Uno de los juegos que más gustaba en el barrio era el de la goma.
Se jugaba cuando comenzaba a hacer frío y consistía en que dos chicos, frente a frente, debían agarrar, cada uno, un extremo de una goma elástica y estirarla todo lo que les fuera posible.
El primero que no aguantaba y soltaba su extremo perdía, aunque era el ganador quien se llevaba el golpe en los dedos.
No he visto juego más honorable en el mundo.
Nazaré Lascano
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