lunes

A punto de cerrar

Al viejo de Lucía Monsalvo no le engañaron, ni le asaltaron en la calle para robarle. 

El viejo de Lucía sólo tuvo mala suerte cuando uno de los compañeros de timba, un portugués que exportaba café al que llamaban el roble, barajó un número impar de veces el mazo de cartas, y en una de esos movimiento mezcló de forma irremediable la sota de espadas con el as de bastos, el dos de copas con el caballo de oros y tres naipes más de valor muy bajo cambiaron de lugar en el último momento. 

Cuando el viejo de Lucía Monsalvo cortó el mazo la suerte ya estaba echada.

No está bien confiar el azar de una partida de cartas a un portugués con las manos acostumbradas a separar billetes y el destino de la fatalidad en los genes. Ese día, el viejo de Lucía lo perdió todo, pero el roble se encontró con su destino en un burdel a punto de cerrar, a las cuatro de la mañana.

Nazaré Lascano

No hay comentarios: