viernes

Alguien misterioso

Aunque lo parecía nunca fui una niña buena. En algunas ocasiones me hacía pasar por otra, de vez en cuando me moría de envidia, casi siempre mentía y alguna vez robaba.

Recuerdo cómo cuando tenía dieciséis años le quité a mamá un anillo de oro con una piedrecita verde a la que ella llamaba esmeralda. Siempre me gustó ese anillo, era muy pequeñito y mamá se lo ponía los días de fiesta en el dedo meñique. 

Le oí contar cientos de veces cómo alguien, un admirador misterioso, se lo regaló cuando era muy joven y, por alguna razón, a mí me daba mucha rabia escuchar aquella historia.

Un día de diario en el que no había nadie en casa saqué el anillo del joyero y me lo llevé. Al día siguiente mi madre ya lo echó de menos, sospechó de todos, también de mí y, al verme acorralada, lo llevé al instituto entre mi ropa interior y se lo regalé a un compañero.

Durante todo el curso ese chico del que no recuerdo su nombre creyó que éramos novios.

Mamá nunca recuperó el anillo y jamás volvió a contar la historia del admirador misterioso.

Nazaré Lascano


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