jueves

Estrellas

El primer hotel al que me llevó Lorenzo tenía tres estrellas en la puerta, una lámpara enorme en el recibidor con la forma del sol de la bandera argentina y, en el cuarto de baño unos botecitos dorados con champú, acondicionador y gel con un aroma intenso a frutos del bosque.

La recepcionista era una señora mayor que no hizo ningún comentario al ver mi edad en el carné. Vestía una camisa color tostado que parecía que formaba parte de su piel y una sonrisa blanquísima que no se sabía si era suya o venía con el uniforme.

A la mañana siguiente, muy temprano, volví a casa y me crucé con mamá en la cocina, me acerqué a darle un beso y se quedó con la cara tan blanca como la dentadura de la recepcionista.

— ¿Ocurre algo?
— ¿Pasaste la noche en el hotel de la lámpara con forma de sol?

Me quedé paralizada, sin saber qué responder.

— ¿Cómo sabes eso? ¿Quién te lo dijo?
— El lobo.

No sé porqué al oírle mencionar al lobo me puse colorada.

— ¿Qué dices? ¿Qué lobo?
— El que huele a frutos del bosque.

Nazaré Lascano


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