Todo estaba a favor para que aquella bandera hubiera sido un punto de referencia en el barrio, pero por alguna razón allí, en la esquina donde estaba situada la casa de Lucía Monsalvo, no corría el viento y la bandera jamás se desplegó del mástil.
Hasta el día de su muerte en que un viento cargado de humedad hizo ondear la bandera de forma orgullosa.
Cuando la mamá de Lucía se enteró la arrancó con sus manos.
Nazaré Lascano
No hay comentarios:
Publicar un comentario