jueves

Enrique se sumerge en la ocasión

Enrique ve a una mujer sola, sentada frente al velador de una terraza, con un vaso de cerveza al alcance de su mano y otro enfrente junto a una silla vacía y separada unos centímetros de la mesa.

Enrique toma la ocasión que se le ofrece, amplia y limpia, y se sienta enfrente de la mujer. Ambos se miran con una expresión que está entre la sorpresa, la risa que provoca lo absurdo y la incredulidad. La mujer es mayor, quizás más que la pupila, pero tiene los ojos más vivarachos y el gesto más decidido.

—  ¿Te conozco?

La pregunta ha sido perfecta, Enrique sabe que tiene todo un abanico de respuestas y que si elige la correcta puede llevar aquel encuentro aun buen puerto.

—  Tú a mí no, pero yo a ti sí.

La mujer duda, su gesto se vuelve menos seguro, tiene el pelo corto, pero hace el gesto de quitárselo de la frente, sonríe desconcertada.

—  No caigo, la verdad.
—  ¿Estás con Jorge?
—  ¿Jorge?

Enrique señala la cerveza sin empezar y la mujer mira hacia los lados.

—  ¿Jorge? No, no, estoy con Luis, ha ido a poner el ticket al coche.

Enrique sonríe, toma el vaso con la mano derecha y le da un trago largo. Le parece que está a la temperatura perfecta. La mujer se mueve inquieta en su silla.

—  ¿Conoces a Luis?
—  ¿Luis es tu marido?

La mujer se queda mirando a Enrique tratando de averiguar qué está pasando.

—  Sí, es mi marido.
—  Me parecía.
—  Perdona, pero es que no sé de qué nos conocemos.

Enrique le da otro trago igual de largo a la cerveza de Luis. Cuando termina deja un billete de diez en la mesa y se levanta.

—  Dile a Luis que yo invito. él ya sabe.
—  ¿Quién le digo que eres?

Enrique ya se ha levantado, tiende la mano a al mujer y esta se la estrecha con firmeza.

—  Enrique ¿Y tú?
—  Isabel.
—  Nos veremos pronto Isabel.

Nazaré Lascano

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