domingo

Lista para salir

Muchos fines de semana organizaba una quedada con mis amigos, me pasaba una hora en el baño peinándome y maquillándome, después me probaba varios vestidos hasta que me encontraba perfecta, lista para salir. 

Entonces lo dejaba todo, volvía a ponerme el pijama y me pasaba la noche en el sofá, con la tele encendida, haciendo sopas de letras e ignorando los mensajes y las llamadas.

Nazaré Lascano

sábado

Juegos de ciega II

Mucha gente no sabía que Amparo era ciega hasta que ella no se lo decía. 

Hubo casos extremos como el de un novio con el que convivió casi un año que nunca se enteró de que no podía verlo. 

Podías verla en una cafetería tomar su taza y llevarla en equilibrio hasta la primera mesa libre, encontrártela esperando frente a un semáforo en rojo ayudando a cruzar la calle a una anciana, entrando en una librería y buscar un título en las estanterías, elegir las mejores naranjas en una frutería o maquillarse y vestirse frente a un espejo empañado combinando de manera exquisita formas y colores 

Nazaré Lascano



Teatro del azar (El piso)

Continuando con el teatro del azar, Tomás montó una obra en la que pretendía representar una obra que llevaba pensando desde hacía años y escribiendo de forma compulsiva en apenas diez días.

Contrató a tres actrices jóvenes, se aseguró de que no se conocieran, alquiló un piso en un bloque con muchos vecinos, y les dio un guion cerrado. Las tres mujeres debían interpretar durante las ocho horas de su jornada de trabajo y, para asegurarse, colocó cámaras en el piso en un acto seguramente ilegal e inmoral.

Apenas ensayaron porque iba en contra del propio espíritu de la obra, apenas unas indicaciones sobre sus personajes, la memorización de algunas marcas y el tono de los diálogos, después les hizo un contrato por obra y servicio de cuarenta horas semanales, les compró vestuario y llenó la casa de atrezo. 

Sólo quedaban fuera del guion la interacción con los vecinos.

Nazaré Lascano

viernes

Más maridos

Hola Nazaré.

Le escribo porque yo también me acuerdo mucho de mi "marido" de los juegos de niños. Tengo una edad y en aquellos años  todos los niños jugábamos en la calle y muchas veces los juegos eran imitar la vida de los mayores, recuerdo que hacíamos bodas, construíamos casas y hacíamos un simulacro de vida en matrimonio en el que las niñas aún nos dedicábamos a barrer los pisos y hacer la comida con barro húmedo y trocitos de ladrillos.

No sé por qué pero me ha removido la historia del "marido" , yo también lo sentía como algo mío y años después cuando lo encontraba por la calle me sonrojaba y cuando sabía de su vida de adulto sentía una mezcla de celos y curiosidad.

La suerte quiso que mucho tiempo después lo encontrara en un bar de copas tras una cena de empresa, hablamos y él no me reconoció, pero al cabo de un rato le expliqué quién era, se alegró mucho de verme y me sorprendió cómo se acordaba de cada detalle de nuestro matrimonio. 

No pasó nada entre nosotros, pero estuvimos hablando como viejos amantes hasta el final de la noche.

R.S.V.

Correo de Isabella

Isabella Rimini, oct. 09th, 2026 at 22:31 to: robertopintado@hotmail.com

Ciao Roberto.

Siguiendo tus consejos cada uno de los alumnos llevó a clase una fotografía hecha en las calles de Roma. Después las pusimos en común, dialogamos y votamos. No me extenderé pero te diré que finalmente fue un caos y hasta se inició un debate sobre las lagunas de la democracia. 
 
Acabamos sorteando la imagen y salió la que te envío, sin duda los dioses han acertado porque a pesar de su sencillez está llena de posibilidades y matices. ¿Qué te parece? Cuando tenga los textos te los envío si te parece bien.

La autora es una alumna nueva Livia Alessandro, que ha tenido que ponerse al día con tus textos y que ya me ha hecho preguntas muy interesantes sobre Nazaré Lascano.

Hasta pronto.
Isabella

jueves

Noche de bodas

Nunca he olvidado a mi pareja infantil del juego de las bodas. Durante años lo llamé "mi marido" y cuando me hice mayor empecé a recordarlo de forma recurrente y fantaseé con tener una noche de bodas con él. 

Sé algunas cosas de su vida, pasó unos años de aprendiz en varios talleres de electricidad y de automóviles, después estuvo en el ejército y finalmente se instaló por su cuenta, tuvo un par de novias hasta que a una de ellas la embarazó, y se casó, y tiene dos hijas. 

Vive cerca del barrio y hace muchos años que no lo veo, sé que no tengo nada en común con él, que seguramente ni siquiera me gusta, pero si tuviera la oportunidad tendría esa noche de bodas sin dudarlo.

Nazaré Lascano

Coches de choque

Nos encantaba vestirnos con ropa chillona y buscar verbenas o ferias de barrio. Teníamos un calendario que ocupaba todo el verano y que repasábamos relamiéndonos.

Viajábamos en metro o en autobús. Paseábamos desde primer ahora de la tarde por recintos polvorientos, con las atracciones a medio abrir, mezcladas con los primeros feriantes y con grupos ruidosos de quinceañeros.

Al final de la tarde, cuando estábamos hartas la una de la otra, Lupe y yo subíamos a los coches de choque con cualquier desconocido.

Nazaré Lascano

miércoles

Manchas de humedad

Siempre ha habido manchas de humedad en los techos de las casas donde he vivido.

Algunas tenían aspecto de cara humana, otras de mapas de islas, de pistolas o de animales fabulosos, pero nunca han faltado las que tenían la forma exacta de la huella de un zapato masculino.

Nazaré Lascano

Pequeñas y bonitas

Un vecino de los que vivían el lo que llamábamos los bloques nos descubrió a Lupe y a mí robando en el súper. Lo llevábamos haciendo desde hacía semanas, robábamos pastelitos, latitas de refrescos orientales, algún perfume y laca de uñas.

Siempre cositas pequeñas y bonitas.

El vecino nos parecía horrible, era alto, desgarbado, con pelo grasiento y sólo compraba barras de pan. Nosotras evitábamos la panadería, pero él se las apañaba para seguirnos.

Yo, que siempre miraba hacia los lados antes de coger cualquier cosa, choqué con su mirada varias veces. Y me hacía sentir una sacudida muy dentro que no sé si me gustaba o me aterrorizaba o las dos cosas a la vez. Lupe no miraba nunca, llegaba, tomaba entre sus dedos el frasquito, el bolígrafo o la cajita de cerillas que desaparecían entre su ropa sin pasar por la mirada del viejo de los bloques.

Nunca nos dijo nada. A veces lo encontrábamos a la salida y se acercaba mucho a nosotras como si tuviera intención de decirnos lo que había visto, pero al final se daba la vuelta sonrojado.

Deseé la muerte de aquel tipo y me sentí entre aliviada y avergonzada cuando, años más tarde, alguien me dijo que lo encontraron muerto y solo, entre decenas de barras de pan duro, sentado en la cocina de su casa.

Nazaré Lascano

martes

Las viejas confiadas

Tardé en saber que Jorge y Amparo se divertían robando a las viejas. El mecanismo era simple se aprovechaban de la confianza que daba una ciega para meter la mano en sus bolsos.

Me excitó la idea, sentí celos de aquellos robos, perdí toda mi empatía y sólo deseaba ser yo la ciega o el lazarillo cómplice que se aprovecha de la confianza. 

Me dio rabia cuando me di cuenta que yo también era como esas viejas confiadas.

Nazaré Lascano

Vecino inofensivo

R.J.M., september17th, 2026 at 23:50


Estimada señorita Nazaré.

No le guardo rencor, y me explico. Soy vecino suyo, a veces me la encuentro cuando dejo el coche en el garaje, lo siento pero he investigado y ya sé cuál es su plaza con un número muy gracioso y sus horarios. A veces trato de coincidir. Como dato le diré que a menudo vuelve a casa con una planta de la mano y un bolso enorme y que a veces se vuelve hacia el coche para comprobar que las puertas todas, están cerradas.

