jueves

Deliciosas mañanas

Según la bebida de la noche anterior así era el resultado del aspecto de Amparo por la mañana. 

Si había bebido coñac tenía el aspecto de rotunda madona italiana, tumbada en la cama, con sus piernas formando una letra inventada del abecedario, su cabeza hundida en la almohada, sus orejitas enrojecidas y sus cabellos perfectamente alborotados sobre su espalda. 

Si la resaca era de vodka, su rostro apenas estaba congestionado, su tono era más pálido, casi azulado, en especial sus labios, que perdían carnalidad y ganaban una agudeza de heroína perversa en blanco y negro. 

El champán era peor, la dejaba hecha un ovillo en cualquier esquina de la casa, un rebujo feliz de carne sonrosada y pelo pegado a las mejillas, también rojizas, brillantes como una manzana.

Nazaré Lascano

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