregunta. pero fue el vecino el que disparó primero.

— No, sólo soy una visita, un invitado.
— ¿De la señorita del segundo?

Darío no podía permitirse dudar.

—Sí, de la chica del segundo.
— ¿No está ella en casa?
— Salió a trabajar temprano.
— Pues entonces no puede estar aquí.
— ¿No puedo estar en la terraza?
— Es sólo para vecinos con sus acompañantes y si ella no está en su casa usted no puede deambular solo por la finca.
—¿Deambular?
— No puede ir solo por los espacios comunes. Está en los estatutos de la finca.
— ¿Y usted pude ir en albornoz por la finca?
— ¿Qué?
— ¿No dicen nada los estatutos del decoro?
— ¿Decoro? No dicen nada del decoro.
— ¿Lleva  documentación?
— Qué documentación? Soy propietario, además he subido a tomar el sol y en el albornoz no puedo llevarla.

Darío estuvo a punto de sacar la placa de inspector y exigirle que se identificara, pero prefirió no darse a conocer y dio la vuelta.

— Átese bien el albornoz. Buenos días.

Cuando ya salía por la puerta el vecino le habló con amabilidad.

— Puede volver a la terraza acompañado por la señorita. Si lo desea.

Nazaré Lascano

El tiempo estropeado

Somos una bomba de relojería estropeada... y nada puede salvarnos.


Chuck Palahniuk, El club de la lucha

domingo

Poca importancia

Darío llevaba tanto tiempo fuera de sí, que el no estar vivo no supuso ningún cambio importante en eso que ahora ya no puede llamar vida.

Sonrió para sí mismo al pensar que ahora que tenía todo el tiempo en sus manos ya no importaba, porque el tiempo no existía, y lo que no existe tiene poca importancia.

Nazaré Lascano




El Roto

De su puño y letra

¿Cómo fue posible que Darío Varona muriera de un disparo en la cabeza y la policía encontrara en su apartamento una carta de su puño y letra explicándole al mundo su suicidio?

La brigada de homicidios tardará en saber, si es que lo hace, que esa carta era una entre otras muchas que Darío escribió una noche tras llegar a casa cansado y excitado como un viajero.

Nazaré Lascano


sábado

Principio de auto-incertidumbre

Darío Varona intuía que en su labor como inspector de policía podría hacer coincidir hechos, unir pistas o encajar piezas si tuviera más ímpetu, si fuera menos cobarde.

Tenía pruebas abundantes para demostrar esa tesis sobre su personalidad unida a su labor como inspector, pero no las escribiría ni se las daría a nadie porque eso iría en contra de su propia tesis.

Nazaré Lascano

Una triste confusión

Snail Girl me dijo que no me preocupara que, aunque se marchara, podía encontrarla en cada lugar donde habíamos estado juntos.

Después, cuando la busqué en esos lugares, recordé su dislexia y comprobé que, una vez más, había confundido el espacio con el tiempo.

Terry Salgado

Nada

¿Por qué hay algo en lugar de nada? ¿De dónde salen el universo, nuestra galaxia, nuestro planeta, la línea 5 de metro y este periódico? 

¿No sería más fácil que no hubiera nada, “pues la nada es más simple y más fácil que algo”?


Jaime Rubio Hancock, ¿Por qué hay algo en lugar de nada?, El País 30/08/2026