Teoría de la obra
Para ser perfecta, la idea de tirar el escenario en cada representación sólo podía tener lugar en lo teórico, por eso cuando se planteó la posibilidad de hacerla real Tomás tuvo un problema de conciencia.
Enseguida cayó en la idea simplista de que no podía dejar escapar una ocasión como esa y se decidió a montar la obra como si fuera algo posible e irremediable.
Pero la obra, herida desde el primer momento por el juego de palabras (obra como trabajo de construcción y obra teatral) supuso un reto de montaje más que de ideas, y aunque era todo un acontecimiento el hecho de derribar el escenario en cada función, es decir, el polvo acumulado en el patio de butacas fue más trascendente que una trama en la que había que esforzarse por darle un sentido a aquella proeza mecánica.
Las dos primeras funciones fueron un éxito, la primera por la novedad, la segunda porque nadie esperaba que aquello tuviera sentido más allá de la propia novedad. Sin embargo el escenario reconstruido a toda prisa durante la madrugada tenía un cariz, quizás una personalidad aún más teatral en esa segunda representación y el éxito fue descomunal.
Tomás estaba entre entusiasmado y defraudado, porque sabía que aquello sólo tenía que haber triunfado en lo teórico, como las grandes ideas económicas, y el hecho de que resultara factible en la puesta en escena le descolocaba y en cierto modo suponía un fracaso.
Tenía que hacer lo posible porque aquella maquinaria parara, pero no le fue fácil.
Nazaré Lascano
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