sábado

Las piezas del relato

Jorge apareció en casa de madrugada con la cara hinchada, en parte porque le habían golpeado y en parte porque había estado llorando durante mucho rato.

No lo oí llegar, pero desperté cuando tocó mi espalda con delicadeza y me llamó en susurros. Le vi a contraluz y me pareció otra persona, después al verle demacrado y golpeado volvió a parecerme él.

Me explicó, con tono de quinceañera, que había perdido a Amparo en medio de la noche, en un tugurio oscuro lleno de gente, donde ella siempre se empeña en ir y donde en un descuido despareció entre la multitud.

Mis preguntas de recién despertada fueron lo poco coherentes y lo mucho vulgares que se esperaba de mí. Sus respuestas fueron de niño pequeño.

No sabía quién ni dónde le habían pegado, aunque debió de ser por preguntar por Amparo de forma poco educada, o quizás fue en otro momento, Jorge no conseguía juntar las piezas del relato.

Sólo estaba seguro de que se había pasado mucho tiempo llorando, dos horas decía, sujetándome la mano, sentado en el umbral del portal.

Tampoco eso estaba claro, si hacía dos horas que había estado sentado hubiera visto a Amparo salir de nuestro apartamento.

Nazaré Lascano


No hay comentarios: