sábado

Propósitos

¿Era posible que el bosque de pelos duros como alambres sobre el labio superior de Saúl fuera una prueba creíble con la que acusarle de ser el hombre que entró en casa de la viuda Terroni? 

¿Bastaría con esto para pensar que era un asesino?

No lo sé, pero ese era mi propósito y esa era mi misión, que debía cumplir con un sentido del deber que hacía años que no sentía en el estómago.


Corría muchos peligros con aquel encargo policial, el menor era que me descubriera, porque siempre podía pasar por una loca y mi imagen en la oficina no debía estar muy lejana. 

El mayor peligro era que Saúl confundiera mis propósitos y pensara que en realidad me interesaba ese cepillo recortado con forma de corchete, que creyera, en definitiva, que en vez de querer meterle en la cárcel quería meterlo en mi cama.


Nazaré Lascano

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