Darío Varona recogió en un sobre de papel los restos de café contaminado con los cristales y en una bolsita de plástico las seis monedas que cuenta de una en una.
Después, como si alguien se lo ordenara, volvió al dormitorio y se fijó en los libros acumulados sobre el hueco de escayola que se abría sobre el cabecero de la cama. Darío tuvo que poner, tímidamente, una rodilla sobre el edredón para poder alcanzar el primer libro.
Lo abrió sin fijarse en el título y vio que, como punto de lectura, había una foto recortada de la mujer desaparecida a la que alguien le había pintado cuernos y alas con bolígrafo rojo.
Nazaré Lascano
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