Bebíamos. Desde ese día los esperaba en el salón y bebíamos juntos.
Me acostumbré a pasar por el supermercado a la salida del trabajo y comprar una botella. Al principio no sabía qué comprar y me fijaba en las más bonitas. De esa manera me aficioné al vodka que viene embotellado de forma bellísima.
Después sentí vergüenza porque los chicos del súper se dieran cuenta de que era una borracha y que me llamaran "la del vodka" y compré otras bebidas, siguiendo el mismo plan me llevé whisky y hasta una botella de coñac de aspecto imponente. Esta sí fue todo un descubrimiento y Amparo quedó encantada.
"Una ciega sólo debería tomar coñac"
Nazaré Lascano
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