No se preocupe ni llame a la policía, soy inofensivo, sólo me gusta verla caminar bajo la luz blanquísima de los fluorescentes, cuando apareces apago la radio, bajo un poco la ventanilla y sólo oigo el tac-tac-tac frenético del conmutador, o como se llame, de las luces.

Cuando se apagan ya no estás y yo espero un poco en mi coche y fumo un cigarro antes de subir a casa.

No se preocupe Nazaré, tengo esposa y una hija, entiendo a las mujeres y solo me gusta conocer o imaginar de cerca a quien leo con tanto gusto. 


R. Vecino inofensivo

lunes

Larga noche de trabajo

En el apartamento de Amparo había baldosas que se movían, que hacían un ruido determinado, levemente diferente, único y reconocible. 
Esas baldosas, dos en el baño, tres en la cocina y otras cinco repartidas por el piso eran un mapa de situación, un código o un lenguaje que Amparo conocía y que no contaba a nadie.

Una noche me levanté a estudiar las baldosas, a repasar sus márgenes con las yemas de mis dedos, a analizar sus dibujos, y golpearlas con los nudillos para interpretar su musicalidad. Tenía una idea sencilla, pensaba que si entendía aquel lenguaje sabría por fin quién era Amparo y qué hacía junto a ella.


Por la mañana me acostaba en silencio a su lado como si volviera de una larga noche de trabajo con la sensación de haber hecho algo malo.

Nazaré Lascano

domingo

Sonntagmorgen

Quise inventar un género que se llamara "Domingo por la mañana", pensé que si tenía suerte algún crítico espabilado lo llamaría
Sunday Morning, aunque a mí me gustaría que se dijera en alemán, Sonntagmorgen, porque es una sola palabra, y porque es más literario y provoca imágenes más inquietantes en mi memoria.

Ya he escrito algunos capítulos utilizando este sustrato, en todos hay espacio para la madrugada o el trasnoche, para los márgenes en definitiva que es donde un escritor y, más aún, una escritora deben vivir.

Los personajes del Sonntagmorgen  están difusos, pero a la vez tienen esa limpieza, ese rostro y esa cabeza nueva del que, como Lázaro, inaugura un día, que vuelve a la vida, pero no es un día ni una vida cualquiera, es ese día infame y amorfo al que llamamos domingo.

A caballo entre la aventura fracasada del sábado noche lleno de promesas y el domingo vespertino repleto de amenazas, las mañanas de este último son un terreno perfecto para la desilusión tranquila, para el paseo o la vuelta autosuficiente a casa.

En mi regreso de hoy no he tropezado con ningún examante mentiroso, no he visto un atropello en mitad de una avenida ni me he arrepentido de nada. He vuelto andando, recién duchada, con la cabeza llena de palabras, pero sin prisa por ponerme a escribir.

Nazaré Lascano

sábado

No mandamos nosotros

Con frecuencia, hay un punto en el que la frase comienza a independizarse de quien la escribe. 

Las primeras palabras predicen las que vienen después. Cada término elegido elimina cientos de posibilidades. Al llegar a la mitad, ya no mandamos nosotros, sino el texto.

Juan José Millás


martes

Las vísperas

A Darío Varona no le impresionaba ver a personas muertas, al fin y al cabo, pensaba, todos vamos a morir. 

Sí le causaba angustia ver a hombres a punto de morir o, peor aún a hombres que acababan de matar porque uno nunca está preparado para la víspera de la nada.

Nazaré Lascano

lunes

Todas las islas

Desde pequeña sé que los lugares imaginarios no deben llevar ese nombre porque no se corresponde con la realidad.


Nazaré Lascano

Las cosas estúpidas

Me extrañaron cosas estúpidas en casa de Amparo. 

La primera noche que me quedé no encontraba nada, me sentía como una estúpida preguntándole todo a cada paso. "¿Dónde está el café? ¿No tienes azúcar? ¿Dónde hay cucharillas? ¿Cómo sale el agua caliente de la ducha? ¿No usas almohada?"

Amparo no se sentía molesta, me indicaba con amabilidad y con precisión dónde estaba lo que buscaba o me decía que no había o que no usaba con el mismo tono. 

Las cosas funcionaban distintas en esa casa, y no porque Amparo fuera ciega sino porque era Amparo. 


Nazaré Lascano

sábado

Una descarga sentimental

Una buena frase parece inmóvil, aunque sea el fruto de una descarga sentimental insoportable.

La atraviesas como se cruza una habitación en la que cada mueble ocupa su lugar, sin considerar que el techo pesa toneladas ni que las paredes se sostienen gracias a un pacto milagroso entre energías de diferente signo. 

Si de pronto se oye un crujido, levantamos con susto la cabeza. También al leer levantamos la cabeza cuando el texto hace ruido.

Juan José Millás, Peleas invisibles, El País, 24/10/2026


jueves

Agua pasada

"Agua pasada sí mueve molino". 

Mírense hacia dentro y verán, sin apenas  esfuerzo, a ese molino moviéndose. Aún.

Terry Salgado

miércoles

Diálogo entre especies

Mi idea era sencilla, pero parecía que había fracasado por completo. Se trataba de juntar a los de las manzanas con los de las naranjas, abrir un diálogo entre especies, unir elementos que, de no ser por ese juego, habrían quedado separados para siempre en sus nichos ecológicos.

Pero la carencia de naranjas me hacía replantearme toda la estrategia. Pedí consejo a dos estudiantes sentadas en la primera fila, cada una de ellas con su manzana verde brillante sobre la carpeta de apuntes. Una estiró la cara en señal de asombro o desconfianza, pero la otra me propuso enrevesar aún más el juego.

Terry Salgado

Lo mismo

Con la excusa de averiguar detalles relacionados con la investigación sobre el homicidio de un varón de veinte años, con las iniciales J.L.S. Darío Varona hizo ir a la hermana de este, una mujer de veintiocho, a la comisaría, donde le hizo preguntas que no conducían a ningún lugar más allá del interés personal del comisario por estar junto a la chica.

Años después Darío Varona se avergüenza de actitudes como esta. Sabe que es una sensación ridícula, que es pasado, y que en realidad siente vergüenza porque no se arrepiente o porque, si pudiera, volvería a hacer lo mismo.

Nazaré Lascano

martes

Primeras declaraciones

Con el cuerpo ensangrentado aún en medio del salón, mientras esperaban al juez y con los agentes de la científica dando vueltas como en un tiovivo, el compañero de piso del hombre asesinado lo primero que le dijo al inspector Darío Varona fue "No me extraña nada lo que ha pasado, Ramón era un hipócrita".

Nazaré Lascano

La filiación

En septiembre de 2021, justo después de la pandemia, en la secretaría de la facultad me dieron una lista con los nombres de mis nuevos alumnos. El primer día de clase fui nombrando en voz alta sus nombres, uno a uno, y, a pesar de que el aula estaba llena, hasta el último "Zurita García, Andrea" nadie estaba presente. 

Por suerte Zurita García, que se había matriculado por segunda vez en mi asignatura, le encontró una explicación a aquella anomalía "Terry, te han dado la lista del año pasado". Haciéndome el perplejo me fijé con detenimiento en los nombres y apellidos de aquel listado y efectivamente la mayoría me sonaban, aunque apenas les ponía cara quizás porque el curso anterior los vi de forma presencial unos pocos meses o más probablemente por mi despiste innato.

Traté de solucionar el problema acudiendo al secretario de alumnado, también hablé con dos administrativos y hasta con la secretaria del decano. Todos me dijeron que habría habido un error debido a un corta-pega y que la solución era sencilla, pero los días pasaron y yo seguía con mi lista caducada.

La situación era ridícula así que busqué una solución igual de absurda, les propuse a los alumnos que adoptasen cada uno el nombre de uno de sus compañeros del año anterior y que dijeran "presente" cuando oyeran ese nombre al pasar lista.

Sorprendentemente todos aceptaron el reto y se pasaron la hora de clase repartiéndose nombres y apellidos, algunos elegían los más sonoros y otros los más extraños, muchos cambiaron de género y sólo se quedaron con los vulgares los que llegaron tarde.

El día siguiente, cuando pasé lista, no faltó ni un solo alumno, todos contestaron divertidos y excitados cuando oían su nueva filiación y sólo Zurita García, Andrea respondió con tristeza "presente" al oír su verdadero nombre.

Terry Salgado

lunes

Piedras

EL DICCIONARIO DE LAS PIEDRAS              

El diccionario de las piedras                      

sólo tiene una palabra,                                 

y esa palabra es “piedra”.                            

 Si alguien les pregunta,                           

“¿Qué tal estáis, piedras?”,                        

ellas responden a coro:                              

“¡piedra! “¡piedra!” “¡piedra!”.                    

Y si a una de ellas se le dice,                      

“Oye, piedra, ¿adónde vas?”,                      

Ella, con paciencia, responde:                    

“piedra”, “piedra-piedra-piedra”.                 

“¿Cómo se llama tu amiga?”.                    

Responde enseguida: “Piedra”.                 

“¿Cómo se llaman tus padres?”.               

“Piedra”, “Piedra-Piedra”.                         

“¿Qué es lo que te gusta más?                

“¿El sol? ¿La luna? ¿Las nubes?…            

Dímelo por favor, piedra”.                      

Respuesta: “piedra, piedra”.                    

El diccionario de las piedras                 

sólo tiene una palabra,                       

y esa palabra es “piedra”.                      


HARRIAREN HIZTEGIA

Harriaren hiztegiak

hitz bakar bat du,

eta hitz hori da “harri”.

Esaten baldin badiozu,

zer moduz gaur, harri?

Berak erantzungo du:

harri! harri! harri!

Galdetuz gero berari,

aizu harri, nora zoaz?

Berak agian irribarrez:

harri, harri-harri-harri.

Zer izen du zure lagunak?

Berak segituan: Harri

Zein dira zure gurasoak?

Harri eta Harri-Harri.

Zer zaizu atseginago?

Eguzki, euri, laino?

Esaidazu arren, harri!

ha-rri, haaarri-harri.

Harriaren hiztegiak

hitz bakar bat du,

eta hitz hori da “harri”.

Bernardo Atxaga. El diccionario de las piedras (Harriaren hiztegia)

domingo

En actitud vertical

El hombre posa en actitud vertical, mientras que el mundo que lo rodea parece seriamente inclinado. ¿Cuánto? Pongamos que unos 20 grados. 

En todo caso, quien se muestra torcida es la realidad, no el individuo. Todo, a espaldas del retratado, parece a punto de volcarse. Él, en cambio, permanece erguido, con la expresión tranquila, como si no advirtiera la pérdida de equilibrio del mundo.

Sorprende, en consecuencia, la naturalidad con la que el crítico acepta el desajuste, pues no hace esfuerzo alguno para mantenerse en pie. 

Quizá no sabe todavía que está muerto. O lo sabe y acaba de averiguar que la muerte consiste en que el mundo se incline sin hacerte perder el equilibrio.

Juan José Millás, Pérdida de equilibrio, El País, 18/10/2026

Limones

El primer día les dije a mis alumnos que cada uno de ellos debía traer a clase una naranja o una manzana. Podían elegir entre las dos frutas, pero no podrían entrar al aula si venían con las manos vacías.

La mayoría lo hizo, ganaron las manzanas. Alguno trajo varias piezas pensando en sus amigos, otros no trajeron nada y reivindicaron muy enfadados su derecho a acceder a clase, por último hubo dos chicos que se presentaron con un racimo de plátanos y una chica que llegó con una rodaja de melón. 

Nadie trajo limones.

Terry Salgado

sábado

Las llaves de casa

La Vía Láctea tiene unos 200.000 millones de estrellas.
 
Y yo me he pasado la tarde buscando las llaves de casa.

Terry Salgado

Lo de las manos

Me enternecía ver a mamá en las fiestas familiares, bailando, bebiendo, hablando mucho y moviendo las manos. Me extrañaba mucho lo de las manos. 

Y me hacía gracia, y me avergonzaba a la vez, verla con los ojos chispeantes, la lengua torpe y la risita estúpida del que no está acostumbrado a beber.

Nazaré Lascano

viernes

Diferencias

La psiquiatría está llena de personas convencidas de que sus familiares han sido sustituidos por dobles, y, la ciencia ficción, de familiares que efectivamente han sido sustituidos por dobles. 

La diferencia entre un historial clínico y un cuento fantástico consiste en averiguar quién lleva razón: si los médicos o el paciente.

Juan José Millás, Un fallo del programa, El País, 16/10/2026

Los desagües

Por las mañanas me quedaba en casa haciendo tareas domésticas. 

Compré una bata y unas zapatillas y me imaginaba que era la asistenta de Amparo y de Jorge. Y pasaba el día barriendo el suelo, pasando la mopa, limpiando los cristales de las ventanas, poniendo la lavadora y sacando del desagüe de la bañera los fabulosos matojos de pelos negros que Amparo iba dejando como el que deja una culpa o una amenaza.

Me excitaba la idea de ser una niña bien, una burguesita venida a menos que limpiaba la casa esperando a que sus jefes llegaran a mediodía para comprobar el trabajo y regañarla.

Nazaré Lascano

miércoles

La infinitud discreta

El contexto altera o multiplica el significado de las palabras de un modo que ninguna fórmula es capaz de capturar del todo. 

Noam Chomsky llamó a esta capacidad de generar expresiones ilimitadas a partir de medios finitos la infinitud discreta. Veintisiete letras y un número infinito de posibilidades. La sensación persistente, sin embargo, es la de no dar nunca con la palabra justa.

Juan José Millás, La palabra justa, El País, 26/06/2026

Espacios

Cuando alguna noche me quedaba sola en casa de mis viejos tenía tanto miedo de lo que me imaginaba al final del pasillo, junto a la puerta de la calle, que prefería coger una colchoneta y un saco y dormir en el recibidor, tranquila, habitando un espacio real en el que la imaginación no podía hacerme daño.

Nazaré Lascano

martes

Olga V (Dar explicaciones)

Aquella mujer debía de tener prisa en encontrar a un idiota que supiera usar un arma como para hacerle ir a su propia casa de madrugada.

Luis dijo que sabía disparar, aunque nunca lo había hecho, pero ¿qué podría ser más fácil que apretar un gatillo? Lo había visto tantas veces en el cine que no podía negarse.

Olga se sorprendió, abrió su bolso y le dio más dinero. Luis pensó que no debía cogerlo sin saber qué pretendía, pero la mujer le dijo que aquello sólo era un regalo por haberle evitado dar explicaciones.

Terry Salgado

lunes

Prosa vital

Siento ser prosaico y poco poético, pero casi siempre me arrepiento más de lo que he hecho que de lo que no.

Terry Salgado

Sueños de un gramático

Soñé con un modo de escritura nuevo, consistía en colocar palos de distintos tamaños y en distintas posiciones (arriba o abajo, a izquierda o derecha, sobrepuestos, distanciados un centímetro o un palmo, formando ángulos agudos, rectos u obtusos) que daban lugar a una gramática compleja con la que poder escribir desde un listado de mercancías a una novela futurista, desde un poema a un sueño sobre sistemas de escritura olvidados.

Terry Salgado


domingo

Lo contrario de la poesía

La llamada prosa poética siempre es un horror, un producto involuntariamente kitsch. Lo contrario de lo que debe ser la poesía. 

Sólo sirve para la publicidad de los bancos o de los coches de alta gama.

Bernardo Atxaga


Los días contados

A veces me despierto en medio de la noche y pienso en el cuadro de Las meninas, tan abandonado a esas horas en su sala del Museo del Prado. 

Esa pintura, me digo, debería ser mirada sin interrupción. Da vergüenza que un lienzo tan extraordinario (aunque también monstruoso, entiéndanme) permanezca cerrado doce o catorce horas al día. Velázquez lleva rematándolo casi cuatro siglos y no da muestras de cansancio.

En mis insomnios, vuelo imaginariamente al Museo y me planto frente a ese prodigio especular. Alterado por la falta de sueño, me parece escuchar el crujido de la materia pictórica al craquelarse y el de la tela al pudrirse. Ese cuadro, como el Sol, como la Tierra misma, como todos nosotros, tiene los días contados. Conviene aprovecharlos al máximo.

Juna José Millás, Un prodigio espectacular, El País, 09-10-2026

sábado

Olga IV (Siempre es un buen momento)

— ¡Vaya horas ¿no?
— Bueno —Luis sonrió— este oficio es así, no me quejo.

Olga se sentó en un sillón junto a Luis que pudo oler su perfume con un final amargo.

—¿Te apetece tomar algo?
— Tomaría un café, pero no sé si es un buen momento.
— Siempre es un buen momento para un café. 

La mujer volvió a levantarse, se asomó a la puerta y dio una orden a alguien, seguramente a Juan Luis. Esta vez no se sentó, se puso frente a Luis y le miró desde arriba.

—¿Puedo hacerte una pregunta?
—Claro.
—No es sobre tu trabajo no te preocupes.
—Sobre lo que sea, no importa.
—Verás... —Olga titubeó por primera vez en la noche— necesito que hagas algo por mí.
—Tú dirás, si está en mi mano podemos hablarlo.

Olga decidió atacar a bocajarro.

—¿Sabes usar un arma?

Terry Salgado

jueves

Páginas indefensas

Ayer descubrí a un lector, lo vi merodeando la estantería ordenada por autores contemporáneos de una conocida librería de la Gran Vía. Yo me hice la despistada, pero sé que me reconoció y empezó a rondar por el orden alfabético, acercando mucho su cara a los lomos de los libros y, cuando llegó a mi nombre y a mis lomos, los empezó a recorrer con la yema de sus dedos.


Yo lo miraba agazapada desde la mesa de novedades y sufría y gozaba a la vez viéndole como tocaba mis volúmenes apretados contra otros y los sacaba sin pudor liberándolos de su presión y tras una rápida mirada los volvía a colocar, una y otra vez, en su hueco.


Ruborizada, tuve que mirar hacia otro lado cuando sacó de su sitio uno de mis diarios más gruesos, lo abrió al azar y paseó sus dedos por la página indefensa. Le di, les di, unos minutos de intimidad, pero cuando volví la vista él ya no estaba, lo busqué con la mirada, pero sólo pude ver el libro, mi diario, muerto, cerrado, durmiendo el sueño de los no leídos junto al de otro autor vecino al que detesto.


Nazaré Lascano

miércoles

Olga III (Retratos en granate)

Antes de que Luis preguntara por Olga el hombre extendió su mano, sonrió y se presentó.

—Soy Juan Luis.
—Yo también me llamo Luis.
—Sí, —el calvo rio— a Olga le gustan los juegos de palabras.

Luis no entendió del todo lo que quería decir, pero se tranquilizó al sentir la mano cálida de aquel hombre apretando la suya.

— ¿Está ella en casa?
— Sí claro, pasa por favor.

Juan Luis cerró la puerta y acompañó a Luis por un pasillo enmoquetado de granate hasta una salita iluminada con lámparas de pie con unas enormes tulipas que reflejaban la luz amarilla en los espejos que cubrían la pared.

—Siéntate, por favor, Olga viene enseguida.

Luis se sintió como si estuviera en la sala de espera del dentista, miró a su alrededor, vio un damero que parecía extenderse hasta el propio suelo de baldosas blancas y negras sobre el que había colocado un enorme globo terráqueo. En la pared, y sobre varias mesitas, varios retratos al óleo de una mujer muy bella en distintas épocas, y que supuso era la dueña de la casa.

Olga tardó más de diez minutos en aparecer, llegó envuelta en un albornoz del mismo tono granate que la moqueta, sujetando un bolso de piel con su mano izquierda.

—Hola Luis —le habló como si ya lo conociera mientras le extendía su mano derecha— discúlpame, pero no encontraba mi bolso.

Olga sacó varios billetes, los dobló  y se los puso en la mano a Luis que ya se había levantado.

—¿Encontraste bien la casa?
—He venido en Uber, así que me ha dejado en la puerta.
—Juan Luis me ha dicho que parecías muy joven.
—No sé, según para quien.

Olga rio.

—Tienes razón. Para él eres muy joven.
—Espero no serlo para ti.

Terry Salgado

martes

Olga II

Luis bajó del taxi frente al edifico de Olga, cruzó la calle y le mandó un
whatsapp "Estoy en la puerta. Luis". Casi al instante sonó un ruido metálico y el portón se abrió con un chasquido.

El ascensor dio otro chasquido al cerrarse y Luis aprovechó el viaje para meter la mano en su mochila y comprobar con el tacto si tenía todo lo que necesitaba.

La casa tenía dos puertas, la principal y la de servicio, y Luis se colocó entre ambas. Pensó que la que se abriera le indicaría al instante quién era esa mujer y, quizás, quién era él mismo.

Esperó sin llamar, a los treinta segundos miró el móvil y al minuto golpeó la puerta con los nudillos.

Alguien corrió un cerrojo, Luis se sorprendió al ver frente a él a un hombre de unos sesenta años, con la cabeza afeitada y con el torso desnudo.

Terry Salgado

lunes

Juegos para una ciega

Me gustaban los juegos de ciega, sobre todo al principio.


¿Recuerdan el de la gallinita o el del escondite?


Con Amparo esos juegos no funcionaban como debían.


Nazaré Lascano

domingo

Fantasmas

Sigo lo que Diderot escribió sobre los comediantes y actores, que no deben confundirse con el personaje, que el personaje debe ser para ellos como un fantasma al que imprimen vida. 


En mi caso, cuando por ejemplo doy una lectura, no «interactúo» con el público. Leo el texto que he preparado, y me voy. 


El texto debe defenderse solo. Hacer guiños personales para «endulzar» la recepción es hacer trampa, o eso me parece.


Bernardo Atxaga

sábado

La nada en la mediana edad

Mi viejo siempre me dio curiosidad, por su propia personalidad que nunca llegué a entender, o entendí mal, y también por su edad y género. 

Desde niña me preguntaba qué hace un viejo cuando no trabaja o no duerme. No podía entender qué alicientes podía tener para un hombre de mediana edad un día normal, un martes, por ejemplo o, peor, un sábado o un domingo.

Con el tiempo empecé a saber algunas cosas, aunque seguí sin entenderlas.

Nazaré Lascano

Estampados de colores

Mirando su propio reflejo en un escaparate con los maniquíes vestidos con bañadores y conjuntos de verano mamá me dijo, de sopetón, que entendía a mi viejo. "Me duele igual y sigo pensando que es un gilipollas, pero lo entiendo". 

Sin dejar de mirar los trajes de baño estampados y los vestidos de colores yo también creí entender, aunque quizás fuera algo distinto a lo que ella me decía. No estoy segura, mamá dejó de hablar y yo no pregunté más.

Nazaré Lascano

viernes

La frontera es un género

La frontera es un género que no se deja esclerotizar, porque es una productora permanente de extrañeza. 

El explorador suele tener un pie en la costumbre y otro en el ensueño. Como no puede narrar el ensueño con los útiles de la costumbre, ha de fabricar nuevos pertrechos a medida que avanza.


 Las rutinas aprendidas no sirven. 


Juan José Millás, El genio tranquilo, El País, 02/10/2026