lunes

El lunes siguiente

El siguiente lunes entré en la oficina como el que entra en una biblioteca esperando que el libro con el que lleva fantaseando todo el fin de semana siga allí.

El libro era Saúl Álvarez y el capítulo en el que deseaba pararme era su bigote.

Ya estaba allí, sentado detrás de su mesa, frente a su ordenador, con un vaso de café en una esquina.

Nunca lo hago, pero es lunes dejé mi abrigo en el perchero porque me permitía pasar unos instantes en un lugar desde el que poder fijarme en Saúl.

Miré, con mi mano derecha aún sujetando el cuello del abrigo, con mis ojos disimulando entre el puesto de Saúl y el infinito. No se movía, parecía parte del mobiliario, quizás todos parecíamos parte del mobiliario.

Alguien tocó mi brazo.

—  ¿Todo bien, cariño?

Me fascina la gente que es capaz de transmitir afecto. Eugenia, era mi favorita entre todos los compañeros de la oficina, le sonreí.

—  Todo bien ¿Qué tal tu finde?

—  Llovió y salimos a la calle para que los críos se mojaran.

Me imaginé una escena de película americana en tecnicolor con Eugenia regando a sus dos niños con una regadera enorme de color verde. Lo imaginé de forma tan clara que no supe qué decirle.

—  No sé qué decirte.

—  Es normal, el próximo día que llueva sal a la calle a mojarte con nosotras.

Sonreí de nuevo y volví la mirada hacia la mesa de Saúl que ya no estaba en su sitio.

Nazaré Lascano

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