Del laberinto al treinta
Apuntes inconexos sobre terremotos, mariposas,causas y azares.
martes
Ondeando al viento
Tempestades íntimas
Vamos por ahí creyéndonos individuos sólidos cuando somos edificios frágiles llenos de conductos, canales, líquidos, corrientes de aire y tempestades íntimas que pueden hacernos colapsar en un instante.
Juan José Millás, No sabemos gran cosa. El País, 31/07/2026
Vamos por ahí creyéndonos individuos sólidos cuando somos edificios frágiles llenos de conductos, canales, líquidos, corrientes de aire y tempestades íntimas que pueden hacernos colapsar en un instante.
Juan José Millás, No sabemos gran cosa. El País, 31/07/2026
Vicarios
H. se compró la pistola el día en que fue consciente de que él era su único enemigo y los demás sólo le atacaban de forma vicaria.
Nazaré Lascano
Lateral
Darío Varona pensaba que con la pistola de policía guardada junto a su pecho tendría la confianza que siempre le faltó en sus acciones cotidianas.
Desde que se le asignó un arma oficial y firmó los permisos legales necesarios Darío llevaba su pistola a todas partes, como si fuera un órgano más, uno nuevo con características propias e híbridas propias del tronco del encéfalo, el pene y el esófago, todos ellos tubos que conectan emociones, fluidos y alimentos y que tienen en el revólver su representación perfecta.
Darío compraba en el supermercado, hablaba con los vecinos, echaba gasolina, salía a tomar una copa e iba a ver a su madre con el imprescindible peso de la pistola en un lateral de su cuerpo.
Nazaré Lascano
Pensamientos de H.
Mientras espera a Sonia Ricco en la habitación, con la pistola fría encima de la mesa, H. escribe en su agenda:
Siento la tristeza en momentos absurdos, también la vergüenza y, pocas veces, la nostalgia y el optimismo.
Menos aún siento la rabia o la esperanza (que es como la rabia domesticada) y a pesar de lo poco que me interesa el mundo sigo teniendo pensamientos eróticos y morbosos todo el tiempo.
Todo lo llevo a sentimientos que a penas controlo y que sólo se domestican con las normas de educación y la timidez de quien no sabe reconocerse ahí fuera.
Nazaré Lascano
Paloma I
En enero, un día sin apenas frío quedó en una cafetería del centro con Paloma. Se dio cuenta por sus mensajes que era muy desconfiada, pero aquello formaba parte del juego, usó varios nombres, cambió la cita dos veces y llegó al bar con gafas de sol y un pañuelo de marca cubriéndole la cabeza.
Enseguida supo que era ella, pero disimuló y le pidió una napolitana al camarero porque tener algo dulce en las manos siempre da confianza a la otra parte.
Paloma se quedó un instante en la puerta, respiró hondo, entró y se colocó en una esquina de la barra, justo en el lado contrario en el que desayunaba Luis.
Tardó unos minutos en acercase, era ella quién tenía que tomar la iniciativa porque se suponía que Luis no la conocía y ella le había pedido que se identificara con un plumas de color rojo.
— Disculpa ¿eres Luis?
Luis dejó la napolitana en el plato, junto a la taza de café, se limpió las manos con una servilleta y alzó los ojos hacia Paloma.
— Hola Paloma. ¿Qué te apetece tomar?
Terry Salgado
lunes
Paloma II
Paloma vive en un piso grande de un buen barrio, cerca del centro. En el camino hacia su calle le ha hecho a Luis preguntas que no se ha atrevido a hacerle en la cafetería, a pesar del café caliente y de la napolitana.
— ¿Por qué te dedicas a esto? Y no me digas que por dinero.— Tengo una buena relación, un buen feeling, con las mujeres mayores.— ¿No hay un componente, no sé, morboso?— Defíneme morboso.— Gusto insano.— En este caso sólo hay gusto.
Paloma no puede evitar sonrojarse.
Antes de llegar al bloque donde vive, Paloma le da indicaciones de cómo debe hacer esa tarde para entrar sin que ningún vecino sospeche, después le da la mano y le dice que le espera a las cuatro y media, la hora en la que su marido enfermo está en lo más profundo de su siesta.
Terry Salgado
Paloma III (Mármol blanco)
El portal donde vive Paloma es de techos altos, con el suelo y las paredes recubiertas de mármol blanco ribeteado de vetas finas como vasos capilares. Luis imagina a Paloma, joven junto a su marido sano, riendo en el portal una noche en la que regresan borrachos de una fiesta. Los dos se besan junto al ascensor sin pensar en que treinta años después Luis pasará por encima de esas mismas baldosas con su mochila al hombro donde guarda las toallitas, el lubricante y los condones.
Terry Salgado
domingo
Paloma IV (El barro)
Paloma abre la puerta que susurra como una sábana en medio de la noche. Luis se da cuenta de que se ha pintado la raya de los ojos y se ha puesto dos pendientes, dos aros dorados con un radio de 4 centímetros, que brillan bajo la luz blanca del portal.
Caminan sin hablar por un pasillo ancho con las paredes cubiertas de libros y entran en un salón pequeño iluminado por la luz de la media tarde que entra a través de las cortinas cerradas.
Luis no sabe qué hacer y la mujer le invita a sentarse en un sofá bajo de color crema, una vez acomodado Paloma le ofrece un café.
— ¿Tomas café u otra cosa?— Lo que tú quieras.— ¿No sabes lo que quieres?— Sí que lo sé, pero hoy eres tú la que decides.
La mujer se ruboriza, da media vuelta y regresa con una bandeja con una taza, un azucarero, una jarrita con leche y una cafetera italiana.
— ¿Tú no tomas?— A mi edad un café después de las dos de la tarde supone una noche en vela.
Paloma se sienta frente a Luis que se sirve él mismo café y le añade unas gotas de leche.
— Mi marido también lo tomaba cortado.
Luis sonríe con amabilidad mientras piensa como meter a esa mujer en el barro.
Terry Salgado
sábado
Paloma V (La culpa)
Paloma le habla tanto y tan bien de su marido enfermo que Luis siente dentro una angustia que no es otra cosa que remordimientos, una especie de culpa judeocristiana y ternura por el marido a punto de ser engañado.
En medio de la conversación, y ya sin café en su taza, Luis mira la hora y Paloma le dice que no se preocupe por el tiempo que le pagará cada minuto que pase en esa casa. Y Luis disimula diciendo que tiene otro servicio a las siete en la otra punta de Madrid.
Terry Salgado
Paloma VI (Palabras gruesas)
Cuando se sirve el segundo café Luis es consciente de que ahora es él quien está cubierto con el barro de unos recuerdos que ni siquiera le pertenecen.
Se le pasa por la cabeza llevar la conversación bruscamente hacia lo vulgar o de forma suave hacia lo lúdico, pero no se ve así mismo hablándole a esa mujer noqueada con palabras gruesas.
Finalmente Paloma le ofrece ver a su marido desde la puerta del dormitorio y Luis, no sabe por qué o por quién, accede.
Terry Salgado
viernes
Paloma VII (Semipenumbra)
Luis la espera fijándose en alguno de los objetos que llevan allí tantos años que Paloma ya no los ve, es por eso que no se ha preocupado por quitar fotos enmarcadas en las que se ve a un hombre y una mujer jóvenes posando en un lugar indeterminado con una luz amarillenta. Luis no sabe si la mujer de la foto es Paloma o su hija, y si el hombre es su marido.
Cuando Paloma entra en el salón, le sonríe por primera vez.
— Todo bien, ¿vienes?
Luis camina detrás de Paloma preguntándose por qué ha sonreído precisamente en un momento como ese. Cuando llegan a la puerta entornada del dormitorio Paloma se echa a un lado y le indica con señas que se asome al interior.
Dentro no se ve nada, los ojos de Luis tardan en adaptarse a la semipenumbra y pasan unos segundos hasta que puede distinguir una cama de matrimonio, una cómoda y un espejo iluminados torpemente por la luz que penetra por las rendijas mínimas de la persiana bajada.
Luis evita a toda costa mirar su reflejo en el espejo.
Terry Salgado
Paloma VIII (Azul)
Paloma cierra la puerta del dormitorio de forma amorosa y Luis la sigue de nuevo hasta el final del pasillo donde se abre una habitación pintada en tonos azules.
A Luis le parece que si los colores tuvieran olor ese sería el aroma del azul.
En medio del cuarto hay una cama grande, aunque no de matrimonio, vestida con sábanas blancas y, al fondo, una puertecita que da a un baño.
Paloma le señala a Luis la puerta.
— ¿Te importa ducharte?— Claro que no.— Dentro tienes toalla, si necesitas algo más me dices.
Luis se ducha con tranquilidad, casi con pereza, Cuando sale del baño, aún mojado, cubriéndose con una toalla del mismo tono de azul de las paredes, ve a Paloma que está metida en la cama medio tapada con las sábanas como una esposa cansada o distraída.
— Hola. ¿Te parece bien así?
Paloma apenas lo mira antes de responder.
— Está bien así, pero sécate por favor.
Luis se quita la toalla y se seca con ella, primero la cabeza y después el torso. Cuando termina la deja en el suelo y se coloca a los pies de la cama.
— ¿Qué quieres que hagamos, Paloma?
Terry Salgado
jueves
Borrasca de baja presión
Hay personas que cruzan la calle con pequeñas tormentas meteorológicas alojadas en el interior de los huecos de la calavera.
Uno las ve detenerse ante un escaparate o consultar el móvil en un semáforo y piensa que llevan una existencia razonablemente estable, pero quizá detrás del hueso de su mejilla izquierda esté descargando una borrasca de baja presión.
Juan José Millás, No sabemos gran cosa, El País, 31/07/2026
Azucena I
Lo recibió con un vestido de tonos verdes y dorados, la falda por debajo de la rodilla, el pelo corto y rizado. Aunque a Luis le parecía mayor no debía tener más de cuarenta y cinco años. Su acento era muy suave, pero se le notaba el final espumoso frizzante de las sílabas de cierre en portugués.
El domicilio de esa primera clienta estaba en un barrio de las afueras y Luis temió que aquello fuera una trampa. Sentado en el Metro fantaseó con que alguien le estaría esperando para robarle o castigarle por su oficio. Inquieto, miró de nuevo el nombre de la calle apuntada en un papel doblado y, cuando llegó, todo fue tal como la había imaginado, una vía estrecha, con manchas permanentes en las aceras y con bloques feos de ladrillo de cuatro a seis alturas.
El portal estaba abierto. El piso no tenía ascensor y cada planta tenía un olor propio.
Luis subió con el corazón desbocado hasta la cuarta planta y escuchó un instante tras la puerta antes de llamar. No oyó nada especial, quizás un pájaro revoloteando en una jaula metálica y una cazuela o una olla en el fuego, al cabo de un rato distinguió el sonido perfecto de los cubiertos entrechocando.
Llamó una sola vez al timbre y apenas esperó un instante. Una mujer abrió la puerta, llevaba puesto un vestido de tonos verdes y dorados, olía a jabón fresco, como a recién duchada. Luis pensó que aquella mujer no podía ser con la que había contactado la noche anterior, dudó un instante y miró el papel doblado "Buenos días, pregunto por Azucena". La mujer apenas sonrió "Eres Luis Manuel", dijo sin preguntar, alargando la nasalidad de la ele final, Luis dijo que sí y ella se apartó a un lado para dejarle pasar.
El pasillo, como la mujer, era ancho, fresco, limpio, en semi penumbra, sin un solo mueble ni un solo cuadro, al final se abría un salón iluminado por la luz del sol. Cuando traspasó la puerta Luis paró sin saber qué hacer. La mujer se puso a su lado, abrió un bolso grande de cuero negro, rebuscó hasta que encontró una cartera, de la cartera sacó dos billetes y se los alargó a Luis. "Gracias", dijo muy bajito, y se ruborizó al darse cuenta de que era el primer dinero que ganaba por tener sexo con una mujer.
Terry Salgado
Azucena II. Simetría carnal
Mientras Luis doblaba y guardaba los billetes en el bolsillo delantero de su pantalón Azucena se quitó el vestido sacándoselo por la cabeza, dejando ver durante un instante sus axilas recién depiladas. Debajo del vestido llevaba una braga de color azul marino sobre la que se dibujaba el ombligo dándole a su figura una simetría perfecta.
Antes de que terminara de desnudarse, con la cabeza aún tapada por el vestido, Luis se fijó en sus pechos redondos que le daban carnalidad a un cuerpo donde iban ganado terreno las arrugas que se extendían por las piernas y el abdomen.
Cuando vio que la mujer había terminado le sonrió esperando que ella le indicase qué quería que hiciera.
— Quiero que te quites la ropa y que me abraces.
Luis miró hacia atrás como si necesitara controlar el escenario, vio que el sol iluminaba el salón cayendo sobre el televisor y sobre la mesa central, también vio la raya de partículas de polvo que caía justo en los pies desnudos de la mujer.
— ¿Aquí mismo?— Sí, aquí.
Luis, sin pensar en nada, como si estuviera en la consulta del médico, se quitó la camiseta, las zapatillas y el pantalón que fue dejando sobre la mesa de madera colocada en el centro exacto del salón.
— ¿Quieres que me lo quite todo?— Sí, por favor, quiero que me abraces.
Cuando terminó de desnudarse Luis dio dos pasos hacia la mujer que abrió sus brazos.
Terry Salgado
miércoles
Azucena III. Dos actores
A Luis le extrañó la baja temperatura del cuerpo de Azucena, que parecía que acabara de salir de una piscina o del fondo del mar. Imaginó que aquel olor a gel de baño era el aroma del mar. También sintió el roce de su cabello corto sobre su hombro derecho y la fuerza de sus brazos rodeándole.
Estuvieron así, durante un tiempo indeterminado. De fondo, en medio del abrazo, Luis oía al pájaro enjaulado en alguna habitación cercana, saltando en su jaulita metálica, también podía oír la cazuela borboteando en la cocina y otros ruidos propios de una casa desconocida.
Al cabo de ese tiempo indeterminado Azucena aflojó la fuerza de sus brazos y los dejó caer lentamente. Luis hizo lo mismo. La mujer retrocedió un solo paso y dio media vuelta dándole la espalda.
— Abrázame otra vez, por favor.
Luis sintió que debía tomar la iniciativa y le acarició los hombros, rodeó su cuerpo y bajó sus manos por el torso de la mujer rozando sus pechos antes de abrazarla con fuerza. Ella echó la cabeza hacia a atrás, acomodándola en el hombro de Luis.
Desde esa posición, mientras trataba de no pensar en nada, Luis podía ver la ventana desde la que entraba el sol que les iluminaba completamente, como a dos actores de una película sin género conocido.
Terry Salgado
Azucena IV. Olor a mar
El olor a mar se hizo más intenso, Luis cerró los ojos para poder oír las olas acercándose y alejándose en su cabeza, salpicando sus pies desnudos y los de la mujer que se fue separando de su abrazo lentamente, como una serpiente marina.
Cuando Luis abrió los ojos vio que Azucena caminaba fuera del salón, después la escuchó en la cocina y la imaginó preparando para él un plato exquisito con pescados de los que nunca había oído hablar.
La mujer regresó al salón, se había puesto una camiseta amplia que le cubría por encima de las rodillas y llevaba una jarra de cristal de la mano. Al verse en medio de una situación cotidiana, en aquel salón al que llegaba el olor del pescado, Luis se sintió vulnerable y avergonzado.
— ¿Puedo vestirme?
Azucena miró la hora antes de hablar.
— ¿Cuánto nos queda?
Luis también miró su reloj.
— Quedan casi treinta minutos.
— Entonces aún puedo pedirte algo más.
Terry Salgado
martes
Azucena V. El caldo de pescado
Azucena se acercó hasta la ventana donde había colocadas dos macetas con flores que regó con el agua de la jarra, después pasó por delante de Luis sin decir nada y volvió a la cocina donde empezó a preparar el pescado.
Luis fue detrás, se asomó a la cocina y la llamó.
— Disculpa, ¿quieres que hagamos algo más?
Azucena lo miró mientras cortaba verduras para el guiso.
— ¿Quieres quedarte a comer?
— No, lo siento, tengo trabajo esta tarde.
— Puedes pasar si quieres.
Luis sintió el frío de las baldosas de la cocina mientras, apoyado en el marco de la puerta, miraba cómo Azucena terminaba de cortar las verduras y las añadía a la cazuela que había empezado a cocer. Cuando terminó movió todo con una cuchara de madera y probó el caldo.
— Ya casi está. Prueba, por favor.
Luis se acercó hasta los fogones y la mujer le dio a probar de la misma cuchara. Fue entonces cuando se dio cuenta de que nunca en su vida había probado un plato tan sabroso, pero también pensó que no estaba seguro de si estaba tan bueno por el propio plato o porque antes había pasado por la boca de Azucena.
— Está genial.
— Eso ha sido gracias a tus abrazos.
Luis sonrió avergonzado.
— No, en serio, es el mejor guiso de pescado que he probado desde hacía mucho tiempo.
— Yo también hacía mucho tiempo que no abrazaba a nadie.
— Ya... Es una lástima que no pueda quedarme a comer.
Terry Salgado
lunes
domingo
Lo vulgar II
Sonia Ricco se debate entre la representación de la realidad y la propia realidad que asume ingenuamente.
Tomás le insiste en que haga de todos los episodios que está viviendo con H. un ejercicio de ficción consciente, de irrealidad teatral con la que construir una obra única que salga de los límites de los escenarios. Pero H. le exige naturalidad porque es en ese hábitat donde pretende vivir sus pausas sin artificios, sus treguas de ser vulgar.
La pelea entre esos dos hombres que no se conocen tiene lugar en su cuerpo, o mejor, en su imagen. H. quiere observarla en su cotidianeidad y Tomás no quiere que Sonia le regale a su espectador algo que debe ser solo para él.
Cada vez que Sonia se desnuda delante de H. debe decidir entre representar el papel que Tomás le ha escrito y que han ensayado juntos o ser lo vulgar que H. le pide y por lo que le paga.
A veces, tendida en la cama de la habitación de H. Sonia se imagina que los papeles han cambiado, que su pareja real es H. y que Tomás está en casa esperando que represente su papel de esposa para él.
Nazaré Lascano
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sábado
La infinitud
Esto que puede no significar mucho en la infinitud del Universo provocaba en Darío pensamientos recurrentes como el reencontrarse con antiguas amantes o satisfacer un deseo sexual que a pesar de la incorporeidad seguía siendo el mismo que de vivo, o mayor aún ya que esta nueva dimensión le ponía en situaciones ventajosas que como hetero básico no pensaba desaprovechar.
Nazaré Lascano
Mantener la calma
ChatGPT es portátil, puedes llevarlo (o llevarla) en el bolsillo, dentro del móvil, como llevas el cerebro dentro de la caja craneal.
De modo que, si estás paseando por el parque y, como me acaba de ocurrir a mí, ves sentado en un banco a tu difunto padre comiéndose un plátano, puedes preguntarle cómo actuar, si saludarlo o no, si interesarte en cómo le va de muerto. Es lo que acabo de hacer y esto me ha respondido:
ChatGPT. La situación que describes suena muy difícil y no puedo saber exactamente qué estás viviendo. Pero, si percibes algo que te perturba, lo más seguro es mantener la calma y cuidarte.
Juan José Millás, Quise retratar a ChatGPT, acabé retratándome a mí mismo, El País, 25/07/2026
viernes
Franz Von Rosenfranz
Construyó un falso teatro romano entre las colinas de la provincia italiana de Vicenza utilizando bloques de piedra modernos envejecidos artificialmente para darles un aspecto antiguo.
Lo presentó como un hallazgo arqueológico con vestigios de la Antigua Grecia, la Antigua Roma e incluso del Neolítico; organizó visitas guiadas y representaciones históricas, llegó a cobrar entradas de hasta 40 euros a cada visitante, se coló por error en una guía turística oficial y ha acabado en prisión, condenado a dos años y cuatro meses de cárcel en vía definitiva.
Es la increíble historia de Franco Malosso, un italiano de 69 años que se hacía llamar Franz Von Rosenfranz en los circuitos artísticos y que logró poner en pie uno de los engaños arqueológicos más insólitos de Italia.
Lorena Pacho, La increíble historia del hombre que construyó un falso teatro romano en Italia y vendió entradas para visitarlo, El País 24/07/2026
Suficiente arrojo
Cuando no tiene más remedio que pasar a un cuarto de baño Luis procura no mirarse en el espejo. Si lo hace ve sobre el lavabo la imagen de un idiota, un intruso, alguien sin el suficiente arrojo como para acostarse con una mujer por dinero.
La situación llega al límite si en medio de las dudas la mujer llama a la puerta preocupada.
— ¿Estás bien? ¿Pasa algo?
Entonces Luis responde con voz hueca y se oye como si fuera otra persona, evita mirarse y sale a escena oliendo a limpio.
Terry Salgado
jueves
Lo vulgar
Sonia Ricco descubre una mañana que le gusta estar con H.
No lo hace el día que aprende que todo es una farsa, algo que aprendió mucho antes de conocerle, sino la mañana que es consciente de que el mundo es tan vulgar que aquella relación interesada y vergonzosa con un hombre que paga por mirarla mientras acaricia un revólver es lo menos cutre que puede encontrar a su alrededor.
Nazaré Lascano
El show
Los días de calor Luis debe tener cuidado con el sudor. Después de un par de malas experiencias ahora lleva varias camisetas en su mochila, también guarda calcetines de repuesto, condones, lubricante, toallitas desechables y dos botes de desodorante fresco, uno con aroma a cítricos y el otro más amaderado, más masculino.
Si el calor es excesivo olvida el Metro y pide un taxi, todo por no llegar sudado a su cita.
Casi siempre se cambia en el mismo portal, pero si acude a una casa unifamiliar o a un hotel pide que le deje pasar al baño un momento, aunque prefiere entrar preparado porque la parte teatral es importante en cualquier oficio y porque no todas las mujeres de cierta edad están dispuestas a que un extraño entre en su cuarto de baño.
Terry Salgado
Planes para hoy
Por las mañanas, mientras desayunábamos en la cocina, a Snail Girl le gustaba repasar conmigo todo lo que tenía previsto hacer durante el día.
Por las noches volvía llena de energía y yo, que me había pasado el día en casa inventándola, la recibía agotado.
Terry Salgado
miércoles
Durmiendo juntos
Una noche en la que Amparo no estaba en casa le pedí a Jorge que durmiera conmigo. Por alguna razón por entonces me gustaba la idea de compartir la cama, hablar antes de dormir, leer, abrazarnos.
Jorge puso cara de extrañeza, pero aceptó sin problemas. Nos acostamos relativamente pronto, yo fui al baño, me puse un camisón y me lavé los dientes. Cuando volví al dormitorio él hablaba por teléfono. Aún estuvo cinco minutos hablando cuando yo ya estaba acostada a su lado.
— ¿Con quién hablabas?— ¿Qué?
La respuesta fue realmente mala.
— Qué con quién hablabas por teléfono.— ¡Ah! ¿Ahora? Con Amparo.— ¿Y qué quería?— Me pedía que fuera a su casa.— ¿Y eso? ¿Le pasa algo?— Decía que tenía la sensación de que había entrado alguien.— ¿A su casa? ¿Cree que ha entrado un ladrón?— Bueno no sé si un ladrón.— ¿Y qué vas a hacer?— ¿Yo? Nada, no puedo hacer nada, ya le he dicho que esta noche la paso contigo.— Pero... Puede que esté pasándole algo.— ¿Tú crees?— Amparo es muy intuitiva, si dice que cree que ha entrado alguien en su casa seguro que es verdad.— No sé, no sé.— Pero, ¿cómo que no sabes? Tienes que ir a ver qué pasa.— ¿Tú crees? Amparo es muy fantasiosa.— Nadie se inventa algo así.— Vale, vale. — Jorge se levantó de la cama, aún llevaba los pantalones puestos— me acercare por si pasa algo.— Genial, así me quedo más tranquila.— Llamaré un taxi, tengo el coche averiado.— ¿Cuánto crees que tardarás en volver?— ¿De casa de Amparo? No me esperes despierta.
Nazaré Lascano
Fotografías defectuosas
Snail Girl había tardado tanto en llegar a mi vida que los primeros meses juntos traté de aprovechar cada momento de forma rápida, saboreando instantes y pasando tópicos como el que pasa las pantallas de un videojuego.
Así, cada vez que llovía salíamos al medio de la calle a besarnos como dos locos, si de repente llegaba un fin de semana nos procurábamos un sofá y un televisor y si llegaba la navidad pedíamos a nuestros padres que nos dejaran un sitio en sus mesas familiares.
Hicimos todo lo que pudimos, rápida e intensamente, aunque no supiéramos cómo y a veces saliera de forma defectuosa. A menudo confundíamos los escenarios y acabábamos besándonos semidesnudos en el salón de mis padres, viendo la tele con una mantita en el bar del barrio o aparecíamos muy serios, vestidos de etiqueta, en las cuatro fotografías del fotomatón.
Terry Salgado
Yves Tanguy cambió su vida
El pintor francés Yves Tanguy fue un miembro destacado del grupo surrealista parisiense. […]
En 1923, tras contemplar una obra de Giorgio de Chirico en el escaparate de la galería Paul Guillaume que le impresionó enormemente, decidió dedicarse a la pintura y comenzar su formación autodidacta.
Quedó tan impresionado que decidió convertirse en pintor aunque no tenía la más mínima educación formal para dedicarse a ello.
www.museothyssen.org
martes
Temblor de piernas
A mamá empezó a temblarle la voz una tarde de verano en la que estrenaba un vestido corto estampado que llevaba varios años guardado en su armario.
No volvió a ponérselo a pesar de que era precioso y le hacía unas piernas estupendas. Decía que era tan corto que cuando se lo ponía le temblaba la voz.
Nazaré Lascano
lunes
Escenas y detalles
Hubo personas importantes en mi vida a las que conocí en las escaleras de la plaza del barrio y otras en el cine.
A día de hoy no sé quiénes fueron de cine y quiénes de escaleras.
No recuerdo ninguna película concreta ni con quién la vi, pero sí detalles mínimos de los escalones de la plaza, del tacto del granito y de la temperatura.
También han quedado mezcladas y confundidas en mi cabeza escenas del cine con las de la vida en los escalones.
Nazaré Lascano
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domingo
Obstinación
La revelación está en la tinta que ocupa los apenas cuatro dedos del capilar que se deja ver a través de la carcasa transparente (se trata de un Bic Cristal).
Ahí, lo sé, hay un poema que no me acaba de salir, una obra maestra que se resiste a ser escrita. Escribo como quien se empeña en abrir una puerta que apenas cede unos milímetros. No es fe, ya es pura obstinación.
Juan José Millás, Escritura y pánico, El País 17/07/26
El desenlace
Todos los días, de cualquier forma y tamaño, caros y baratos, sin una nota, sin un propósito y sin un final.
Al principio me gustaba, después me parecía una pesadez, al cabo de unos meses era un horror.
Flores, libros de filosofía, figuras de mármol, anillos de plata y de oro, frascos de perfume, poemas plagiados, plumas estilográficas con el plumín de oro, cajas envueltas en celofán con pastas de té, peluches pequeños, medianos y gigantes, medallas de la Virgen, botellas de licores raros, ropa interior demasiado sexi, cuadernos con cubiertas artesanales, bolsos de marca, joyeros con compartimentos secretos, abrigos entallados, collares de perlas, paraguas de colores, maquillaje francés, zapatillas deportivas, carteras de cuero, discos musicales de colección, relojes minúsculos, pitilleras de alpaca, cajitas de música, gafas de sol, camisetas de equipos de fútbol, entradas VIP para el teatro, bombones belgas, pendientes de diseño exclusivo, velas perfumadas, reproducciones de pinturas del Prado, juegos de café británicos, películas en DVD y hasta una bicicleta.
No supe quien era pero me martirizó durante todo ese tiempo, el misterio me comía y todo el mundo a mi alrededor se convirtió en sospechoso, pero lo peor era no poder agradecerle a nadie todo aquello, no poderlo disfrutar porque no sabía las intenciones ni el momento final de todo aquello, el desenlace que aclarara todo y que nunca llegó.
Nazaré Lascano
sábado
Todo
Si a mí me dijera Jesucristo “abandónalo todo y sígueme”, le preguntaría qué entendía por “todo” para averiguar si sabía de qué hablaba.
“Todo”, la mayor parte de mi vida, ha sido un bolígrafo.
Si Cristo adivinara que “todo” es un bolígrafo, creería sin género de duda que es el Hijo de Dios y le seguiría hasta la muerte.
Juan José Millás, Escritura y pánico, El País 17/07/26
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Pánico
Un domingo por la mañana desperté demasiado tarde. En el salón, tirado en el sofá, aún repleto de alcohol estaba Jorge.
