martes

Merecer

Con dieciséis años mi vieja me compró un abrigo precioso, negro, entallado. Aún lo tengo. 

Era perfecto y yo pensaba que con un abrigo así sólo podían pasarme cosas buenas, pero el día que lo iba a estrenar me entró miedo. Miedo de no saber actuar, de no estar preparada, de desperdiciar ese porvenir mágico, de no acertar con el día o la hora.

Así que no me lo ponía. Mamá se extrañaba "¿No te pones el abrigo?" "Hoy podías estrenarlo" y yo daba excusas estúpidas, pero muy razonadas, hasta que dejó de preguntarme.

Mientras tanto seguía usando mi viejo plumas, mi cazadora de cuero gastada o mis impermeables de colores, todo lo que hiciera falta para no usar ese abrigo que prometía episodios tan importantes que yo temía malgastar, o no merecer.

Nazaré Lascano

No hay comentarios: