Tantear las paredes
La primera vez que pasé la noche en casa de Lorenzo no pude dormir por culpa del ruido del viento moviendo las hojas de los árboles.
Despierta en medio de la noche llegué a suponer que no había cristales en las ventanas.
¿Qué tipo de hombre no tiene cristales en su casa?
Es agotador escuchar todas las palabras que recita el viento, como un salmo eterno, silabeando entre las ramas.
Incapaz de conciliar el sueño retiré las sábanas, me levanté y, tanteando las paredes, busqué por entre los muros los vanos de las ventanas.
Después de varias vueltas no fui capaz, no supe, volver a la cama.
Nazaré Lascano
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