Si Jorge estaba así de mal me entró pánico imaginándome dónde y cómo estaría Amparo.
Traté de preguntarle, pero no había manera de despertarle. Angustiada decidí vestirme y salir a buscarla, pero cuando fui al baño me la encontré allí mismo, tirada en la bañera, vomitada, desnuda y preciosa, con los ojos perdidos en su mundo.
Tampoco pude despertarla, me bastó ver que respiraba y que dormía. Salí a la calle pensando en no volver, pero a mediodía ya estada allí.
Nazaré Lascano
jueves
Malvada Naza
Yo tendría seis o siete años y una niña de mi edad, hija de unos amigos de mis padres, llegó a nuestra casa con un muñequito muy lindo, era del tamaño de un puño y recuerdo que tenía los ojos grandes, el pelo muy rubio y el tacto muy suave, también que olía a lavanda, aunque yo aún no sabía que ese olor se llamaba así.
Les aseguro que hice todo lo posible por no mirarlo, por no olerlo, por no acariciar su pelo suave y amarillo, pero aquella niña, que era sonriente, amable y quería ser mi amiga, me ofrecía constantemente el muñeco para que jugara con él.
Hice todo lo posible por no hacerle nada malo a aquel muñequito tan lindo, lo juro.
Nazaré Lascano
El hombre afortunado
Hubo un hombre afortunado en un país lejano. Le tocó una altísima suma de dinero en un sorteo de lotería.
El hombre fue muy feliz hasta que fue a cobrar su premio y le explicaron que ese sorteo era tan extraordinario que no había dinero suficiente para pagarle. "Páguenme menos", dijo entonces el hombre afortunado, pero los responsables del sorteo no podían permitirse esa vergüenza. "Es mucho más digno no pagarle nada".
Y el hombre pasó de sentirse afortunado a considerarse íntimamente extraordinario.
Terry Salgado
miércoles
Con mucho esmero
Mamá sabía que el viejo estaba con otra y aún así le lavaba y le planchaba la ropa con mucho esmero, no quería que fuera a sus citas con el pantalón arrugado o con aspecto descuidado.
Nazaré Lascano
domingo
Planos ajenos
Hay episodios que no significan nada y que nos dejan sin embargo la idea de haber asistido a una revelación.
No porque nos comuniquen un mensaje, sino porque nos recuerdan que el mundo ocurre en miles de planos ajenos al nuestro.
Juan José Millás, El mundo no para
jueves
Olvidar
Mi psicóloga me ha pedido que le haga una relación cronológica de momentos importantes en mi vida. Me ha parecido fascinante para mi ego y he hecho un narración limpia y extensa que a las dos nos ha dejado satisfechas.
Pero al llegar a casa, antes en realidad, caminado hacia el metro y subiendo por las escaleras mecánicas, me he acordado de repente de que, lamentablemente, había olvidado hablar de un par de trabajos importantes, de un viaje del que siempre presumí y de dos amantes.
Llena de rabia he tratado de dar la vuelta y regresar a la consulta, después me he visto a mí misma como una obsesiva y he pensado en que era mejor llamar a mi terapeuta cuando llegara a casa.
Una vez en mi apartamento me he dado cuenta de que aquel ejercicio de terapia había salido mucho mejor de lo que pensaba.
Nazaré Lascano
Mil y una noches
Un total de 21.500 niños palestinos fueron asesinados en Gaza durante los últimos mil días de agresión militar israelí, según un informe divulgado por la organización humanitaria Save The Children.
La ONG reveló que el desplazamiento forzado afecta a más de 800.000 menores de edad, cifra equivalente a la población total de la ciudad italiana de Nápoles.
Hoy, el 80% de la infancia en la Franja carece de una vivienda digna tras la destrucción los daños a más de 370.000 hogares, un 77% de las unidades habitacionales.
Además, al menos 7.000 infantes sobreviven sin acompañamiento de adultos o separados de sus familias en los campos de refugiados instalados en precarias condiciones.
Resumen Latinoamericano, 04/07/2026Viñeta de Mauro Entrialgo
miércoles
Lo que no quiero ser
Si tengo suerte a menudo encuentro algo que me permite seguir siendo la huraña que no quiero ser.
Nazaré Lascano
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