Algunas de esas mujeres se comunicaban entre sí con mensajes, moviendo las sábanas en un lenguaje que sólo ellas conocían.
Aquel idioma secreto tenía una gramática en la que no sólo eran importantes los movimientos y las formas que adoptara la sábana, sino que olores, arrugas y manchas podían marcar una diferencia de matiz que cambiara por completo el sentido de la frase.
Nazaré Lascano
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