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viernes
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Mi misión
Estoy muerto, pero sigo escribiendo, puedo sentarme ante el ordenador y teclear cómo me siento o cuál es mi estado.
Pronto no podré escribir o no sabré cuál es mi estado o ninguna de las dos cosas.
Soy, por tanto, un muerto reciente. O eso creo porque, como digo, aún puedo escribir.
No puedo ni quiero contar cómo lo hago, sé que puedo, que este estado de sosiego es ideal para abrir la mente, pero debo darme prisa porque el tiempo no existe y, aunque parezca una paradoja, no puedo arriesgarme.
Siento la cabeza clara, pero a la vez llena de arena, como si tuviera cinco años y estuviera en la playa. Siento que debo correr hacia la orilla y vaciar con mi cubo el agua del mar.
Es lo que siento desde que estoy muerto, arena en la cabeza y la certeza de que mi misión es vaciar, cubo a cubo, el agua del mar.
Si no hiciera tanto calor sería más fácil.
Si no tuviera cinco años de repente sería más fácil.
Si mamá no me llamara constantemente para que no me acerque a la orilla sería más fácil.
Ahora que estoy muerto y que aún no me embarga la inmensidad del mar.
Terry Salgado
martes
lunes
El cuento de las manchas de sangre
No quería escribir el típico cuento de misterio para listos, ni de terror psicológico, ni poner una página más en aquello del misterio del cuarto encerrado.
Tampoco quería que se reconociera a nadie, ni siquiera a mí misma, como si eso fuera posible.
Por último quería escribir una historia tan bien enlazada, tan creíble a pesar de los elementos fantásticos, que finalmente no lograba escribir nada.
Leí mucho a Cortázar y al final no hacía más que copiarle.Tenía que copiar a alguien menos bueno y, sobre todo, menos conocido.
Cuando terminé el cuento, una de sus versiones, estaba tan intranquila que llamé por teléfono a uno de los chicos que habían estado allí aquella noche. Fingió no conocerme, juró no recordar nada y ante mi insistencia me amenazó con llamar a alguien con el que seguro no querría encontrarme.
Ese alguien tiene el poder de que me flojeen las piernas y se me parta la voz.
Su imagen es la primera que viene a mi mente cuando tengo miedo, o estoy sola, o tengo miedo y estoy sola.
Aunque esté tan lejos.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
domingo
Estás avisado
“Si estás leyendo esto, el aviso va dirigido a ti. Cada palabra que leas de esta letra pequeña inútil, es un segundo menos de vida para ti.
¿No tienes otras cosas que hacer? ¿Tu vida esta tan vacía que no se te ocurre otra forma de pasar estos momentos? ¿o te impresiona tanto la autoridad que concedes crédito y respeto a todos los que dicen ostentarla? ¿lees todo lo que te dicen que leas? ¿Piensas todo lo que te dicen que pienses? ¿Compras todo lo que te dicen que necesitas?
Sal de tu casa, Busca a alguien del sexo opuesto. Basta ya de tantas compras y masturbaciones. Deja tu trabajo. Empieza a luchar. Demuestra que estas vivo. Si no reivindicas tu humanidad te convertirás en una estadística. Estas avisado…”
El Club de la Lucha, Fight Club,1999 de David Fincher
martes
Perdido
¿Por qué se pierde un escritor? ¿Qué sucede para que un novelista maravilloso se hunda para siempre en el silencio como quien se hunde en un pantano?
O algo aún peor, más inquietante: ¿a qué se debe el hecho de que un buen narrador comience de repente a redactar obras espantosas?
Rosa Montero, La loca de la casa
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