Cerca de mi casa hay un parque, en el parque una vereda de tierra batida por donde la gente corre a diario.
Yo los veo desde mi ventana o me los encuentro cuando salgo a la calle, a veces en el propio parque donde paseo o estoy sentada en un banco, leyendo, o mirando.
Me da vergüenza, me da una sensación de injusticia que ellos, hombres y mujeres, viejos y jóvenes, vestidos de corto, con mallas o con chándal, estén haciendo un esfuerzo enorme, estén sofocados, cansados, asfixiados mientras yo los miro (o no) descansada desde mi banquito de madera.
Podría solucionarlo saliendo yo también a correr, o marchándome de allí, o evitando de alguna manera que corran, pero no hago nada, sólo a veces me levanto y les aplaudo.
Ninguno de los que me ven entienden nada, si acaso les debo de dar vergüenza o una sensación de injusticia por pasar, cuerdos y sanos, delante de la loca del banco.
Estamos empatados.
Nazaré Lascano
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