Amparo tenía un mapa de carretera tatuado en la piel.
Cualquiera de sus amantes podía seguirlo y encontrar a lo largo de su cuerpo autopistas sin peaje, nacionales transitadas con curvas peraltadas, rotondas engañosas y olvidadas vías comarcales.
Si le preguntabas decía que sólo era un plano para conductores noveles, una guía que alguien a quien no recordaba le dibujó hace años para poder encontrar, sin perderse, el camino de vuelta a casa.
Más de una vez le pregunté a Jorge por los detalles del plano de carreteras de la ciega, pero siempre se hizo el despistado. Hasta que una noche que habíamos bebido demasiado lo sorprendí marcando con su dedo índice una ruta nueva que recorría todo mi cuerpo dando tantas vueltas que olvidó su propósito y su destino.
Nazaré Lascano
No hay comentarios:
Publicar un comentario