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sábado

Estar muerta

El auditorio se quedó un instante a oscuras, apenas fue un segundo, pero hizo que todos diéramos un respingo y que cambiáramos nuestro estado de ánimo. Pensé en aprovechar la circunstancia y decir algo propio, algo que me sacara de una conferencia encorsetada y de una tanda de preguntas y respuestas que no interesaban ni al que las hacía ni, desde luego, a mí que las respondía.

— Esto es lo mejor que me ha pasado hoy. Creo que mi próxima conferencia la daré a oscuras.

Por suerte entre el público había voces más ingeniosas que la mía.

— Podías probar también a escribir a oscuras.

Fantaseé con esa idea y recordé a mis ciegas, deseé hablarle al auditorio de ellas, pero temí que pensaran que toda la historia era una mierda de metáfora, así que pedí disculpas y volví a mi papel de escritora que escribe para vender. Era un papel cómodo y la comodidad es como estar muerto, no es emocionante, el tiempo no es importante y es siniestramente agradable.

Nazaré Lascano, Cuentos de parque Chas

domingo

La estación de los amores

"Patricia tenía que haber sido una de esas muchachas universitarias que se levantan temprano entre semana. Esas chicas que viven fuera de casa cuatro años y que cuando vuelven a su pueblo miran a sus amigas entre culpables y desvergonzadas.

[ … ] Si en la maraña de calles y colectivos que la llevaban hasta su facultad algún día se hubiera perdido, si algún martes hubiera llegado tarde, si, por ejemplo, hubiera perdido el 36 y subido al 37. Solo así hubiera tomado otro camino y quizás ahora sería una funcionaria de hacienda, una madre preocupada con dos hijos adolescentes y con un divorcio recién estrenado.

Hay otra Patricia viviendo en Buenos Aires a la que nadie ha empezado a olvidar. Otra mujer que acude a clases de baile con la esperanza de encontrar a alguien y que viaja en tren una vez al mes para alejarse de sí misma, como aquella otra Patricia que llegó hace años y que la espera en una estación que siempre llega."

La chica calló y me miró esperando algún comentario ingenioso, el auditorio me miraba sobrecogido tras una lectura estupenda. Los cuentos sobre muertas siempre funcionan. También las historias con trenes y estaciones.

Aguanté un silencio incómodo hasta que las respiraciones, las toses y los cuchicheos fueron espesando el ambiente.

Trataba de pensar, pero el cuento me pareció horrible, y sí, también me conmovió, pero fue solo por la lectura no por aquellas palabras cursis pegadas con cola de carpintero aguada, que colocaban pero no daban consistencia.

No tuve más remedio que ser cruel, aunque aquella chica fuera un encanto, que seguramente lo fuera.

— Gracias. Ahora entiendo por qué lo había olvidado.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

miércoles

Levantarse con los lectores

No está bien conocer a los lectores.


No está bien escribir frases ingeniosas sin ensayar en la primera página de un libro dedicado, junto a una firma ensayada.


No está bien responder a las cartas, mucho menos si son manuscritas, ni a los tweets, ni a ningún tipo de mensaje, sean o no declaraciones de amor.


No está bien responder a sus llamadas ni siquiera disimulando la voz.


No está bien quedar con ellos en una cafetería porque pensarán, en su complejo de lector, que están siendo carne de novela y actuarán como personajes sin alma, o lo que es peor, como personajes de cuento con final cerrado.


No está bien, por último, acostarse, ni aún menos levantarse, con los lectores sean del sexo que sean.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

viernes

Glutamato literario

En uno de sus cuentos encontré a un personaje simplón, poco llamativo, sin atractivo. Aquel personaje, sin embargo, debía tener algún ingrediente adictivo, una especie de glutamato literario que me hacía imposible dejarlo. Miré las páginas que tenía aquel relato, las pasé con cuidado para no leer de forma accidental algo que me desvelara la trama. En realidad no había trama que desvelar, el personaje deambulaba por el cuento como un parado deambula por las calles del centro de lunes a viernes.

Treinta y seis páginas. No estaba mal para no tener trama.

Volví atrás, busqué el punto y a parte en el que me había refugiado y continué leyendo con la curiosidad morbosa de saber dónde llevaría aquel camino entre algodones. Aquel personaje resultó ser un detective poco atractivo en medio de un caso que alguien le había encargado por medio de una carta y que había sido pagado generosamente para que encontrara a una mujer desaparecida. 

El detective simplón se definía a sí mismo como un hombre en el que se podía confiar e inició la investigación a pesar de no saber ni quién le había contratado ni a quién tenía que encontrar.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas

sábado

Libera a una escritora

Fantaseé muchos titulares de periódicos.

Poéticos: "Las escritoras mueren en agosto" 
Descriptivos: "Escritora argentina encontrada muerta en la habitación de su hotel"
Misteriosos: "Los falsos escritores desaparecen en Madrid" 
Crípticos: "Literatura y muerte en la habitación 711"

No era más que el alcohol en el que mi subconsciente nadó durante toda la noche.

En algo parecido a un sueño pude ver a la escritora hikikomori en su casita de Buenos Aires con una expresión de felicidad, avergonzada por alegrarse de mi muerte que era la suya y que la liberaba al fin.

Por la mañana vomité los titulares en la taza del váter. 

Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas


martes

Solo fue divertido

Siempre se me dio bien ser otra. Pudiera parecer, entonces, que hacer de doble de aquella escritora oculta sería fácil. 


No fue fácil, solo fue divertido.


Nazaré Lascano, Cuentos de Parque Chas