jueves

El mantel

Ahora recuerdo, porque quizás mi memoria lo quiso ocultar hasta este momento, que los manteles que cubrían la mesa del comedor cuando almorzaba con ellas tenían unas manchas perfectas que sacudían la belleza impoluta de aquella casa de una manera trágica.

Yo hacía como si no existían, pero mi vista tropezaba con aquellos islotes resecos cada vez que trataba de alcanzar el pan o cuando quería tomar mi copa o pedir el juego de vinajeras.

Lo peor llegaba a los brindis, en esos momentos el ceremonial se venía abajo por culpa de aquellas manchitas que salpicaban la superficie espléndidamente lisa y blanca del mantel de hilo. 

Y nadie más que yo parecía verlo o darle importancia.

Nazaré Lascano

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