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miércoles
Regusto rancio
jueves
El extraordinario episodio
En clase de religión nunca llevaba la contraria de forma directa al cura que ejercía de profesor, pero, a cambio, sufría ataques repentinos de dislexia que ponían al cura y a la clase patas arriba.
Una mañana en la que teníamos que escribir una reflexión sobre el milagro de los panes y los peces, Lupe escribió una redacción maravillosa de tres folios sobre el extraordinario episodio bíblico de las paces y los penes.
Cuando lo leyó en voz alta todos deseamos ir a comprar una Biblia.
El cura la reprendió y, al acabar la clase, le pidió el texto para corregirlo en casa.
Nazaré Lascano
martes
Las chicas altas
Alguien en clase dijo que no le gustaban las chicas altas y, desde ese día, Lupe y yo empezamos a caminar de puntillas.
Nuestros movimientos eran nuevos, parecía que flotábamos o que navegábamos entre los pupitres y, además, veíamos a los compañeros un palmo por debajo.
Nos gustó tanto que de la clase pasamos a los pasillos, de allí al patio del instituto y del instituto a la calle sólo había un paso.
Estuvimos mucho tiempo andando de puntillas, sin darnos cuenta caminábamos más deprisa, tiesas como aves zancudas. Durante esas semanas vi gente que se reía, que nos llamaba idiotas o que nos tiraba piedras, pero Lupe y yo cada día estábamos más cómodas y sólo cuando entrábamos en casa recuperábamos nuestro antiguo estado natural.
Hasta que una mañana cualquiera Lupe llegó caminando con normalidad calzada con unas botas de montaña, fue la primera que se dio cuenta de que ya nadie miraba, ni insultaba, ni tiraba piedras.
Nazaré Lascano
viernes
La haitación de Barba Azul
Como en la casa de Barba Azul había en el sótano una habitación cerrada a la que teníamos prohibida la entrada. Siempre que recuerdo a Lorenzo recuerdo sus habitaciones cerradas.
Lupe y yo tratamos de no pensar en ese espacio porque sólo podía ser una trampa, quizás la razón de ser de todo aquello. Al principio la táctica fue no hablar de ello, pero descubrimos que de lo que no se habla se vuelve cada día más grande y cuando estaba apunto de estallar decidimos hablarlo sin tapujos.
Lupe fantaseó con un lugar blanco muy iluminado, con una cama grande en medio y un espejo cubriendo el techo. Si le preguntaba por qué blanco, por qué una cama en medio y por qué el espejo en el techo respondía "Cosas de Lorenzo, ya sabes".
Yo no sabía, pero pensaba en lo mismo que ella aunque no se lo decía.
Nazaré Lascano
jueves
Aquella tonta aventura
Según me contó Lupe, el Soca se dormía con facilidad en cualquier sitio y, con la misma facilidad, ella le despertaba sin piedad para preguntarle qué había soñado. Al parecer el Soca se avergonzaba de aquellos sueños tan recientes y mentía a Lupe inventándose historias truculentas que taparan la verdad y que ella no creía, pero que escuchaba entre divertida y excitada.
Por alguna razón, nacida de lo más íntimo de su feminidad, a Lupe le excitaban las imágenes borrosas que el Soca dibujaba en su cabeza y que expresaba en voz baja con su vocabulario monótono de profesor de instituto.
A mí no me excitaba nada que saliera de la imaginación del Soca, pero sí que lo hacía con cada escena contada y mejorada por Lupe, con las historias que ella montaba para mí y que le daban sentido pleno a aquella tonta aventura.
Nazaré Lascano
Desidia y olvido
Lupe y yo soñábamos con que el asunto del sótano acabase convertido en una feria que, como había ocurrido en otros casos morbosos y mediáticos, se instalasen cerca de nuestro escondite (en un radio razonable) una feria con atracciones infantiles, venta de souvenirs cutres, bares que sirvieran cervezas en vasos de plástico y puestos de hamburguesas y hot dogs.
Pero, a pesar de que toda la ciudad llevaba hablando meses de las pobres chicas del sótano y de que la prensa especuló con nuestra situación hasta el delirio, el día en que salimos por nuestro pie no hubo periodistas, ni ferias, ni cámaras de televisión, ni absolutamente nadie nos esperaba en la superficie.
El drama había durado tanto que la incertidumbre se convirtió en desidia popular y el tiempo en olvido.
Nazaré Lascano
Lupe y yo soñábamos con que el asunto del sótano acabase convertido en una feria que, como había ocurrido en otros casos morbosos y mediáticos, se instalasen cerca de nuestro escondite (en un radio razonable) una feria con atracciones infantiles, venta de souvenirs cutres, bares que sirvieran cervezas en vasos de plástico y puestos de hamburguesas y hot dogs.
sábado
Naranja, rojo, azul y amarillo dijon
El barrio, con sus bloques de pisos, sus árboles desmadejados, sus plazuelas concéntricas y callejas, con sus coches de colores aparcados de cualquier manera, los solares llenos de basura, las tapias agrietadas, las antenas en los tejados, las tiendas, los bares y los mercados.
En el barrio todo cambiaba según el día, la hora y las ventanas.
Desde las ventanas de mi casa era oscuro, laberíntico y azul metálico, desde las de Lupe era sucio, ancho y anaranjado, y desde el balcón de Dina era otro, desordenado, ruidoso y del color de los ladrillos rojos al caer la tarde.
Y otro distinto, vertical, soleado y amarillo dijon desde la terraza de las Monsalvo.
Nazaré Lascano
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lunes
La barriga
Durante el tiempo que duraban fiestas o celebraciones empalagosas e innecesarias, especialmente en cumpleaños o navidades, Lupe se colocaba en el abdomen y debajo de la ropa una mochilita redondeada rellena con un cojín que simulaba a la perfección una barriga de embarazada.
Las miradas y las conversaciones perdían pie inmediatamente y ya nadie pensaba en felicitar las pascuas o desear un buen año, nadie aludía a los deseos de felicidad o los recuerdos familiares, el punto sobre el que gravitaba todo era la barriga de Lupe y a partir de él se construía un relato fastuoso lleno de silencios, gestos entre la sorpresa, la pena y el asco, y palabras rebuscadas y desafortunadas que Lupe recibía con una sonrisa beatífica, sin decir nada, pero sin dejar de acariciarse la barriga.
Nazaré Lascano
martes
Lucia de Firenze
Ciao Nazaré.
Soy Lucia, de Firenze. Los últimos días me he dado un atracón con tus relatos. Mi profesor de español debe estar harto de mí porque le voy con muchas dudas. El pobre contesta a mis preguntas como puede. Es él el que me ha animado a escribirte y mandarlo a este correo.
Ahora no sé qué decirte, tengo preguntas sobre muchas cosas, ¿contarás todo lo que ocurrió en el sótano? ¿las mentiras que viviste con Jorge son verdad? Estoy subyugada con Lidia Bacchio y necesito conocer a fondo a Leire Mendoza.
¿Y Lupe? ¿alguien puede no amar a Lupe?
Hay demasiados hilos en este laberinto, estoy enredada y no me das soluciones, Nazaré.
Disculpa el atropello, esto parece una carta reproche. Cuenta lo que quieras, no lo que un loca llorona de veintidós años te suplica.
Yo también escribo constantemente, cuando no escribo leo y vuelta a empezar. Tengo también redes sociales, y también escribo para descontrolar un poco a quien me lee.
No te fíes de la foto, normalmente no soy tan trascendente.
Te escribo más otro día.
Lucia
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