Por las mañanas, cuando me levantaba para ir a trabajar. tenía que recoger el vómito que salpicaba el váter, la bañera o cualquier esquina de la casa. Entonces me veía a mí misma como una chica de servicio, una criadita paleta, la Cenicienta real que se quedó a servir a su hermanastra casada con el príncipe.
En eso pensaba mientras fregaba a toda prisa las vomitonas que olían alcohol.
Después echaba un vistazo, como si fuera una madre cuidadosa, y los veía dormir con ansia, a veces abrazados y otras cada uno en una punta del apartamento.
Nazaré Lascano
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