viernes

Vulgarizado

Darío Varona desapareció como un fantasma entre la luz blanca de mi cuarto de baño. 

Me inquietaba que estuviera allí dentro, en un espacio donde yo me bañaba, y usaba el váter.

También me pregunté si se sentaría en la taza o haría pis de pie, o si se reflejaría en mi espejo donde yo me había reflejado en situaciones íntimas y donde seguro seguía mi imagen desnuda escondida en algún resquicio mirando con curiosidad la intimidad de un inspector vulgarizado en mi cuarto de baño.

¿Dejaría la pistola en el mueble del lavabo mientras usaba el váter o la sujetaría con una mano mientras orinaba?

¿Se lavaría las manos y se secaría con mi toalla? ¿Miraría en el armario?

Me habría quedado en estos pensamientos hasta que Darío saliera del baño si no hubiera tenido que darme prisa en hacer algo con el registro de delincuentes que había puesto en mis manos sin saber que, en esas circunstancias, soy capaz de cualquier cosa.

Nazaré Lascano

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