lunes

De lunes a viernes

Por las mañanas, cuando caminaba hacia el instituto, podía ver cómo de las ventanas de los apartamentos de los edificios nuevos del barrio salían sábanas blancas que ondeaban al aire como banderas, sujetadas todas ellas por manos de mujeres.

¿Cuántas podrían ser? ¿Diez? ¿Quince? ¿Veinte sábanas? Ocurría durante todo el curso, de lunes a viernes, como un baile de animales fabulosos. 

Otra chica más sensible quizás hubiera imaginado mariposas blancas saliendo de la crisálida, pero en esos años yo aún creía en las revoluciones e imaginaba detrás de esas ventanas a mujeres aireando el aroma de una noche de sexo y haciendo desaparecer el olor de sus amantes, antes de que su marido, jugador, policía, bebedor o periodista, apareciese por la puerta a primera hora de la mañana.

Yo, que por entonces era una romántica, veía el futuro perfecto entre las sábanas de esas mujeres.

Nazaré Lascano

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