Del laberinto al treinta
Apuntes inconexos sobre terremotos, mariposas,causas y azares.
domingo
sábado
Juegos de ciega II
Hubo casos extremos como el de un novio con el que convivió casi un año que nunca se enteró de que no podía verlo.
Podías verla en una cafetería tomar su taza y llevarla en equilibrio hasta la primera mesa libre, encontrártela esperando frente a un semáforo en rojo ayudando a cruzar la calle a una anciana, entrando en una librería y buscar un título en las estanterías, elegir las mejores naranjas en una frutería o maquillarse y vestirse frente a un espejo empañado combinando de manera exquisita formas y colores
Nazaré Lascano
Teatro del azar (El piso)
Continuando con el teatro del azar, Tomás montó una obra en la que pretendía representar una obra que llevaba pensando desde hacía años y escribiendo de forma compulsiva en apenas diez días.
Contrató a tres actrices jóvenes, se aseguró de que no se conocieran, alquiló un piso en un bloque con muchos vecinos, y les dio un guion cerrado. Las tres mujeres debían interpretar durante las ocho horas de su jornada de trabajo y, para asegurarse, colocó cámaras en el piso en un acto seguramente ilegal e inmoral.
Apenas ensayaron porque iba en contra del propio espíritu de la obra, apenas unas indicaciones sobre sus personajes, la memorización de algunas marcas y el tono de los diálogos, después les hizo un contrato por obra y servicio de cuarenta horas semanales, les compró vestuario y llenó la casa de atrezo.
Sólo quedaban fuera del guion la interacción con los vecinos.
Nazaré Lascano
viernes
Más maridos
Le escribo porque yo también me acuerdo mucho de mi "marido" de los juegos de niños. Tengo una edad y en aquellos años todos los niños jugábamos en la calle y muchas veces los juegos eran imitar la vida de los mayores, recuerdo que hacíamos bodas, construíamos casas y hacíamos un simulacro de vida en matrimonio en el que las niñas aún nos dedicábamos a barrer los pisos y hacer la comida con barro húmedo y trocitos de ladrillos.
No sé por qué pero me ha removido la historia del "marido" , yo también lo sentía como algo mío y años después cuando lo encontraba por la calle me sonrojaba y cuando sabía de su vida de adulto sentía una mezcla de celos y curiosidad.
La suerte quiso que mucho tiempo después lo encontrara en un bar de copas tras una cena de empresa, hablamos y él no me reconoció, pero al cabo de un rato le expliqué quién era, se alegró mucho de verme y me sorprendió cómo se acordaba de cada detalle de nuestro matrimonio.
No pasó nada entre nosotros, pero estuvimos hablando como viejos amantes hasta el final de la noche.
R.S.V.
Correo de Isabella
Ciao Roberto.
Siguiendo tus consejos cada uno de los alumnos llevó a clase una fotografía hecha en las calles de Roma. Después las pusimos en común, dialogamos y votamos. No me extenderé pero te diré que finalmente fue un caos y hasta se inició un debate sobre las lagunas de la democracia. Acabamos sorteando la imagen y salió la que te envío, sin duda los dioses han acertado porque a pesar de su sencillez está llena de posibilidades y matices. ¿Qué te parece? Cuando tenga los textos te los envío si te parece bien.
La autora es una alumna nueva Livia Alessandro, que ha tenido que ponerse al día con tus textos y que ya me ha hecho preguntas muy interesantes sobre Nazaré Lascano.
Hasta pronto.Isabella
jueves
Noche de bodas
Nunca he olvidado a mi pareja infantil del juego de las bodas. Durante años lo llamé "mi marido" y cuando me hice mayor empecé a recordarlo de forma recurrente y fantaseé con tener una noche de bodas con él.
Sé algunas cosas de su vida, pasó unos años de aprendiz en varios talleres de electricidad y de automóviles, después estuvo en el ejército y finalmente se instaló por su cuenta, tuvo un par de novias hasta que a una de ellas la embarazó, y se casó, y tiene dos hijas.
Vive cerca del barrio y hace muchos años que no lo veo, sé que no tengo nada en común con él, que seguramente ni siquiera me gusta, pero si tuviera la oportunidad tendría esa noche de bodas sin dudarlo.
Nazaré Lascano
Coches de choque
Nos encantaba vestirnos con ropa chillona y buscar verbenas o ferias de barrio. Teníamos un calendario que ocupaba todo el verano y que repasábamos relamiéndonos.
Viajábamos en metro o en autobús. Paseábamos desde primer ahora de la tarde por recintos polvorientos, con las atracciones a medio abrir, mezcladas con los primeros feriantes y con grupos ruidosos de quinceañeros.
Al final de la tarde, cuando estábamos hartas la una de la otra, Lupe y yo subíamos a los coches de choque con cualquier desconocido.
Nazaré Lascano
miércoles
Manchas de humedad
Algunas tenían aspecto de cara humana, otras de mapas de islas, de pistolas o de animales fabulosos, pero nunca han faltado las que tenían la forma exacta de la huella de un zapato masculino.
Nazaré Lascano
Pequeñas y bonitas
Un vecino de los que vivían el lo que llamábamos los bloques nos descubrió a Lupe y a mí robando en el súper. Lo llevábamos haciendo desde hacía semanas, robábamos pastelitos, latitas de refrescos orientales, algún perfume y laca de uñas.
Siempre cositas pequeñas y bonitas.
El vecino nos parecía horrible, era alto, desgarbado, con pelo grasiento y sólo compraba barras de pan. Nosotras evitábamos la panadería, pero él se las apañaba para seguirnos.
Yo, que siempre miraba hacia los lados antes de coger cualquier cosa, choqué con su mirada varias veces. Y me hacía sentir una sacudida muy dentro que no sé si me gustaba o me aterrorizaba o las dos cosas a la vez. Lupe no miraba nunca, llegaba, tomaba entre sus dedos el frasquito, el bolígrafo o la cajita de cerillas que desaparecían entre su ropa sin pasar por la mirada del viejo de los bloques.
Nunca nos dijo nada. A veces lo encontrábamos a la salida y se acercaba mucho a nosotras como si tuviera intención de decirnos lo que había visto, pero al final se daba la vuelta sonrojado.
Deseé la muerte de aquel tipo y me sentí entre aliviada y avergonzada cuando, años más tarde, alguien me dijo que lo encontraron muerto y solo, entre decenas de barras de pan duro, sentado en la cocina de su casa.
Nazaré Lascano
martes
Las viejas confiadas
Tardé en saber que Jorge y Amparo se divertían robando a las viejas. El mecanismo era simple se aprovechaban de la confianza que daba una ciega para meter la mano en sus bolsos.
Me excitó la idea, sentí celos de aquellos robos, perdí toda mi empatía y sólo deseaba ser yo la ciega o el lazarillo cómplice que se aprovecha de la confianza.
Me dio rabia cuando me di cuenta que yo también era como esas viejas confiadas.
Nazaré Lascano
Vecino inofensivo
Estimada señorita Nazaré.
No le guardo rencor, y me explico. Soy vecino suyo, a veces me la encuentro cuando dejo el coche en el garaje, lo siento pero he investigado y ya sé cuál es su plaza con un número muy gracioso y sus horarios. A veces trato de coincidir. Como dato le diré que a menudo vuelve a casa con una planta de la mano y un bolso enorme y que a veces se vuelve hacia el coche para comprobar que las puertas todas, están cerradas.
No se preocupe ni llame a la policía, soy inofensivo, sólo me gusta verla caminar bajo la luz blanquísima de los fluorescentes, cuando apareces apago la radio, bajo un poco la ventanilla y sólo oigo el tac-tac-tac frenético del conmutador, o como se llame, de las luces.
Cuando se apagan ya no estás y yo espero un poco en mi coche y fumo un cigarro antes de subir a casa.
No se preocupe Nazaré, tengo esposa y una hija, entiendo a las mujeres y solo me gusta conocer o imaginar de cerca a quien leo con tanto gusto.
R. Vecino inofensivo
lunes
Larga noche de trabajo
En el apartamento de Amparo había baldosas que se movían, que hacían un ruido determinado, levemente diferente, único y reconocible. Esas baldosas, dos en el baño, tres en la cocina y otras cinco repartidas por el piso eran un mapa de situación, un código o un lenguaje que Amparo conocía y que no contaba a nadie.
Una noche me levanté a estudiar las baldosas, a repasar sus márgenes con las yemas de mis dedos, a analizar sus dibujos, y golpearlas con los nudillos para interpretar su musicalidad. Tenía una idea sencilla, pensaba que si entendía aquel lenguaje sabría por fin quién era Amparo y qué hacía junto a ella.
Por la mañana me acostaba en silencio a su lado como si volviera de una larga noche de trabajo con la sensación de haber hecho algo malo.
Nazaré Lascano
domingo
Sonntagmorgen
Quise inventar un género que se llamara "Domingo por la mañana", pensé que si tenía suerte algún crítico espabilado lo llamaría Sunday Morning, aunque a mí me gustaría que se dijera en alemán, Sonntagmorgen, porque es una sola palabra, y porque es más literario y provoca imágenes más inquietantes en mi memoria.
Ya he escrito algunos capítulos utilizando este sustrato, en todos hay espacio para la madrugada o el trasnoche, para los márgenes en definitiva que es donde un escritor y, más aún, una escritora deben vivir.
Los personajes del Sonntagmorgen están difusos, pero a la vez tienen esa limpieza, ese rostro y esa cabeza nueva del que, como Lázaro, inaugura un día, que vuelve a la vida, pero no es un día ni una vida cualquiera, es ese día infame y amorfo al que llamamos domingo.
A caballo entre la aventura fracasada del sábado noche lleno de promesas y el domingo vespertino repleto de amenazas, las mañanas de este último son un terreno perfecto para la desilusión tranquila, para el paseo o la vuelta autosuficiente a casa.
En mi regreso de hoy no he tropezado con ningún examante mentiroso, no he visto un atropello en mitad de una avenida ni me he arrepentido de nada. He vuelto andando, recién duchada, con la cabeza llena de palabras, pero sin prisa por ponerme a escribir.
Nazaré Lascano
sábado
No mandamos nosotros
Las primeras palabras predicen las que vienen después. Cada término elegido elimina cientos de posibilidades. Al llegar a la mitad, ya no mandamos nosotros, sino el texto.
Juan José Millás
martes
Las vísperas
A Darío Varona no le impresionaba ver a personas muertas, al fin y al cabo, pensaba, todos vamos a morir.
Sí le causaba angustia ver a hombres a punto de morir o, peor aún a hombres que acababan de matar porque uno nunca está preparado para la víspera de la nada.
Nazaré Lascano
lunes
Todas las islas
Desde pequeña sé que los lugares imaginarios no deben llevar ese nombre porque no se corresponde con la realidad.
Nazaré Lascano
Las cosas estúpidas
La primera noche que me quedé no encontraba nada, me sentía como una estúpida preguntándole todo a cada paso. "¿Dónde está el café? ¿No tienes azúcar? ¿Dónde hay cucharillas? ¿Cómo sale el agua caliente de la ducha? ¿No usas almohada?"
Amparo no se sentía molesta, me indicaba con amabilidad y con precisión dónde estaba lo que buscaba o me decía que no había o que no usaba con el mismo tono.
Las cosas funcionaban distintas en esa casa, y no porque Amparo fuera ciega sino porque era Amparo.
Nazaré Lascano
domingo
sábado
Una descarga sentimental
La atraviesas como se cruza una habitación en la que cada mueble ocupa su lugar, sin considerar que el techo pesa toneladas ni que las paredes se sostienen gracias a un pacto milagroso entre energías de diferente signo.
Si de pronto se oye un crujido, levantamos con susto la cabeza. También al leer levantamos la cabeza cuando el texto hace ruido.
Juan José Millás, Peleas invisibles, El País, 24/10/2026
viernes
jueves
Agua pasada
Mírense hacia dentro y verán, sin apenas esfuerzo, a ese molino moviéndose. Aún.
Terry Salgado
miércoles
Diálogo entre especies
Mi idea era sencilla, pero parecía que había fracasado por completo. Se trataba de juntar a los de las manzanas con los de las naranjas, abrir un diálogo entre especies, unir elementos que, de no ser por ese juego, habrían quedado separados para siempre en sus nichos ecológicos.
Pero la carencia de naranjas me hacía replantearme toda la estrategia. Pedí consejo a dos estudiantes sentadas en la primera fila, cada una de ellas con su manzana verde brillante sobre la carpeta de apuntes. Una estiró la cara en señal de asombro o desconfianza, pero la otra me propuso enrevesar aún más el juego.
Terry Salgado
Lo mismo
Con la excusa de averiguar detalles relacionados con la investigación sobre el homicidio de un varón de veinte años, con las iniciales J.L.S. Darío Varona hizo ir a la hermana de este, una mujer de veintiocho, a la comisaría, donde le hizo preguntas que no conducían a ningún lugar más allá del interés personal del comisario por estar junto a la chica.
Años después Darío Varona se avergüenza de actitudes como esta. Sabe que es una sensación ridícula, que es pasado, y que en realidad siente vergüenza porque no se arrepiente o porque, si pudiera, volvería a hacer lo mismo.
Nazaré Lascano
martes
Primeras declaraciones
Con el cuerpo ensangrentado aún en medio del salón, mientras esperaban al juez y con los agentes de la científica dando vueltas como en un tiovivo, el compañero de piso del hombre asesinado lo primero que le dijo al inspector Darío Varona fue "No me extraña nada lo que ha pasado, Ramón era un hipócrita".
Nazaré Lascano
La filiación
En septiembre de 2021, justo después de la pandemia, en la secretaría de la facultad me dieron una lista con los nombres de mis nuevos alumnos. El primer día de clase fui nombrando en voz alta sus nombres, uno a uno, y, a pesar de que el aula estaba llena, hasta el último "Zurita García, Andrea" nadie estaba presente.
Por suerte Zurita García, que se había matriculado por segunda vez en mi asignatura, le encontró una explicación a aquella anomalía "Terry, te han dado la lista del año pasado". Haciéndome el perplejo me fijé con detenimiento en los nombres y apellidos de aquel listado y efectivamente la mayoría me sonaban, aunque apenas les ponía cara quizás porque el curso anterior los vi de forma presencial unos pocos meses o más probablemente por mi despiste innato.
Traté de solucionar el problema acudiendo al secretario de alumnado, también hablé con dos administrativos y hasta con la secretaria del decano. Todos me dijeron que habría habido un error debido a un corta-pega y que la solución era sencilla, pero los días pasaron y yo seguía con mi lista caducada.
La situación era ridícula así que busqué una solución igual de absurda, les propuse a los alumnos que adoptasen cada uno el nombre de uno de sus compañeros del año anterior y que dijeran "presente" cuando oyeran ese nombre al pasar lista.
Sorprendentemente todos aceptaron el reto y se pasaron la hora de clase repartiéndose nombres y apellidos, algunos elegían los más sonoros y otros los más extraños, muchos cambiaron de género y sólo se quedaron con los vulgares los que llegaron tarde.
El día siguiente, cuando pasé lista, no faltó ni un solo alumno, todos contestaron divertidos y excitados cuando oían su nueva filiación y sólo Zurita García, Andrea respondió con tristeza "presente" al oír su verdadero nombre.
Terry Salgado
lunes
Piedras
EL DICCIONARIO DE LAS PIEDRAS
El diccionario de las piedras
sólo tiene una palabra,
y esa palabra es “piedra”.
Si alguien les pregunta,
“¿Qué tal estáis, piedras?”,
ellas responden a coro:
“¡piedra! “¡piedra!” “¡piedra!”.
Y si a una de ellas se le dice,
“Oye, piedra, ¿adónde vas?”,
Ella, con paciencia, responde:
“piedra”, “piedra-piedra-piedra”.
“¿Cómo se llama tu amiga?”.
Responde enseguida: “Piedra”.
“¿Cómo se llaman tus padres?”.
“Piedra”, “Piedra-Piedra”.
“¿Qué es lo que te gusta más?
“¿El sol? ¿La luna? ¿Las nubes?…
Dímelo por favor, piedra”.
Respuesta: “piedra, piedra”.
El diccionario de las piedras
sólo tiene una palabra,
y esa palabra es “piedra”.
HARRIAREN HIZTEGIA
Harriaren hiztegiak
hitz bakar bat du,
eta hitz hori da “harri”.
Esaten baldin badiozu,
zer moduz gaur, harri?
Berak erantzungo du:
harri! harri! harri!
Galdetuz gero berari,
aizu harri, nora zoaz?
Berak agian irribarrez:
harri, harri-harri-harri.
Zer izen du zure lagunak?
Berak segituan: Harri
Zein dira zure gurasoak?
Harri eta Harri-Harri.
Zer zaizu atseginago?
Eguzki, euri, laino?
Esaidazu arren, harri!
ha-rri, haaarri-harri.
Harriaren hiztegiak
hitz bakar bat du,
eta hitz hori da “harri”.
Bernardo Atxaga. El diccionario de las piedras (Harriaren hiztegia)

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