jueves

Dar la vuelta

Una falta de ortografía demasiado grosera era tan llamativa y ponía tan en alerta como cualquier inspector pudiera ponerse al descubrir una macha de sangre en una cortina o un casquillo de bala debajo de un sillón. Pero una pequeña falta, casi una errata era mucho más importante porque en ese resquicio, en esa prueba tan sutil que, posiblemente, hubiera pasado desapercibida para el criminal, estaba la clave para la conclusión del caso.

Sólo había, como ocurre con los crucigramas o lo jeroglíficos de las revistas de pasatiempos, que darle la vuelta y leer la solución.

Nazaré Lascano

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