Lo pensé una noche de insomnio en la cama.
A las siete de la mañana me levanté dispuesta a llamarle y darle todas las réplicas ingeniosas que había apuntado durante la noche, pero después me puse a hacer la colada y en el momento en que la ropa empezó a dar vueltas en la lavadora lo olvidé todo.
Hasta hoy, que tampoco puedo dormir y después de darle mil vueltas a la cabeza me siento frente al ordenador a escribir más respuestas ingeniosas.
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