Me sorprendió que llevara agujereada la ropa interior. Pensé como una tonta que aquello era un golpe de imperfección en medio de una habitación de hotel de 1000 dólares la noche.
No dio explicaciones, no recurrió a hablar del interior o de lo importante, ni siquiera hizo bromas con aquello. Tampoco se avergonzó.
— Es así Naza, llevo estos calzoncillos desde hace tiempo y la goma se va desgastando.
Recuerdo que yo estaba descalza y que la moqueta me hacía cosquillas en la planta de los pies, que miré hacia abajo para poder pensar qué decir y vi que mis uñas estaban mal cortadas, como si alguien me las hubiera mordisqueado.
— Yo tengo unas braguitas igual.
— Pero seguro que no te las pones para salir de casa.
Salté a la cama y oculté mis pies bajo bajo las sábanas.
— No, si he quedado contigo.
Lorenzo subió también a la cama, las uñas de sus pies estaban perfectamente cortadas.
Nazaré Lascano
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