Subtítulos
Llamó con fuerza al interfono, recuerdo que la noche anterior me había acostado muy tarde por una discusión eterna con Jorge. Recuerdo también que por no dormir con él me quedé en el salón viendo una película de los años cuarenta que pasaban por la tele y que, curiosamente, no he vuelto a recordar.
Cuando llamó yo seguía acurrucada en el sofá con la espalda doblada, entumecida y la lengua pastosa, doblada, entumecida.
Apenas me asustó si es que uno puede asustarse apenas. Me levanté tranquila, había olvidado a Jorge en medio de mis sueños en blanco y negro subtitulados y cuando abrí la puerta él ya estaba allí.
Si la primera impresión es la que cuenta, la de Carlos fue inmensa. Jamás había visto un repartidor que midiese dos metros, Me sonrió desde allá arriba.
— ¿Nazaret Lascano?
— Nazaré
— ¿Cómo?
— Es Nazaré con acento en la e.
Volvió a sonreír, miró su móvil y después volvió a mirarme.
— Disculpa, lo han escrito mal.
— No importa —le dije volviendo de golpe a la realidad, recordando que allí dentro seguía Jorge, que aquella sonrisa no me pertenecía y que una vez más la tilde se había interpuesto entre mí y la felicidad— estoy acostumbrada.
Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas
No hay comentarios:
Publicar un comentario