Me di cuenta de que Saúl no tenía pinta de haber matado a nadie, si acaso tenía aspecto de un cura de parroquia del centro, de mirada acuosa y afilada con las feligresas que se sientan en las últimas filas y por las que vendería su fe, si la tuviera, por oír de cerca sus confesiones.
A falta de feligresas me tenía a mí y no tardó en aprovechar su ocasión.
Nazaré Lascano
No hay comentarios:
Publicar un comentario